Señor director:
Me llamo Andrés Barahona Londoño y radico en Xalapa, Veracruz. Me dirijo a usted para comentar los argumentos respecto del reportaje publicado el 28 de junio de 2013 en Proceso, firmado por Marcela Turati bajo el título “Madres activistas: La disputa legal por sus hijos contra los hombres del poder”.
Pese a que el texto fue publicado hace muchos años, apelo a su comprensión haciendo de su conocimiento que las acusaciones hechas en mi contra por la señora Nancy Correa Grande, consignadas en dicha publicación, no fueron corroboradas previamente sobre su veracidad.
Los señalamientos se refieren –sin mencionarlos– a procesos legales en aquel momento vigentes por violencia familiar en su modalidad física, y violencia de género en su modalidad de patrimonial.
Adelanto que he sido final y definitivamente absuelto con fecha del 26 de junio 2019. También asumo que usted y yo sabemos que este tipo de procesos legales suelen prolongarse innecesariamente, sin que el acusado tenga otra opción más que la de defenderse una y otra vez ante los tribunales competentes.
En este caso fui absuelto desde la primera instancia, después vino una segunda instancia también favorable para mí y, finalmente, se dictó la tercera y definitiva sentencia absolutoria en mi beneficio.
Sólo entonces me sentí con el peso moral para exponer mi caso ante la revista Proceso y créame que no ha sido una decisión tomada a bote pronto.
Jamás he sido ni he aspirado a ser uno de esos hombres del poder que describe el reportaje. No tengo poder político ninguno y mi ética como padre, hijo, hombre y cónyuge siempre propugnará por la armonía familiar que garantice el interés superior de la niñez; es decir, el de sus propios hijos.
Soy totalmente ajeno a lo que se señala en el párrafo siguiente de dicho reportaje: “En el caso veracruzano, las madres indican que siempre son ellas las que pierden porque el sistema de justicia está comprado o corrompido por el poder de sus exparejas”.
No hablamos del típico caso de un pleito familiar, es totalmente distinto: siendo madre de dos hijos menores de edad que en aquel momento tenían 12 y 9 años, la señora Nancy Correa Grande decidió unilateralmente retirarse por su propia voluntad del domicilio conyugal el 15 de diciembre de 2012. Desde entonces no ha aportado un centavo para la manutención de sus hijos.
Sin embargo, mientras ella era protegida como presunta víctima yo fui despojado de mis derechos fundamentales. Me fue negado el trámite para obtener mi credencial de elector. Esto significa secuestrar legalmente la vida de un ciudadano, puesto que –como todos sabemos– sin dicha identificación vigente es imposible realizar cualquier tipo de trámite oficial.
Mi vida fue totalmente secuestrada hasta que hace tres meses resulté absuelto legal y definitivamente de todas las acusaciones en mi contra.
La narración que he expuesto advierte sobre un fenómeno que no ha sido debidamente visibilizado en nuestra sociedad: existe política y socialmente un hembrismo activo que incide cotidiana y legalmente en la vida del país, el cual, basándose en estadísticas irrefutables respecto del machismo y sus aberrantes feminicidios, ha sido capaz de manipular la legalidad hasta el punto de imponer una aplicación de la justicia bajo la perspectiva de género.
Dicha perspectiva innegablemente sexista presupone que la justicia no debe ser aplicada igual a un hombre que a una mujer, como si la culpabilidad fuera distinta entre lo femenino y lo masculino.
Por ello existen oficialmente a lo largo y ancho de nuestro país Institutos de la Mujer, pero ninguno del hombre. Este es un desequilibrio estructural del que no se habla porque resulta “políticamente incorrecto”.
Más que únicamente exponer un caso que ha afectado a nuestra familia, incluida mi madre, considero sinceramente que el texto que pongo a su consideración toca una fibra sensible en nuestro devenir social, la cual –insisto– no ha sido debidamente atendida.
Es por ello que, pese a que han pasado casi siete años desde la publicación del citado reportaje, considero que sigue vigente su interés periodístico y, en consecuencia, solicito respetuosamente a usted que sea publicada mi réplica. (Carta resumida por razones de espacio)
Atentamente:
Andrés Barahona Londoño








