De Manuel Guerrero Ramos
Señor director:
Las palabras del presidente Andrés Manuel López Obrador respecto de la revista Proceso son el sentir de un líder de una importante parte de los votantes de este país al que no le agrada que la sociedad y que los medios de comunicación tengan espíritu crítico y no le sean incondicionales, a diferencia de la actuación de un importante número de senadores, diputados, gobernantes y funcionarios públicos de Morena y partidos aliados.
Esos legisladores, gobernantes y funcionarios, gracias a su subordinación ante el Ejecutivo federal, disfrutan de la tranquilidad económica, entre otros beneficios, que ofrece el pertenecer a la clase política mayoritaria.
En un país que no prospera, y donde un importante sector de la sociedad carece de oportunidades de crecimiento económico, social y político, no es raro que gran parte de la clase gobernante de la Cuarta Transformación y sus partidos aliados actúen como fanáticos de las decisiones dictadas desde Palacio Nacional, so pena de por perder su fuente de ingresos y bienestar.
Al no existir una oposición real dentro de su partido, quizá lo que le molesta al Ejecutivo federal es el peligro de que los medios de comunicación, como Proceso, que informan con imparcialidad, veracidad, investigación y análisis sobre los problemas del país, estimulen la conciencia crítica y la participación de un importante segmento de la sociedad, disminuyendo a corto plazo la comodidad de la que goza la clase política de Morena en el poder, y a mediano plazo, que la votación no les favorezca en las próximas elecciones en las que deberá renovarse el Congreso.
Con todo respeto a los políticos de Morena, es necesario recordarle que la prensa responsable y congruente es un importante contrapeso al poder presidencial, sobre todo en estos momentos en que una gran mayoría de esa clase legislativa y gobernante no se comporta con la autonomía que se requiere.
En lugar de ayudar al país y al presidente mediante la crítica, se aprecia que los políticos están más ocupados en disfrutar y mantener sus beneficios a costa del retroceso de la sociedad mexicana en materia de bienestar, democracia y, por supuesto, libertad de expresión.
Por las fundadas razones expuestas, expreso mi total solidaridad con la revista Proceso que ha ejercido la libertad de expresión de manera responsable, imparcial, constructiva y analítica durante décadas en beneficio de ésta y anteriores generaciones.








