La masacre y las contradicciones

LA MORITA, Son.- A las 04:00 horas del lunes 4, en las colonias Centro y Ejidal de Agua Prieta, Sonora, “un grupo armado disparó contra un par de viviendas que fueron consumidas por el fuego”, señala un breve reporte de la Mesa de Seguridad para la Construcción de la Paz de Sonora, instancia integrada por representantes de las dependencias encargadas de la seguridad y justicia en la entidad.

“Se tuvo el fallecimiento de dos personas por armas de fuego y una lesionada, así como el incendio de cinco vehículos ubicados en diferentes calles de las colonias antes mencionadas”, añadió.

Según un exdirector de la Policía Municipal de Nogales, que pidió el anonimato, ese ataque lo perpetró el grupo Los Salazar, que pretende expandir su control territorial de Chihuahua hacia el oriente de Sonora.

Explica que “la gente de Agua Prieta pidió apoyo a todos los grupos de la región (Bavispe y Sierra Alta)”, quienes esperaban en una brecha a los integrantes del comando de Los Salazar que “venían huyendo”. Fue entonces que aparecieron las camionetas de la familia LeBarón. Las confundieron con las de los sicarios y “ocurrió lo que ya todos conocemos”.

Esta versión sobre el ataque a los LeBarón, producto de una “confusión”, también la expresó Alfonso Durazo, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana: “El convoy integrado por dos camionetas Suburban pudo haber sido confundido por grupos delictivos que se disputan el control en la zona (Los Salazar y La Línea)”, dijo el martes 5.

Versiones encontradas

Sin embargo la familia LeBarón rechazó esa versión y en un recuento de hechos realizado por varios de sus miembros afloraron las contradicciones respecto al relato de las ­autoridades. 

De acuerdo con ellos, cerca de las 09:00 horas del lunes 4 partieron en tres camionetas 17 integrantes de las familias LeBarón, Langford y Miller. Partieron de La Morita, la comunidad mormona enclavada en la sierra alta sonorense (unos 329 kilómetros al noreste de Hermosillo) con dirección a Pancho Villa, Chihuahua, y Phoenix, Arizona.

Alrededor de las 09:40 horas, a unos 4.5 kilómetros de la comunidad, se registró el primer ataque. María Rhonita Miller LeBarón y cuatro de sus hijos fueron emboscados cuando se encontraban dentro de una camioneta Tahoe.

La camioneta se incendió. Mendoza Ruiz dijo el miércoles 6 que “no se aprecia que hubiera habido alguna intención de incendio, sino más bien como resultado de los disparos se incendiaría el motor”.

Lafe Langford, miembro de la familia LeBarón, sostuvo que el incendio de la camioneta fue intencional: “Había casquillos en el piso, junto al vehículo, había una chequera de un banco que está más adelante. Ahora sabemos que ellos fueron al vehículo, dispararon más veces, buscaron en el vehículo, le prendieron fuego y quemaron a todos adentro, vivos”, dijo en una entrevista para el programa de televisión Fox & Friends, de la cadena estadunidense Fox.

A las 11:00 horas, en una brecha ubicada unos 18 kilómetros más adelante, fue alcanzada por las balas una Suburban blanca donde viajaban Christina Marie Langford, de 31 años, y los pequeños Trevor y Rogan. 

De acuerdo con los LeBarón, al saberse flanqueada por los gatilleros, Christina detuvo el vehículo, descendió de él con los brazos en alto e informó a gritos que viajaba con niños. Le dispararon. Este hecho contradice la versión de una supuesta confusión, pues los atacantes supieron que en esa camioneta no viajaban hombres armados.

Quince metros más adelante fue atacada una Suburban blanca, en cuyo interior se encontró el cuerpo sin vida de Dawna Langford. Hubo ocho sobrevivientes, cinco de ellos resultaron heridos. Un menor de 13 años recorrió de regreso el camino de terracería, unos 20 kilómetros, para avisar a sus familiares sobre el ataque. 

Hasta el viernes 8 la Fiscalía de Sonora realizaba peritajes sobre los más de 200 casquillos calibre .223 y 7 mm encontrados en las tres escenas del crimen. Los vehículos siniestrados son analizados en Hermosillo por expertos del laboratorio de Inteligencia Científica Forense.

La Fiscalía General de la República reforzará el trabajo científico con peritos especializados en explosivos e incendios para definir una línea de investigación. Y en la brecha que conduce a Chihuahua los peritos revisaron trayectorias de los proyectiles de armas de fuego. 

“Serán la ciencia y los datos de prueba lo que nos lleve a saber exactamente qué y quiénes realizaron los ataques, una vez que se tengan dictámenes de balística y se concluyan las entrevistas que realizan elementos de la Agencia Ministerial de Investigación Criminal”, afirmó la fiscal sonorense, Claudia Indira Contreras.

Funerales 

Medio centenar de periodistas, fotógrafos y camarógrafos de medios de todo el mundo cubrieron los funerales de las familias LeBarón, Langford y Miller que se llevaron a cabo en la mañana y en la tarde del jueves 7 en La Morita. 

La tristeza y llanto se apoderó del ánimo del medio millar de dolientes que se dieron cita en el patio de la casa de la familia Langford, donde se despidió a Dawna y sus hijos Trevor y Rogan.

Los deudos erigieron un par de gigantescas carpas en el patio central de la vivienda, al frente los tres ataúdes de fina madera, fotografías de las víctimas por las que se estaba celebrando los funerales e incontables arreglos florales en los que se leían mensajes de amor confeccionados con rosas blancas y rojas.

El servicio fúnebre fue organizado al estilo estadunidense: los familiares de las víctimas fueron tomando el micrófono para contar anécdotas sobre los familiares que estaban despidiendo y sobre el dolor de la partida que para ellos significaba.

Los testimonios podrían variar del llanto profundo a la sonrisa discreta, todo mientras caía un sol a plomo que no podía ser detenido por las blancas carpas.

David Langford, esposo de Dawna, aseguró que ya no se sentía seguro en La Morita mientras su voz subía de tono. “Y ya nunca me sentiré seguro aquí porque vivimos en las montañas y no tenemos acceso a la justicia y a las autoridades”, reprochó.

Langford recordó a su esposa como una heroína, porque ella recomendó a los nueve niños que se encontraban en su auto que se agacharan y así pudieron salvar la vida.

Las exequias se extendieron horas y al final se brindó un gigantesco banquete que albergó a 500 personas, en su mayoría residentes de Estados Unidos que arribaron a La Morita por la brecha que conduce de Agua Prieta a Bavispe, escoltados en todo momento por el Ejército mexicano.