E¡scrita, dirigida y actuada por Jim Cummings, realizada con un presupuesto de menos de 200 mil dólares apiñados con préstamos de amigos y donaciones en internet, Thunder Road: juntos en la tormenta (Thunder Road; E.U., 2018) es lo más cercano al ideal de la película independiente que inspiró la creación del festival de Sundance, ahí mismo donde el director recibió (2016) el gran premio del jurado con el corto que inspira este largometraje.
Además de la muerte de su madre, el policía Jimmy Arnaud (Cummings) debe enfrentar una demanda de divorcio, tratar de conquistar el afecto de su hija de nueve años, y una avalancha de problemas en su trabajo. Los temas son oscuros, las situaciones se prestan a la comedia, y el protagonista, narcisista insoportable, oscila entre la agresión pasiva y la auto flagelación; el director escapa de la estructura dramática en tres actos que exigiría Hollywood; pero su personaje evoluciona, o mejor dicho se humaniza, no sin antes exhibir todos sus demonios. Jim Cummings ofrece la mejor definición, se trata de un colapso nervioso en cámara lenta.
El policía Arnaud, de uniforme y bigotito, comienza el elogio de su progenitora junto al féretro y ante un grupo de amigos que asiste al funeral; el encomio se desarticula en mera asociación libre, especie de corriente de pensamiento en voz alta donde se mezclan dolor y culpa, nostalgia por la canción que le cantaba la madre, y que ahora él no puede ni siquiera tararear, mejor intenta bailarla con una extraña coreografía sin música, que se quiebra en llanto. La toma, frente a la cámara, dura casi 12 minutos; la canción, de donde Cummings toma el título, es la famosa “Thunder Road” de Bruce Springsteen, algunos de los episodios evocan la letra.
Thunder Road representa el camino de tormenta que este hombre que intenta ser buen padre, quisiera recorrer con la hija que no lo admira; más aún, el título resulta mera ironía de un cierto ideal americano de masculinidad, el cowboy de bigote, o el policía bueno que defiende la ley. En 1958, Robert Mitchum, imagen del macho americano por antonomasia, protagonizó una película con el mismo nombre.
El uniforme de policía que apuntala la armazón de Jimmy Arnaud, funciona como imagen quebrada de la autoridad: entre más intenta hacer respetar la ley, peor mete la pata; Thunder Road expone la fragilidad del hombre actual que ya no sabe esconderse, menos definirse, en estereotipos de virilidad. Arnaud exaspera y conmueve con esa vulnerabilidad que se le escapa a cada paso, este representante de la ley no sabe cómo lidiar con ella, clave en las escenas con el juez, con su jefe, o con el maestro de su hija.
Además de su admiración por Buster Keaton y Jacky Chan, Jim Cummings se dice inspirado por el infecto David Brent, el personaje de The Office (en su versión británica) que provoca incomodidad, risa culpable y exasperación, la diferencia que es Arnaud es un tipo joven, capaz de redención, y sobre todo, que intuye que el camino es la mujer, de ahí su desesperación por construir una relación adecuada con su pequeña hija. Al igual que la canción de Springsteen, Thunder Road se siente ligera al principio, después, lo pegajoso de la melodía da cuenta de un contenido espeso y melancólico.








