Señor director:
A causa de un fuerte dolor renal, el martes 2 acudí al área de urgencias de la clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) que me corresponde. Después de esperar un rato por fin me atendieron para tomarme la presión y temperatura; luego tuve que aguardar más para que me atendiera un médico.
Tras inyectarme para disminuir el dolor me dieron unas pastillas y explicaron que tenía que acudir con mi médico familiar; él me daría más medicina y ordenaría que me hicieran exámenes.
Ese mismo día fui con mi doctor. Efectivamente, me expidió las recetas y me mandó a hacer una radiografía y un examen general de orina. Sin embargo, por alguna razón tachó la palabra “urgente” que estaba impresa en la hoja de solicitud de estudios. Ese tachón causó que me citaran el 18 de julio y 5 de agosto para mis análisis, siendo el 09 de agosto la próxima consulta con el médico familiar.
Como no quise esperar tantos días para saber mi diagnóstico, acudí a clínicas particulares. Los análisis determinaron que en un riñón tengo una piedra de más de 8 milímetros.
El dolor se intensificó el sábado 6 y acudí al consultorio de una de esas farmacias que venden medicamentos similares. Ahí la atención fue mucho más eficiente en comparación con el IMSS; me inyectaron y me dieron varios medicamentos con el conocimiento de mi diagnóstico.
De todo esto me surgen varias dudas. Como tuve los recursos pude hacerme los análisis clínicos por mi cuenta y acudí a un consultorio particular, pero ¿qué ocurre con los millones de mexicanos que no tienen recursos? ¿Deben aguantar dolores y esperar semanas o meses para que les den un diagnóstico? ¿Cómo es posible que en los consultorios privados den mucho mejor atención que en el IMSS?
Atentamente:
José Manuel Placeres Castro








