Para Claudia Cabeza
Este año se conmemoran el centenario del nacimiento de la escritora irlandesa Iris Murdoch (Dublín, 15 de julio), quien murió el 8 de febrero de 1999 en Oxfordshine, Inglaterra. Estudió filosofía en Oxford y Cambridge y fue alumna de Ludwig Wittgenstein. En 1948 obtuvo una cátedra en Oxford.
El deseo de discutir ampliamente los problemas del conocimiento, la verdad, la moral, la lógica… provocó que cuestionara el discurso filosófico, por su lenguaje sólo accesible para los iniciados. La posición radical que asumió la enfrentó a sus colegas en la academia, quienes la marginaron. El rechazo sufrido la decidió a escribir literatura, como una manera de difundir los asuntos ontológicos a un público mayor. La gran aceptación tenida la impulso a escribir dos libros de poesía, 26 novelas y seis dramas, además de no dejar de escribir ensayos filosóficos.
En 1963 abandonó la vida académica para dedicarse a la literatura. Quince años después dio a conocer su decimonovena novela: El mar, el mar (Lumen; Barcelona, 2019. 736 p.) que obtuvo el prestigiado Premio Booker en 1978.
La historia es narrada por el personaje central Charles Arrowly, un dramaturgo retirado que cuenta su vida diaria para luego reflexionar sobre las experiencias en teatro y amores. El relato se altera cuando aparecen familiares, amigos y discípulos. Entonces refiere brevemente las anécdotas y relaciones tenidas con ese grupo. Luego Charles descubre que en el lugar vive su primer amor y renacen en él los sentimientos amorosos que lo llevaran a reconquistarla. El hecho desencadenará equívocos y violencias en donde participarán todos los personajes.
En esta novela Iris Murdoch muestra cómo en toda relación intervienen los sentimientos. Los deseos y afectos producidos, tanto positivos como negativos, provocan ideales, modos, maneras, tipos… que buscan realizarse. Para lograrlo los sujetos se obligan a sí mismos y a los demás a seguir pautas. Los resultados son seres contenidos. Quienes resisten y mantienen en la rebeldía son aislados o se separan del grupo, la sociedad. Para Murdoch, el conocimiento de estos problemas permitirá a los sujetos incorporar distintas categorías en el establecimiento de contactos como la reflexión, el entendimiento, la prudencia, el respeto, la moderación, que suscitarán maneras de encontrarse más equilibradas.
El mar, el mar es una novela desigual. La narrativa de Murdoch es impecable, no así la trama, que al incluir a varios personajes confunde y resta fuerza al eje dramático. Sin embargo, inquieta al lector por la propuesta de modificar los vínculos entre individuos y la percepción de la realidad. l20








