Francia: vejaciones e “indiferencia policiaca”

PARÍS.- En Francia las numerosas asociaciones feministas del país se movilizan con cada vez más fuerza y eficiencia contra el hostigamiento sexual del cual son objeto las mujeres en el trabajo, la calle, los lugares públicos; en todos lados.

Sin embargo, su gran combate es ahora contra la violencia machista y los feminicidios. En la mayoría de los casos estos crímenes se dan en el seno mismo de la pareja.

Las estadísticas hablan por sí solas:

Cada año, según datos oficiales, en promedio 220 mil mujeres son víctimas de violencia física, sexual o psicológica por parte de su pareja o expareja; cada tres días muere una mujer a manos de su pareja o expareja. 

En 2018 se registraron 120 feminicidios en Francia; en noviembre pasado ya iban 137 casos.

Francia figura entre los países europeos con mayor índice de feminicidios conyugales. Según las cifras manejadas por la Dirección General de Informaciones Estadísticas de la Unión Europea (Eurostat), en 2017 el índice de ese tipo de delitos en Francia superó al de Suiza (0.13 por cada 100 mil mujeres), el de Italia (0.11) y al de España (0.12), aunque resultó inferior al de Alemania (0.23).

En 2018, 31.8% de los feminicidios fueron perpetrados con armas de fuego y 31.3% con armas blancas, mientras que 7% de los agresores mataron a su pareja a golpes. En 29.5% de los casos los hombres estaban alcoholizados y en 12.1% habían consumido drogas.

Ese año, 23% de las víctimas tenían entre 40 y 49 años; en 83.2% de los casos el crimen fue perpetrado en el domicilio de la pareja, de la víctima o del asesino.

La Cumbre de París 

Un equipo de periodistas de investigación del vespertino Le Monde analizó los expedientes judiciales de los 120 feminicidios cometidos en 2018 y constató que una de cada tres víctimas había presentado una denuncia por golpes y violencia en una delegación policiaca, aunque no recibieron asistencia.

Todas las asociaciones de defensa de las mujeres critican la “falta de atención o de tacto”, la “apatía”, la “indiferencia” de los policías ante los cuales presentan sus denuncias.

Ante semejante situación, pero sobre todo por la presión creciente de las asociaciones feministas y de la opinión pública, el gobierno de Edouard Philippe convocó a una cumbre sobre violencia doméstica que duró casi tres meses –del 3 de septiembre al 25 de noviembre– a la que asistieron ministros, secretarios de Estado, asociaciones feministas y un amplio abanico de expertos de toda índole –juristas, psicólogos, médicos. 

El encuentro se llevó a cabo en París, aunque de manera simultánea se organizaron 90 asambleas de reflexión, así como debates sobre el mismo tema en toda Francia.

Ese trabajo colectivo desembocó en una serie de medidas gubernamentales. Se decidió otorgar más personal y recursos económicos a la asistencia telefónica de emergencia exclusivamente dedicada a las mujeres víctimas de violencia. 

Los equipos de terapeutas del número 3919 se turnan ahora los siete días de la semana, las 24 horas del día, para atender a las mujeres en peligro. Hoy, por ejemplo, se reciben 600 llamadas diarias en promedio, cuando en los meses anteriores eran sólo 350.

Las delegaciones policiacas están en la mira del gobierno, que lanzó una auditoría a 400 de ellas con el propósito de analizar las fallas en la asistencia a las víctimas de violencia. Se prevé asimismo capacitar a los policías para que sean más sensibles a esa problemática; también se crearán más puestos de mediadores sociales en estas mismas delegaciones para humanizar el trato a las víctimas y asesorarlas en sus trámites con la justicia.

A nivel jurídico se creó una nueva circunstancia agravante para los autores de actos violentos que conducen al suicidio o a un intento de suicidio de sus víctimas y se incluirá además en la ley el concepto de “control psicológico”.

El primer ministro Edouard Philippe busca también flexibilizar las reglas que rigen la confidencialidad médica para permitir que los médicos señalen a las autoridades policiacas y judiciales casos en los que la vida de la persona corre riesgo.

Las autoridades analizan la posibilidad de que las mujeres maltratadas denuncien a sus victimarios en una instancia específica, de ser posible ubicada en el hospital en el que sean atendidas después de la agresión.

Asimismo, en la cumbre se decidió suspender o modificar la autoridad paternal al hombre que sea acusado de violencia conyugal por lo menos durante la investigación del caso o suspendérsela en caso de feminicidio.

La experiencia de Arras

La creación de albergues para atender de manera muy profesional a los hombres violentos es sin duda una de las iniciativas más novedosas de Edouard Philippe. El primer ministro se inspiró en una experiencia exitosa que se lleva a cabo desde hace 11 años en la Ciudad de Arras, al norte de Francia.

En 2008 las autoridades municipales y judiciales de la ciudad, junto con asociaciones civiles, juntaron esfuerzos y crearon un albergue para hombres violentos que por decisión del juez tenían la obligación de mantenerse alejados del domicilio conyugal.

En la mayoría de los casos los maltratadores tuvieron que elegir entre la cárcel o el albergue. Por supuesto, los autores de feminicidios no pueden beneficiarse de esa posibilidad.

Quienes optan por la segunda solución pagan una suma módica para vivir en ese lugar espartano donde comparten una habitación con otros dos hombres que, como ellos, fueron apartados de su casa por decisión judicial. 

Durante el día la mayoría de los “huéspedes” deben cumplir sus obligaciones laborales; de regreso al albergue y durante los fines de semana realizan las tareas domésticas que implican la buena marcha de un “hogar”: limpiar la casa, lavar y planchar su ropa personal y la de la familia, ir de compras al supermercado, guisar, lavar platos…

Eso permite a muchos maltratadores conocer el trabajo doméstico que hacen sus parejas todos los días.

Pero eso no es todo. Deben también asistir a densas sesiones de terapia individual y colectiva para enfrentar su propia violencia. Es un trabajo arduo, ya que al llegar al albergue los hombres violentos no tienen la mínima conciencia   de lo que infligen a sus parejas.

Ese albergue psicosocial es el primero creado en Europa. Es una pequeña estructura en la que sólo se acoge a 12 hombres a la vez. Desde su creación, sus directivos y terapeutas han atendido a 600 perpetradores de violencia y se enorgullecen de los resultados, pues sólo 13% han sido reincidentes.

Convencido por esa experiencia, Edouard Philippe decidió ampliarla a toda Francia con la creación de dos albergues para hombres violentos en cada región administrativa del país.

Al igual que en Arras, el primer ministro desea que estos centros sean el fruto de una colaboración estrecha entre las autoridades regionales, municipales y asociaciones civiles. 

Edouard Philippe aseguró también que a partir de enero próximo se pondrán mil alojamientos de protección suplementarios a disposición de las mujeres maltratadas que huyen de su domicilio por lo general acompañadas de sus hijos. 

Todas estas medidas van por buen camino, reconocieron gran parte de las organizaciones feministas y de apoyo a las mujeres víctimas de violencia, aunque aún son limitadas y sobreviven con un presupuesto precario.

Edouard Philippe anunció que dedicará 360 millones de euros anuales a la implementación de todas las medidas tomadas para luchar contra la violencia ejercida contra las mujeres.

Las organizaciones feministas, que tienen como referencia la política muchísimo más enérgica de España en la materia, reclaman un presupuesto de mil millones de euros y enarbolan su propia lista de medidas urgentes que rebasan con mucho a las del gobierno.­