El mejor amigo de Rusia vive en la Casa Blanca

A hora Rusia está reemplazando a Estados Unidos como el actor fundamental y gran mediador del Cercano Oriente.

A raíz de que Donald Trump ordenó la retirada de sus tropas de las zonas kurdas, “lo más seguro es que Putin no pueda creer su buena suerte”, declaró un alto militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que estuvo recientemente en Siria, al portal de noticias Business Insider. 

“Un tercio de Siria había sido más o menos liberado del Estado Islámico y su seguridad era buena, sin participación del régimen y de Rusia. Ahora, gracias a la retirada estadunidense y a la invasión turca, el área está totalmente abierta para regresar al control del régimen. Lo que supuestamente era un asunto diplomáticamente complejo, que hubiera involucrado poder militar de EU y Europa, de pronto se volvió tan simple como enviar tanques y unidades a instalarse sin oposición.

“Putin sigue consiguiendo lo que se le antoja y generalmente ni siquiera tiene que esforzarse mucho. Sólo le tocó sentarse a ver a los turcos y los estadunidenses echar por la borda cinco años de éxitos, y no sólo no le costó nada, ni siquiera tuvo que tratar de hacer que pasara. No hay ni que preguntarse por qué intervendría del lado de Trump en una elección.”

Tan le salen gratis las cosas a Vladimir Putin que el propio Trump engrandece la imagen del presidente ruso. Por contraste: mientras el estadunidense condenaba a los kurdos, justificándose en que “ellos no nos ayudaron en la Segunda Guerra Mundial” y “no son unos angelitos”, Putin envió a sus tropas como fuerza de interposición, llevó a Erdogan a Sochi y llegaron a un acuerdo que servirá de base para preparar el fin de la guerra en Siria.

Antes, los mandatarios de los países rivales se presentaban ante la Casa Blanca.

Cosas locas

“El gigante sobredimensionado que llaman Estados Unidos perdió el camino a plena luz del día”, publicó el popular diario ruso amarillista Moskovsky Komsolets. “La diplomacia rusa va ganando la partida”, agregó.

“Para muchos rusos es difícil creer que los estadunidenses pueden hacer cosas completamente locas”, escribió Fiodor Lukyanov, un analista de política exterior cercano a Putin. “Pues resulta que sí pueden”.

El 13 de enero, The Washington Post informó que el presidente Trump hizo un esfuerzo “hasta extremos extraordinarios” para mantener en secreto los detalles de sus cinco encuentros con Putin, particularmente el de julio de 2018 en Helsinki. En ese, Trump sorprendió al explicar que su amigo ruso le había asegurado que no interfirió en su favor en el proceso electoral, y que le parecía que esa negativa era “fuerte y poderosa”, contradiciendo así a sus propias agencias de inteligencia.

Si el estadunidense ocultó lo que pasó en privado, su interlocutor se las arregló para deslizar su propio mensaje al mostrar a las cámaras su hoja de asuntos por discutir. Siria estaba en ella. “Trump está recorriendo la lista de deseos de Putin, cumpliendo los objetivos del Kremlin a paso rápido”, escribió la periodista Julia Davis en el Daily Beast. “Poco a poco se aleja de las sanciones a Rusia, está profundizando las divisiones de raza, fe, orientación sexual y filiación política en Estados Unidos, erosiona la confianza en nuestras elecciones, agencias de inteligencia e instituciones mientras empodera a nuestros adversarios y debilita nuestras alianzas de la OTAN”.

La prensa estadunidense está mencionando también otros elementos de lo que ya se considera como un patrón de actuación de Trump en favor de Moscú: está tratando de reincorporarla al Grupo de los 7, del que fue expulsada tras la anexión de Crimea. Para financiar la construcción de su muro fronterizo con México ordenó el desvío de 770 millones de dólares de proyectos ya aprobados para ayudar a los países aliados a disuadir ataques rusos; apoya el Brexit y se confronta con la Unión Europea, creando pleitos comerciales.

En The Washington Post, el columnista James Hohmann valoró que “es imposible calcular las ganancias que está obteniendo el Kremlin por su inversión en las elecciones de 2016”.

Pero Trump pareció, por lo menos en este aspecto, un poco más consciente de los desequilibrios internacionales, cuando en una reunión en la Casa Blanca en 2017 les dijo a dos altos funcionarios de Moscú –según filtraron al Post empleados de la Casa Blanca– que no le preocupaba la interferencia rusa en la elección presidencial pues, a final de cuentas, es lo mismo que Estados Unidos suele hacer en otros países.