El 23 de octubre de 1967 Rosario Ibarra de Piedra envió una carta a José Pagés Llergo, director de la revista Siempre! En ella rinde un homenaje al Che Guevara, quien había sido asesinado dos semanas antes, el 9 de octubre. Ibarra de Piedra firmó la carta como Rosario Ramírez; es decir, utilizó el segundo apellido de su padre, Valdemar. “La carta nunca se publicó –comenta su hija, Rosario Piedra–. Tal vez porque en ese entonces mi madre no era conocida, pero ya se puede apreciar que era consciente de la realidad social y política de México y la región”.
Este es el texto:
“Sr. José Pagés Llergo
“Director de la Revista Siempre!
“México D. F.
“Alguien me decía que ya resulta extemporáneo escribir algo sobre la muerte del ‘Che’ con miras a ser aceptado en un periódico, en una revista o en una publicación cotidiana o semanal cualquiera, debido a que la noticia deja de serlo de un día para otro con el nacimiento de sucesos recientes.
“No lo creo: la Historia nunca es extemporánea y el ‘Che’ es ya Historia.
“Además, en un periódico o en una revista donde se escribe sobre cualquier tópico –desde los perros callejeros hasta los grandes problemas del mundo, pasando por las inútiles ‘crónicas de sociedad’ y la propaganda pagada de los políticos– unas cuantas líneas dedicadas a la memoria de un hombre revestido con la diferencia que marca a los seres excepcionales que nacen de vez en cuando, tienen que servir de algo; deben de servir aunque no sea sino para oponer una débil pero digna resistencia al caudal enorme de dicterios y falsedades que los enemigos de sus ideas lanzan contra él diariamente y por todos los medios de divulgación que poseen y que los hacen poderosos.
“Trato de acoger mis mal hermanadas frases en la sección de cartas a su revista porque en esta ‘industriosa y pujante Sultana del Norte’ donde vivo, yo creo que ni pagando ‘precio de oro’ me publicarían este mi modesto
“HOMENAJE AL ‘CHE’
“¡El ‘Che’ ha muerto! Toda la incertidumbre que hubiera podido tener se disipó. Ni fotografías, ni pruebas hechas por peritos en huellas digitales, ni aseveraciones de quienes le vieron por última vez me convencieron como la tristeza de Regis Debray. Y hace poco, a través de ‘Radio-Habana’, la voz dolorida de Fidel truncó la última esperanza… ¡No hay duda ya! ¡El ‘Che’ ha muerto!… Pero… ¡No se alegren los enemigos de su pensamiento! ¡No canten victoria los opresores, los verdugos, los ‘títeres’, los ‘gorilas’! Las ideas del ‘Che’ serán desde ahora el factor fecundante en el germinar de todo proceso revolucionario; su grito de guerra ha llegado y seguirá llegando no a ‘un oído receptivo’ –como era su deseo– sino a miles de ellos y miles de manos también recogerán sus armas.
“¡No! que no se sientan seguros en sus poltronas tiranos y oligarcas, que tiemblen se pongan alertas: ¡La grandeza de un hombre no se quema!
“Quien sintió siempre suya la tierra que pisaba, quien vio un hermano en cada ser oprimido, no termina al morir; su trabajo está apenas empezando.
“En la selva, en la montaña, en la manigua, dondequiera que se luche, donde ‘esté el destino de la humanidad’, cada soldado del pueblo sentirá a su lado la presencia del guerrillero de la patria universal; y en las tribunas, ya sea en el mitin pueblerino, en las aulas universitarias o en las enormes y lujosas tribunas internacionales, resonará el eco de su voz cuando sean denunciadas las injusticias y cuando se echen en cara a los poderosos sus abusos y sus crímenes.
“Con el tiempo, la figura del ‘Che’ se irá agrandando; sus enemigos, asustados de ver crecer lo que creían arrancado de raíz, como viejas supersticiosas callarán y guardarán para sí sus odios y rencores y el héroe pasará a ocupar su lugar en la historia en el sitio que le corresponde: donde ya no es posible escatimar el elogio; donde están los que dan sin esperar nada en cambio; donde están los que no ven diferente a un negro de un blanco; donde están los que han luchado por todos lo que sufren; donde están los que han sembrado máximas sabias en las mentes de los hombres; los que han liberado esclavos, los que han destruido tronos; los que han dulcificado, aunque sea un poco, la amargura que siempre paladean los oprimidos; los que han querido hacer de este mundo en que nos tocó vivir, una sola Patria amplia y grande y ubérrima para todos, que reparta por igual sus fértiles llanuras y la riqueza de sus minas, una patria buena y generosa para todos sus hijos; donde están en fin, aquellos a quienes el peligro no turba y ‘el miedo no tiene el poder de estremecerlos’, aquellos que desafiando a la muerte, la han llamado como él ‘bienvenida’ siempre que caer en sus garras signifique acortar el camino para llegar al bienestar, la emancipación y la justicia que se debe a los desposeídos.
“Octubre 23 de 1967
“Rosario Ramírez
“Guayaquil 205, Col. Alta-Vista
“Monterrey, N.L.”








