Señor director:
Una polémica que recientemente se ha desatado es si el Banco de México debe, además de cuidar la inflación, aprovechar las herramientas monetarias y crediticias con las que cuenta para constituirse en un instrumento de apoyo para el crecimiento y desarrollo económico nacional.
Críticas muy severas de diversos analistas y expertos financieros señalan que bajar la tasa objetivo de interés, como ocurrió el jueves de la semana pasada (de 8.25% a 8.0%), ante la gran incertidumbre que prevalece en el mercado nacional e internacional, poco estimula la inversión y sí puede causar salida de capitales y depreciación de la moneda.
Desde luego, una variable no puede cambiar significativamente las cosas, pero en conjunto con otras, como la lucha contra la corrupción e impunidad, pueden hacer la diferencia.
Desde que se estableció el modelo neoliberal en nuestro país los gobiernos han privilegiado el crecimiento sobre el desarrollo; hay quienes señalan que si no hay crecimiento, tampoco habrá desarrollo, cuando lo único que se necesita es sensibilidad, creatividad, honestidad y talento de intelectuales, líderes sociales, empresariales, sindicales y políticos para que, aun con crecimientos modestos o nulos, las políticas anticíclicas y redistributivas puedan mejorar sustantivamente los niveles de bienestar poblacionales y, sobre todo, ayuden a mitigar la pobreza y la miseria ancestral de México.
Ningún sistema económico de mercado será perdurable cuando el objetivo toral de su instrumentación deje de ser el bienestar del individuo.
Es muy importante revalorar la parte humana de la economía en un contexto de violencia, escaso crecimiento y desempleo.
Sin más por el momento, agradezco su atención.
Atentamente:
Hugo Ochoa Coria








