Echenique: “Temixtitan, nombre primigenio de México”

El mexicano en general, pero también historiadores y novelistas, creen que la ciudad azteca se llamaba México-Tenochtitlan, consigna el especialista Felipe Echenique en su investigación Una historia sepultada: México, la imposición de su nombre. Es un arduo trabajo de 380 páginas que le llevó más de 20 años, e invita a sus colegas a un debate, pues “no hay mayor emoción intelectual que el descubrimiento de la verdad”.

Temixtitan o Temistitan son algunas de las voces originarias consignadas por los invasores españoles durante la primera década de su conquista en lo que, medio siglo después, devendría la ciudad de Mexico, sin acento; pero los indígenas no la llamaron Tenochtitlan ni México-Tenochtitlán, como viene repitiendo la historia oficial, ciertos mexicanistas y la mayoría de las personas.

Esta es una de las conclusiones del vasto análisis documental contenido en el libro de 380 páginas, publicado por el profesor e investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Felipe Ignacio Echenique March (D. F., 1955), Una historia sepultada: México, la imposición de su nombre (Bonilla Artigas Editores; reproducción de documentos tomados de fuentes históricas de primera mano y un CD).

“Ponerse a dilucidar si esta ciudad se llamó México desde 1521 o antes es importante, porque a historiadores, novelistas y público en general les han hecho creer que se llamaba México-Tenochtitlan aún antes de llegar los españoles. Sin embargo, tal designación que cuenta con un amplio consenso universal no se puede sostener documentalmente, ya que el nombre que se consigna durante los diez primeros años de la conquista española fue el de Temixtitan o Temistitan, y posteriormente el de Mexico, así sin acento”.    

Echenique se burla al ver el pasaje de la nueva serie Hernán, producida para TV Azteca por Dopamina y asesoría de César Moheno, donde al llegar Cortés (el actor hispano Óscar Jaenada) a los pantanos de Centla y serle “regalada” La Malinche (Ishbel Bautista) y otras mujeres por el cacique tabasqueño (Tabascoob), se fija en los obsequios de oro y exige al traductor De Aguilar le pregunte a uno de los chontales dónde existen más brazaletes así.

–Tenochtitlan –responde claramente el guerrero maya.

–Tenochtitlan… –reproduce el protagonista de la serie, mientras a sus soldados les brillan los ojos.

Critica Echenique lugares comunes similares basados en fragmentos de La verdadera historia de la conquista de Bernal Díaz del Castillo, pues “no hay mayor emoción intelectual que el descubrimiento de la verdad”. Eso es lo que sucedió con el nombre de México, “lo fueron cambiando de acuerdo a los intereses de los conquistadores”. Y relata que pese a sus 44 años de labor en el INAH –y de haber producido varios libros a partir de Fuentes para el conocimiento de los pueblos naturales de la Nueva España (INAH, 1992)–, la Comisión Central de Dictaminación y el propio director de la institución, Diego Prieto, se le rechazó publicar este volumen, “con comentarios baladís y fuera de toda ética académica”.

Escritura es poder 

Tras 20 años de estudiar el tema del origen del nombre “México” (Proceso, 2050), Echenique invita ahora a “una discusión de altura y seria con mis colegas historiadores, sean Patrick Johansson, Eduardo Matos, Luis Barjau, César Moheno, Alfredo López Austin y a todo aquel quien desee entrarle a 500 años de la conquista, para dejar de repetirnos mentiras como las que desde mediados del siglo XVI se han arraigado y sin sustento”.

–¿Un reto?

–Sería un debate provechoso. Nuestro país lo merece si quieren de verdad hacer historia, series o novelas con fidelidad y certeza. Yo los invito… Mira, por las primeras Cartas de Relación podemos suponer que la mano de Fernando (sic) Cortés escribió Temixtitan y que mantuvo esa escritura hasta 1535. Para seguir con el respeto a cómo se llamaban o designaban a las cosas o a las personas en los textos primigenios, en Una historia sepultada… uso el sustantivo Temixtitan en lugar de Tenochtitlan, pues en aquellos tiempos los indígenas nunca emplearon la palabra Tenochtitlan. Yo me aviento el tiro si se trata de armar un debate.

–¿Por qué Fernando y no Hernán o Hernando?

–Porque así se le menciona en las portadas publicadas de sus Cartas de Relación (1522, 1523, 1524 y 1525), así firmaba él; no quise quedarme como José Luis Martínez con el decir de que Hernán es el apócope familiar con que lo llama la posteridad sin aclarar la razón (Hernán Cortés; FCE, 1993).

“En general, las fuentes para estudiar el nombre de México se han tratado como si fuesen piezas de un rompecabezas… Pedazos de un mito se ocupan en la narrativa de otro, pero todo ello apunta más a ficción y creación literaria que a empeños científicos. Gutierre Tibón, con su libro Historia del nombre y de la fundación de México (FCE, 1975. 877 páginas), es exuberante hasta la saciedad, lo cual no le quita riqueza de información.” 

[En el capítulo 2 “El grito de guerra: Mexicco Tenochtitlan” del italo-mexicano G. Tibón, éste “tradujo” de Cortés “Mexico-Temixtitla” –cuando como demuestra Echenique en el escudo de armas a Fernando Cortés se usó Temistitan Mexico, en ese orden–, quedando “Meshicco” (palabra grave) en “México” (esdrújula) “por su brevedad” y “pronunciación más fácil”. Juega asimismo Tibón para el tercero con la idea de que “Mexi” etimológicamente es una voz hebrea que significa “El Mesías” y “México” es “la ciudad del Mesías”, siguiendo a fray Gregorio García (1554-1627).]

Pero por aquellos primeros diez años de la conquista fue más común que se escribiera Temixtitan como la ciudad, anteponiéndolo a Mexico, que era lo que rodeaba la laguna: Temixtitan Mexico. Para la investigación que inició a finals del siglo XX, Echenique pensaba que sólo se “tardaría unos pocos días en averiguar” por qué la ciudad se llamaba México-Tenochtitlan.

“¡Y oh, sorpresa! Fue muy difícil esclarecer realmente cómo fue que se le nombró durante los primeros cincuenta años de conquista. Cortés y otros mencionan primero Colúa y Ulúa; pero después curiosamente nadie se puso a investigar toda esa rica nomenclatura, porque se dio por cierto que se llamaba México-Tenochtitlan y punto. Me encontré con muchas historias no contadas, a las cuales la Corona de España, el cronista de Indias, virreyes, conquistadores y frailes o gente con mentalidad occidental les echaron lodo, para sepultar el primer nombre que Cortés dio a la ciudad de Temixtitan.”

Cita a Edmundo O’Gorman y Salvador Novo (Guía de las Actas de Cabildo de la Ciudad de México, siglo XVI); Eulalia Guzmán, Fernando de Alva Ixtlixóchitl, Ignacio Guzmán Betancourt o frailes como Bernardino de Sahagún, Toribio de Motolinía, quienes junto a otros “tantísimos profesores ilustres metidos a fondo en el tema” no obstante “dan por hecho que la ciudad se llamaba México-Tenochtitlan o que Cortés simplemente no sabía su nombre”. Pero cuando empezó a registrar que no se designaba así, “sino que tenía un chorro de variantes”, se intrigó más. 

“¿Cómo que Fernando Cortés no sabía el nombre de la ciudad más importante del territorio que él finalmente sugeriría en nombrar La Nueva España a don Carlos? ¡Escribía perfectamente Chalco, Xochimilco, Iztapalapa, Azcapozalco, Tlatelolco o Tacuba! Por favor… Nada de que ‘de todos modos Juan te llamas’.”

Y bromea parafraseando al personaje Tobi en el cómic La pequeña Lulú de los años cincuenta:

“¡Era un asunto para el detective La Araña!”

Halló “muy difícil esclarecer el hecho”, porque editores, bibliotecarios y archivistas cambiaban letras: De Temixtitan que le puso Cortés a la laguna y como apareció en un mapa colorido, lo transformaron: Tenustitan, Tenuxtitan o Tenuxtitlan y Tenochtitlan, en fin, hasta alcanzar el “binomio” México-Tenochtitlan.

“Me di cuenta de que esto de ser mexicano lo hallaremos en los libros, de ahí que pretendiera en un primer momento redactar una mera introducción del nombre de México para un trabajo mucho mayor, Biobibliografía de la construcción del imaginario colectivo de Lo Mexicano. Y aún continúo…”

La primera vez que doña Eulalia Guzmán se topó con el sustantivo Temixtitan, al estar paleografiando la Segunda Carta de Relación, del llamado Códice Vindobonenensis 1600, introdujo una nota al pie de página para señalar: “Mala lectura de Tenuxtitan, la palabra correcta es Tenochtitlan”, sin explicar por qué. Y antes que ella, Ignacio López Rayón, “uno de los egregios paleógrafos del siglo XIX”, manifestó al localizar el término en El sumario de la residencia tomada a D. Fernando Cortés (1852), que “se lo había encontrado escrito como Tenoxtitlan, Tenochtitlan, Tenustitan, Temixtitan”, sin ahondar en la razón para agregar la palabra Mexico a las denominaciones primigenias.

Culmina diciendo el autor, egresado de la Facultad de Filosofía y Letras 

de la UNAM:

“Todo lo existente debe ser puesto en duda, a fin de tener una certeza de su fundamento histórico y revisarlo críticamente. Por eso estudiemos la historia, para no repetir tonterías ni mentiras sobre nuestra identidad.”