Flamenco en El Lunario

Tuvimos recientemente la oportunidad de apreciar una excelente función del arte del toque, cante y baile en El Lunario del Auditorio Nacional, presentada por Hojas de té, centro de flamenco y experimentación artística. Se trata de un grupo que en su espacio ha cultivado desde hace ya siete años este arte de raigambre andaluz, produciendo, perfeccionando y enseñando, siempre apoyados por personajes de renombre venidos de España.

Hojas de té, además, ofrece cada fin de semana lo más destacado del panorama nacional en esta materia.

La función se inició con un divertimento rítmico por bulería en el que los participantes mostraron su arte y la complicidad que habría de desarrollarse durante la noche.

Continuó Pilar Fernández, joven bailaora, quien al compás de una guajira se mostró elegante y coqueta, con amplios desplazamientos en el escenario y chispeantes juegos rítmicos, acompañados del complicado manejo del abanico.

Enseguida, el bailaor español Antonio Rodríguez El Chupete, con destacado estilo, se desplegó en una soleá por bulería con un impresionante manejo del compás que dejó boquiabierta a la afición por su zapateado y desbordante energía.

Sin duda la estrella de la noche fue Marién Luévano, de contundente técnica y verdad escénica, reconocida por su excelencia y larga trayectoria. Al compás de una majestuosa soleá encaró con prestancia la complejidad rítmica a la que engalanó con destacados zapateados.

Siguió Selene González, de colorido vestido, que ejecutó unos tarantos que terminaron en alegóricos tangos. El banquete flamenco continuó con otro bailaor español, Pedro Córdoba, de porte contundente, quien bailó por alegrías e hizo que el público entusiasmado se levantara de sus asientos aplaudiendo y gritando.

En lo que se refiere a la música, engalanando el compás, disfrutamos de la voz de los españoles Mario y Cachito Díaz (padre e hijo), Ulises Martínez al violín, Ricardo Sánchez en la guitarra, todos ellos acompañados por las palmas de los mismos bailaores que, por turnos, le dieron fuerza y colorido a cada uno de los bailes. Todos muy festejados por el público.

Lo malo de estas funciones en el Lunario, cuyos boletos no son precisamente baratos, es que no hay un programa de mano que ilustre al público con unas notas al programa, y donde además sea posible enterarse de los nombres de las piezas interpretadas y de los participantes.

Para terminar, un fin de fiesta en el que también los músicos lucieron sus habilidades en el baile fue el cierre con broche de oro de una función que mostró los entrecruzamientos entre México y España, y la extraordinaria calidad que ha logrado el arte flamenco en nuestro país. l