Señor director:
Es extraordinaria la entrevista que se le formuló al doctor Enrique Graue Wiechers, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sus puntos de vista, claros y exactos, han unido más que nunca a los universitarios. Sus características y cualidades lo anuncian como seguro triunfador en una contienda donde no tiene rivales.
Por supuesto, sin desconocer los méritos de quienes han sido señalados por la Junta de Gobierno como factibles rectores, ni por asomo poseen la calidad y, sobre todo, enjundia que caracteriza al doctor Graue.
Sin entrar en detalles, la obra material de la universidad, pero mucho más la de carácter académico y científico, le ha permitido ocupar un sitial envidiable en el ámbito iberoamericano y mundial a nuestra casa de estudios. Bien se dice que es la primera en su género dentro de las magnas universidades de Brasil, Argentina y España.
La directora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, doctora Angélica Cuéllar Vázquez, con el tiempo podrá ser considerada para ocupar el cargo como primera rectora; le hace falta experiencia, ya que tres años al frente de la facultad no son suficientes para estar en condiciones de suplir al actual rector.
Por lo que respecta al doctor Pedro Salazar Ugarte, es un caso inexplicable. Sólo tiene el título de licenciado en derecho, por cierto, de una institución diversa a la UNAM. Esto hace pensar, sin duda, que cuando decidió ser abogado menospreció a la Facultad de Derecho de la UNAM. También asegura ser doctor en filosofía de una universidad italiana que no es precisamente de las más destacadas y, por si fuera poco, ese grado académico no está reconocido ante la Dirección General de Profesiones.
En síntesis, se considera que la audacia, mucho más que la seriedad, es lo que ha movido a Pedro Salazar para “candidatearse”. Inclusive, hay quienes aseguran que se le practica una auditoria y por ello decidió participar en el proceso, para tratar de salir ileso de esa investigación, o por lo menos procurando se le tengan consideraciones.
Volviendo al caso concreto, el doctor Enrique Graue Wiechers es el hombre indicado para nuevos retos, más intensos y ambiciosos. Mi contacto con la comunidad me permite asegurar que existe una gran tendencia por una nueva ley orgánica de la UNAM, donde particularmente se refleje la indispensable democratización.
Hasta la fecha sólo 15 notables, sin duda destacados investigadores, hacen y deshacen dentro de una comunidad de cerca de 400 mil estudiantes y un alto número de investigadores, maestros y empleados, quienes se encuentran totalmente marginados de la posibilidad de designar a sus autoridades.
Es una situación inaceptable en nuestro tiempo el que se enseñe en las aulas los conceptos y los alcances de la democracia y, por otro lado, no se practique. La intervención de maestros, alumnos y trabajadores es indispensable para designar a sus autoridades, sobre la base de que los maestros tengan mayor responsabilidad y un porcentaje superior de votos en ese proceso democrático, tal como sucede en otras universidades particularmente europeas.
El anterior tema es un reto para el doctor Graue, pero no sólo ello, lo relativo al examen de admisión debe ser sometido a una consulta seria, ya que su aplicación resulta traumatizante y limita el acceso a lo que es un derecho constitucional, como educarse sin cortapisas ni limitaciones. Aquí, más que impedirles el ingreso a la UNAM, se reclama de manera esencial el respaldo económico hacia los alumnos de manera justa y adecuada.
El rector saldrá reelecto con gran beneplácito de la sociedad universitaria y, en ese sentido, los compromisos que debe asumir tendrán que ser acorde con los reclamos de una comunidad ávida de nuevas y más afortunadas maneras de participación en la vida universitaria, la cual debe llegar a todos sin excepción.
Atentamente:
Doctor Eduardo López Betancourt
Presidente del Tribunal Universitario








