«Cien vistas de Japón»

Canal 22 difunde varios títulos japoneses, algunos de la televisión pública, otros de la comercial. Cien vistas de Japón está producida por el sistema público de aquel país en su versión regional, llamada Kyoto Broadcasting System. Colabora la TV Japan Foundation. Dicho organismo se ha encargado de promover la entrada de las producciones niponas a la televisión de México.

Cien vistas de Japón se divide en secciones de acuerdo con las cuales obtenemos diferentes tipos de información: arquitectónica en boca de un arquitecto famoso, los cerezos floridos, paisajes del lago Biwa y formas de preparar y comer el sushi.

La realización es impecable. Las imágenes se han elegido a partir de una directriz: mostrar sólo lo bello, en cierta forma inanimada, del mundo japonés. Por ejemplo, una Casa de Té sin comensales que la pueblen. Un paseo por el lago en paneo de cámara y voz en off. Los templos y pagodas son revelados como monumentos a los cuales un conductor aporta historia y características. Los jardines limpios, ni un papel por la calle, ningún grito destemplado de vendedores ambulantes que altere la paz.

Las Cien vistas de Japón conforman 100 postales de tiempos antiguos que incitan al paseo, al recorrido, a la contemplación con la mirada del turista, de quien pasa superficialmente por lugares ajenos, deslumbrantes pero igualmente olvidables una vez abandonado el sitio. El programa está claramente elaborado para atraer visitantes al país, para dar una imagen atractiva de escenarios que sobreviven rodeados de la modernidad, del tráfago, de la prisa y el trabajo excesivo.

En este mismo Canal, Japón y su cultura se exhiben a través de una serie de ficción, Sleeper Hit!. Trata sobre la industria del Manga, un negocio muy rentable que se ha extendido a otros países. El Manga y el Anime japonés fueron introducidos en la programación de Canal 22 hace alrededor de 16 años para satisfacer así a los fans de éste género de dibujo animado. Habían dejado de incluirse y hoy regresan.

Un producto más de la industria televisiva de Japón lo constituye la serie Princess Jellyfish; se colocó en la llamada Zona D, espacio de la televisión abierta destinado a la diversidad sexual. Creada en 2010 por Takahiro Omori, relata la historia de una chica de 18 años, Tsukumi, fanática de las medusas, quien tiene la peculiaridad de habitar un apartamento exclusivo para mujeres con aficiones diversas y poco comunes. La serie busca destruir los estereotipos de género y las directrices de lo femenino. Las mujeres que cohabitan en ese lugar se salen de lo convencional, saben y conocen a profundidad sus temas de interés, no encajan tampoco en los arquetipos de la diversidad sexual LGBT.

Hace algunos meses se difundió Clavel, otra novela televisiva que quiso describir, a través de la vida de una hija de familia que se vuelve empresaria, la evolución de un poblado japonés, de la manera de pensar y pensarse de las mujeres. La ruptura se produce a partir de la vocación de la protagonista por la costura. Ello la llevará a aprender, a trabajar e incluso a emigrar a una gran ciudad para conseguir hacerse de un negocio de confección de sus propios diseños.

Mucho Japón en tan poco espacio.  l