Marcada desde antes de empezar por las acerbas críticas de Ulises Ruiz e Ivonne Ortega al liderazgo de Claudia Ruiz Massieu, la elección interna del PRI parece dirigirse al abismo del fraude electoral. Al menos esa es la versión del propio Ruiz, a quien se le negó el registro para competir, pero también de Ortega y de Lorena Piñón, quienes coinciden en que se enfrentaron a maniobras fraudulentas del candidato oficial, Alejandro Moreno. Éste –dice la exgobernadora de Yucatán– será impuesto por la actual dirigencia y el expresidente Enrique Peña Nieto para entregarle el partido… al presidente López Obrador
En la elección interna del PRI más importante en los últimos años, porque forma parte de su renovación, la campaña por la dirigencia que realizaron Ivonne Ortega, Lorena Piñón y Alejandro Moreno Cárdenas estuvo salpicada de las viejas prácticas que llevaron al partido a su actual descrédito y a la reciente derrota electoral: la compra de funcionarios de casilla en 2 mil pesos, acarreo, sospechosas propiedades millonarias de los aspirantes, “cargada” de gobernadores, padrón de militantes inflado y urnas rellenas antes de la votación de este domingo 11.
Los propios candidatos observaron durante el proceso el poco interés de la militancia en participar, mientras que algunos líderes históricos del PRI ven con preocupación que muchos de sus simpatizantes se van a otros partidos, como Morena, PAN y Movimiento Ciudadano.
Este último partido ya invitó a sus filas al exrector de la UNAM José Narro, al excandidato presidencial Francisco Labastida y al exgobernador de Sinaloa Mario López Valdez.
Aun antes de iniciar formalmente la competencia, la ensombrecieron las acusaciones de que se preparaba un fraude. La cargada de 11 de los 12 gobernadores del PRI –sólo faltó la sonorense Claudia Pavlovich– a favor del aspirante Alejandro Moreno, Alito, durante una reunión en el Estado de México, provocó que José Narro dejara la competencia con el argumento de que ya se había decidido que ganara Moreno, gobernador con licencia de Campeche.
“Hoy hago pública una decisión –declaró el exrector y exsecretario de Salud–: mi renuncia a formar parte de la comedia y a legitimar lo que está viciado de origen. Mi renuncia a un partido en el que milité por más de 46 años (…) Es muy preocupante el curso que tomó el proceso de elección. Son evidentes las muestras de que existe un preferido de la cúpula del PRI. El candidato oficial de los gobernadores y de quien fue hasta recientemente el jefe político del partido”.
Posteriormente Beatriz Pagés hizo lo mismo, porque según ella se estaba entregando el PRI al presidente Andrés Manuel López Obrador. En tanto que Manlio Fabio Beltrones, expresidente del partido, anunció que no votará en estos comicios internos por estar en desacuerdo con el padrón “irregular” que se utilizará.
Ya Narro había denunciado que se estaba inflando el padrón con miles de militantes en Coahuila, Oaxaca y Campeche para favorecer a Alejandro Moreno; y éste, a su vez, consideró que esa acusación es parte de los “estertores de los últimos reptiles”.
Al conflicto se sumó el rechazo de la Comisión Nacional de Procesos Internos del PRI a registrar al exgobernador oaxaqueño Ulises Ruiz como candidato, aduciendo que no cumplía con el requisito estatutario de apoyo por parte de los sectores y organizaciones priistas. Lo mismo sucedió en primera instancia con Lorena Piñón, por haber aceptado supuestamente la candidatura del PAN a una diputación en Veracruz, pero ella aclaró eso y se le permitió la inscripción cuando ya había iniciado la campaña.
No hubo un solo día, de los 43 que duró la campaña, en que los aspirantes Ivonne Ortega, Lorena Piñón y Alejandro Moreno dejaran de lanzarse acusaciones de malos manejos de recursos públicos, propiedades mal habidas y alianzas con López Obrador o con los expresidentes Enrique Peña Nieto y Carlos Salinas de Gortari.
En los dos debates, pero sobre todo en el segundo, los tres pintaron de cuerpo completo al PRI con sus mutuos señalamientos de corrupción, compadrazgo, influyentismo y desviación de dinero público para su beneficio.
Ortega reprochó a Alito que tuviera en Campeche una propiedad valuada en más de 46 millones de pesos, así como dejar su entidad con una deuda de 2 mil 300 millones de pesos. Antes, Moreno señaló que en 2008, cuando Ortega gobernaba Yucatán, se adueñó de 2 mil 300 hectáreas, a lo que la aludida replicó que su familia posee los títulos de la propiedad desde 1931.
Piñón secundó a Moreno en sus críticas contra Ortega y le reclamó a ésta que se aliara con el también exgobernador Ulises Ruiz, quien –dijo– está acusado de delitos de lesa humanidad por el conflicto social de 2006 en Oaxaca, así como de actos de corrupción y desvíos millonarios.
En ese ambiente, los militantes de base escasearon en los actos públicos de los tres candidatos, aunque Alejandro Moreno logró reunir a varios miles en Oaxaca, Campeche, Coahuila y Chiapas.
La diputada Dulce María Sauri Riancho, expresidenta nacional del PRI, se dice preocupada por la baja expectativa que despertaron las campañas en la base priista y el nulo interés en el resto de la sociedad. Por eso observa, en breve entrevista, que si la elección interna no es creíble para la ciudadanía, el PRI perderá una oportunidad fundamental para renovarse.
–¿Qué partido encontrará quien gane la elección interna?
–Lo que viene después de la elección será muy complicado. El PRI tendría que aspirar a volverse opción de gobierno, pero para ello tendría que definir a dónde quiere ir, es decir, rumbo, y de quiénes pretende acompañarse, un programa… Yo era de las partidarias de: primero el plan, luego la persona; en este caso, primero el partido y luego la dirigencia. Pero se eligió el camino aparentemente más sencillo en lo inmediato. A ver a dónde nos conduce.
–¿Qué es lo peor que le puede pasar al PRI? ¿Un fraude a sí mismo?
–Quizá lo peor sea la indiferencia. No me asusta una baja votación, más vale enfrentarse con la misma realidad. Pero sí me preocuparía que hubiese una baja respuesta de la militancia.
Los preparativos del fraude
Según Ulises Ruiz, la dirigencia nacional encabezada por Claudia Ruiz Massieu, sobrina de Carlos Salinas de Gortari, ha hecho trampa desde el inicio del proceso de selección de candidatos, para allanarle el camino a Moreno Cárdenas.
Al quedar marginado, el exgobernador de Oaxaca se sumó a Ivonne Ortega y su candidato a secretario general, José Encarnación Alfaro. A decir de Ruiz, esto puso nerviosos a Alito Moreno y a su compañera de fórmula Carolina Viggiano Austria, esposa del exgobernador de Coahuila Rubén Moreira, responsable de la maquinaria electoral de la campaña del exgobernador de Campeche.
Experto en organización de elecciones, Ulises Ruiz sostiene que el equipo de Moreno, preocupado por el crecimiento de la campaña de Ivonne Ortega, comenzó a operar en estados como Tabasco, donde compró a los presidentes y secretarios de casilla por montos entre 200 y 2 mil pesos.
Lo mismo hacen, a decir de Ruiz, “en Coahuila, Campeche y Oaxaca. En esta última entidad todos los funcionarios están reuniéndose con los presidentes municipales del PRI, dándoles dinero, dándoles línea para hacer ganar a Alejandro Moreno porque están desesperados”.
Según él, días antes de la votación la dupla Ortega-Alfaro estaba 10 puntos arriba de Moreno y Viggiano. “Por eso están como locos –explica–, queriendo comprar a representantes de casillas para abultar las urnas y acarrear gente. Planean no instalar casillas para rellenar las urnas, en las zonas rurales están levantando las firmas y lo más cochino y burdo de todo es que van a meter 100 mil votos en Oaxaca, 80 mil en Campeche y 200 mil en Coahuila”.
Sostiene que la intención de Moreno y Viggiano es llegar a 80 o 90% de la votación con esos tres estados: “Van con todo para arrebatar la elección y robársela. Nosotros queremos… agarrarlos, así que cualquier funcionario al que se descubra promoviendo el voto será detenido y entregado a la Fiscalía General de la República”.
Con ese objetivo, dice, el domingo la gente que apoya a Ortega desplegará un operativo “cazamapaches” en Oaxaca, Coahuila y Campeche, para lo que pide la cooperación de la militancia con el fin de denunciar cualquier intento de fraude.
“Ya se están reuniendo presidentes del PRI y delegados de gobierno con los presidentes y secretarios de casillas, les están llevando la maleta con dinero para la movilización, están metiendo lana en efectivo para robarse la elección sin dejar huella”, advierte Ruiz.
–Es el colmo que se haga fraude hacia dentro del partido…
–Es lo que menos necesita el PRI: vivir del pasado con cosas que ya no se deben hacer. Pero aquí no hay autoridad, no hay normas y tampoco escrúpulos.
Moreno y Viggiano temen perder la elección porque hay un acuerdo de la actual dirigencia del PRI y de Enrique Peña con el presidente López Obrador para que en 2021 los priistas ayuden a Morena a sacar las iniciativas que van a proponer en la Cámara de Diputados, afirma Ulises Ruiz.
La razón de ese compromiso es que López Obrador sabe que no va a tener la mayoría en 2021 y necesita la bisagra priista, a fin de que junto al Partido Verde y las Redes Progresistas de Elba Esther Gordillo puedan conformar esa fuerza, dice.
“Una cosa fue que Morena jaló el voto por el enojo de la gente en contra de Peña y el nombre de Andrés Manuel, y otra que tengan el voto asegurado en las cámaras –abunda–. No les alcanza. Por eso necesitan al PRI para tener la mayoría. Por eso están presionando para que gane Alejandro Moreno.”
–Con la experiencia que usted tiene, ¿le sorprende lo que están haciendo?
–No me sorprende, más bien me parece que es lo peor que puede vivir el partido. Lo que menos necesita el PRI es entregarse a Morena, y eso es lo que significa Moreno.
“Ante una abstención fuerte, van a hacer una movilización para meter miles de votos en Campeche, Oaxaca y Coahuila, y, sin importar que la votación sea de 10 o 15%, imponer a Alito. La baja votación no les importa, ellos van a cumplir con el cometido de imponer a Alejandro Moreno y poner el PRI al servicio de López Obrador. Eso es lo que se está jugando en el PRI.”
Insiste en que él seguirá convocando a la militancia a un cambio para que la selección de todos los candidatos se abra a la votación directa de las bases, se expulse a todos los corruptos, el partido se convierta en una verdadera oposición y empiece su refundación.
“A mí me pueden decir misa, pero no me han comprobado ni un solo desvío y estoy abierto a cualquiera. Comparado con José Murat, que quiere mantener a su hijo Alejandro, o a Rubén Moreira, que quiere imponer a su esposa Carolina Viggiano como candidata. Ellos traen puros intereses económicos y saqueos, que es lo que nos hundió. Esta es una enorme oportunidad si se limpia el partido, si se saca la basura, porque si no, la gente no va a creer en que habrá un cambio en el PRI.”
Al respecto, Lorena Piñón coincide en que desde la actual dirigencia nacional se cargaron los dados. Señala, en entrevista, que Claudia Ruiz Massieu no puso piso parejo para todos los competidores y fue omisa cuando la quisieron marginar de la elección interna con el invento de que fue candidata del PAN.
Al filo del cierre de campaña (el viernes 9) Piñón considera que la base priista no le dio su confianza plena a ninguno de los candidatos a presidirlo “porque sólo la usan para votar y luego la abandonan”. Por esa razón, la aspirante prevé una baja participación de votantes.








