Señor director:
Le pido publicar la siguiente carta dirigida a Emilio Azcárraga.
Señor Azcárraga, en 1985 –a los 22 años– comencé mi carrera en Televisa, empresa que me permitió desarrollar puestos y proyectos interesantísimos, cómo la vicepresidencia de Telenovelas Históricas, a cargo de Ernesto Alonso y Adriana Abascal, donde produjimos las telenovelas más grandes e importantes en la historia del género; el Estadio Azteca, con Justino Compeán y Alfonso Ortiz; el Espacio de Vinculación, donde fui parte de las últimas ocho emisiones; Persons Unknown, de Pepe Bastón y Andre Barren, y el Teletón, de Javier Williams, donde participé de la primera a la última versión.
En 2013 –después de 28 años de trabajo en Televisa– una afección cardiaca me llevó a una condición de grave riesgo para mi vida. Fui sometido a una cirugía a corazón abierto que dejó secuelas en mi salud. Razón que me llevó a solicitar varias veces mi retiro ante los altos ejecutivos de la empresa, como Luis Cabeza Sámano, Lucy Alamillo, Miguel Ángel Sánchez Miranda, Enrique Arteaga Sánchez y María del Carmen Alva Santander. Todos ellos me aseguraron que no tenía de qué preocuparme y que continuara con mis labores normales.
Ante la respuesta de apoyo institucional y pese a mi condición física –el esfuerzo para cumplir mis obligaciones se había duplicado por razones obvias–, decidí continuar trabajando por amor y fidelidad a Televisa. ¿Por qué razón no debería dar crédito a las palabras de los grandes ejecutivos de mi empresa? ¿Por qué no confiar en la empresa a la que dediqué mi vida entera, incluso más que a mi propia familia?
En 1999 fui asignado al área de compras, donde ascendí a gerente de departamento, pero el 19 de julio de 2019 fui conducido a una oficina donde, como en las películas de mafiosos, me esperaba un comité formado por personal de Recursos Humanos y del Área Jurídica.
Montaron un show para someterme a un juicio sumario y ellos fueron juez y parte; no tuve derecho a opinar o a defenderme porque ya habían dictado sentencia: Arturo Anda Hernández es culpable de todos los cargos y sentenciado a la pena máxima, el despido deshonroso y sin liquidación justa.
El argumento que usaron en mi contra es el más absurdo, pueril, deshonesto y doloso; puedo demostrar la falsedad de las acusaciones pues cuento con testigos y pruebas contundentes.
La miserable cantidad que los irresponsables de Recursos Humanos de Televisa me ofrecen de liquidación contrasta ante el dispendio de los recursos de algunas producciones, como la adquisición de dos botargas pagadas en 64 mil dólares, en este 2019. Se trata de gastos ¡en plena crisis económica de la empresa!
No obstante, a mí me quieren despojar de una liquidación legítima, legal y merecida por 34 años de servicio. ¿Acaso lo despojado a los empleados lo ocupan para financiar caprichos y despilfarros, como las mencionadas botargas?
Televisa, como ninguna otra empresa en México y como una de las grandes a nivel mundial, se distinguió por su impecable respeto a las personas que le servíamos, así como a las leyes; pero ahora los encargados de administrar los temas laborales se comportan como pandilleros, soslayando el prestigio, la dignidad, la historia de Televisa y la de sus empleados, usando artimañas de despojo de tan bajo nivel, como lo haría cualquier empresa bananera y tercermundista que abundan en México.
Por todo lo anterior pido su urgente intervención, ya que tengo dos meses sin sueldo y mi afección cardiaca puede pasar de grave a muy grave, ya que los servicios médicos del Instituto Mexicano del Seguro Social, a los que tengo derecho, caducarán en unos días.
Solicito ser reinstalado, con todos mis derechos vigentes, o ser liquidado pero de manera justa, digna y, sobre todo, apegada a la ley.
Ya sea una u otra opción, tengo que recuperar mi dignidad y salir de Televisa por la puerta de enfrente, por donde llegué. Porque si Televisa cuenta con un empleado honesto y leal, ese soy yo.
Atentamente:
Arturo Anda HernándezTa








