Acerca de “‘Territorios de la memoria’ en el MAM”

Señor director:

 

Solicito a usted publicar esta réplica al artículo “Territorios de la memoria” en el MAM, de Blanca González Rosas.

La crítica que hace González Rosas a la exposición que curé para el Museo de Arte Moderno carece de sustentos documentales y tergiversa el objetivo de la exposición al confundir el objetivo de la muestra. Argumenta que la exposición era “esperada por artistas y coleccionistas” en el último año de la gestión de la directora Sylvia Navarrete, sin sustentar el dicho con declaración pública de la funcionaría o de coleccionista o artista alguno.

Carente de documento público en que basa sus dichos afirma: “Sin informar sobre posibles cambios o adaptaciones en el concepto y narrativa curatorial…” lo cual hace pensar al lector que efectivamente yo recibí una línea o instrucción y me comprometí a seguir un concepto preestablecido. Quizá la autora debió consultar conmigo antes de hacer tales afirmaciones, porque yo no recibí de nadie un concepto curatorial. Realicé una investigación basado en la revisión de seis colecciones, tres públicas (MAM, Secretaría de Hacienda y MACG) y tres privadas, a partir de la cual determiné el concepto a seguir en la curaduría, en la que integré obras de arte primordialmente por su contenido.

Ese concepto está basado en la visión de la obra de arte como imagen, derivado de las teorías del historiador Aby Waburg y George Didi Hubertman, que otorgan mayor peso a la información que transmite la imagen que a las cualidades artísticas y autorales.

Afirma González Rosas que la exposición es incongruente porque incluye obras de David Alfaro Siqueiros (Nuestra imagen actual, 1947) y de José Clemente Orozco (Pomada y perfume, 1946), que obviamente no pertenecen al periodo 1985-2019. Estas pinturas están ubicadas al principio de la exposición como citas introductorias que dan pie al tratamiento seguido por la curaduría.

A continuación pretende criticar el hecho de que la exposición esté dividida en cuatro secciones “…evidencia la generalidad del concepto curatorial”, cuando es ésta estructura por núcleos o capítulos lo que ofrece al visitante una organización puntual de secuencia de las obras. Hay que leer los textos de cada una de las secciones donde se desarrolla en extenso la naturaleza de cada núcleo.  E insiste en que la selección de la obra es discrecional; como he indicado, el concepto curatorial está basado en una autoría que no aspira a hacer una revisión generacional de estilos, géneros o escuelas artísticas, como a ella le gustaría; lo que la curaduría busca es provocar una reflexión sobre el papel de la memoria en la construcción de una transformación social, basándose para ello en los contenidos de las obras seleccionadas.

La intención de González Rosas es denostar un trabajo curatorial independiente, que posee una perspectiva académica distinta a la de la historia del arte, lo cual probablemente le parece una afrenta a su ortodoxia reseñista. Y claro, ella incurre en lo que quiere criticar cuando pretende señalar como acierto de la exposición la inclusión de nuestro amigo mutuo Antonio El Gritón −cuya obra proviene de una colección privada− al destacar las características artísticas de su obra, sin referirse al contenido o el núcleo en el que está integrada.

En suma, pienso que si había la expectativa de una exposición de un periodo, persiste el deseo de una crítica informada y basada en algo más que la pura doxa.

Atentamente:

José Manuel Springer

 

Respuesta de la colaboradora

 

Señor director:

 

E

l señor José Manuel Springer confunde la función de la crítica de arte. Lejos de denostar, su misión es analizar el hecho artístico y facilitar al público su comprensión con base en argumentos objetivos.

Al igual que la exposición, la redacción de su carta es confusa y al descalificar mi nota sin argumentos objetivos y comprobables, devela su desesperación por desviar la atención de las debilidades de su trabajo curatorial.

En mi nota no menciono que el objetivo de la exposición es ser “esperada por artistas y coleccionistas” y, como la directora del museo mencionó que la exposición abarca sólo 34 años, su discurso se contradice con el contenido de la muestra y es obligación de mi labor crítica cuestionar si existieron “posibles cambios o adaptaciones en el concepto y narrativa curatorial”.

Con respecto a la referencia al historiador alemán Aby Warbug (1866-1929) y al curador y teatrero George Didi Hubertman (Francia, 1953), le recuerdo al señor Springer, que si bien el uso de las imágenes centrado en su contenido visual y al margen de su contexto histórico-social fue tendencia  alrededor de 2011 y 2012 en Europa, desde 2013 esta aproximación curatorial ha tenido severas críticas por el apoyo legitimatorio que otorgaba al mercado vinculando firmas consagradas con autorías menores. Y en este contexto, es cuestionable que el señor Springer asuma dar “mayor peso a la información que transmite la imagen que a las cualidades artísticas”, ya que la exhibición se presenta en un museo de arte que, al igual que su trabajo curatorial, es financiado con presupuesto público.

La carta del señor Springer confirma las limitaciones que existen en buena parte del escenario mexicano para construir discursos sobre la curaduría y museística del arte contemporáneo objetivos, profesionales y ajenos a criterios “amiguistas”.

Atentamente:

Blanca González Rosas