El Sínodo escandaliza a conservadores

ROMA.- El Vaticano no deseaba que el debate sobre el celibato sacerdotal acaparara el foco mediático de la prensa acreditada en el Sínodo sobre la Amazonia.

Sin embargo eso ocurrió y esta semana fue motivo para que el sector conservador atacara al Papa Francisco y al frente progresista por la “osadía” de proponer un debate sobre la ordenación de hombres ancianos, casados y reconocidos por sus comunidades, en zonas de la región latinoamericana donde la escasez de curas es particularmente alarmante para la Iglesia.

En los primeros días del encuentro, que durará hasta el domingo 27 y que ha reunido en Roma a unos 300 obispos, cardenales, representantes de la región panamazónica y expertos, cobró fuerza el mensaje de tomar decisiones colegiadas y mantener la concordia.

El lunes 7 el cardenal brasileño Claudio Hummes, relator general del Sínodo y amigo de Francisco, defendió la propuesta de ordenar hombres casados en la Amazonia por “la gran carencia de curas que aflige a la mayoría de las comunidades católicas” de la zona.

No obstante, enseguida Hummes intentó tranquilizar los ánimos de los detractores al afirmar que no se pretende alterar “el gran valor que se atribuye” a la institución del celibato.

El martes 8, segundo día de los debates, los portavoces vaticanos volvieron a abordar el asunto con bajo perfil, en un intento de apagar el enfrentamiento. “Sobre el tema de los viri probati (ordenación de hombres casados), no todas las posturas son iguales; es la normalidad”, afirmaron.

El miércoles 9 la tensión se elevó. El misionero austriaco afincado en Brasil Erwin Krautler, emérito de Xingu, una remota localidad en el centro del país latinoamericano con una alta concentración de indígenas, dijo: “No se trata de estar en contra o no del celibato, se trata de que nuestros hermanos tengan acceso a la eucaristía”.

La respuesta del sector tradicionalista no tardó. Llegó por boca del cardenal germano Gerhard Mueller, de 71 años, exguardián de la Doctrina de la Fe (antes Santo Oficio) y uno de los principales líderes de la resistencia ante Francisco: “Ni el Papa ni la mayoría de los obispos pueden cambiar a piacere dogmas de la fe o leyes del derecho divino”.

Otro que salió en defensa de la tesis contraria a la posibilidad de permitir estas nuevas ordenaciones fue Rafael Escudero López-Brea, obispo de Moyobamba, Perú: “Los hombres ancianos casados ordenados supondrían una especie de sacerdocio de segunda categoría y se reduciría la identidad del sacerdote católico a una mera funcionalidad sacramental”.

“La idea de los viri probati podría sepultar el pontificado de Francisco”, publicó el diario conservador italiano Libero.

No obstante estas discusiones, el debate pareció interesar de otra manera a los indígenas que se desplazaron hasta Roma para intentar hacer oír su voz, más preocupados por las tropelías de las industrias alimentarias y mineras que a diario ponen en vilo su supervivencia. Por lo menos es el caso de Francisco Chagas Chafre de Sousa, de la comunidad Apurina de Brasil y habitante de una aldea de 137 almas, a cinco días en barco de la ciudad de Manaus, en plena Amazonia.

“Es cierto –dice este hombre, entrevistado por Proceso–. La última vez que un ­sacerdote visitó mi pueblo fue en 2008. Pero lo que necesitamos es un altavoz para que podamos resolver los tantos problemas que tenemos, la falta de educación, la protección de nuestra tierra… estas son nuestras prioridades.”

Y sugiere que el acercamiento de esas etnias a la Iglesia católica está relacionado con temas de derechos humanos y luchas sociales: “Estamos en una situación de alerta y necesitamos que los sacerdotes nos defiendan”.

Coincide con eso la mexicana Sara Sánchez Sánchez, misionera laica del Consejo Indigenista Misionero de Brasil:

“Los indígenas en Brasil, lo principal que quieren es mayor compromiso de la Iglesia para las situaciones que ellos viven, donde la vida está más amenazada. Quieren que la Iglesia levante su voz, que la Iglesia sea abogada de los pobres.”

 

El papel femenino

 

Otro asunto que provocó crispación en el Sínodo fue la propuesta, también adelantada por Hummes, de buscar “nuevos ministerios” para las mujeres a fin de reducir la desigualdad de género en la Iglesia, una institución de mil 200 millones de fieles, de los cuales la mitad son mujeres y de las que sólo 3% ocupa un cargo en el Vaticano.

El asunto se abordó ampliamente el viernes 11 en el encuentro diario entre una delegación del Sínodo y los periodistas en la sala de prensa del Vaticano. Allí la monja y teóloga Birgit Weiler, de origen alemán y afincada en Perú, expresó fidelidad a la Iglesia y agradeció al Papa por la presencia de mujeres en la reunión, pero también sugirió que ellas esperan tener más presencia en el futuro, sobre todo en los puestos “donde se toman determinadas decisiones”.

Precisó: “Si queremos ser de verdad una Iglesia que respete y sea sinodal, hay que llegar a la toma de decisiones conjunta. Se necesitan más mujeres en el liderazgo. Albergamos la esperanza de que en el futuro las hermanas sean invitadas a asumir roles de responsabilidad”, añadió Weiler. Sin embargo matizó: “No es una lucha por el poder; no es esto lo que queremos”.

Un paso en esta dirección sería aceptar una de las solicitudes del sector femenino que llegó a este sínodo: que las superioras de las instituciones de mujeres puedan votar el documento final de la reunión, lo que ahora no está permitido. Más aún cuando, dice Weiler como ejemplo, “muchas teólogas ya están trabajando con las mujeres de la Amazonia para desarrollar una teología indígena”. l