Rodolfo Usigli (1905-1979) fue un parteaguas dentro del teatro mexicano. Como dramaturgo, teórico y maestro teatral se comprometió en la creación de un teatro nacional con una interpretación crítica de la historia y de nuestra cultura.
A 40 años de su muerte, y con minúsculas celebraciones, las enseñanzas de Usigli permanecen y su obra de El gesticulador continúa representándose porque en la política siguen existiendo los impostores que se creen sus propias mentiras al adquirir cualquier poder.
Usigli no pensaba en crear un teatro universal, pues para él el teatro era la imagen misma de la sociedad y desde lo particular podía crearse un público nacional al que se le hablara desde su realidad. A esta postura le antecedió el Teatro de Ahora, impulsado por Mauricio Magdaleno y Juan Bustillo Oro en 1932 en contracorriente del Teatro Ulises, que proclamaba todo lo contrario. Rodolfo Usigli profesaba el lema de “El teatro de un país es siempre y sólo de ese país, sin importar que sus obras se universalicen o no”.
Así, buscaba en el teatro la identidad como mexicanos, hablando de nuestra historia con una mirada crítica y mostrando los vicios de la clase media.
En sus comedias impolíticas (1933-1935), la primera etapa de su dramaturgia, recurre al humor y la farsa para exhibir los usos y costumbres políticos del periodo postrevolucionario y de su momento. Estado de secreto, la única de este tipo que en su tiempo se estrenó (1936), es un thriller policiaco –como lo llama Flavio González Mello– que muestra a Calles detrás de la clase política en el poder, estando presente la pluralidad de poderes. En esta obra, que Mauricio Jiménez estrenó en el 2008 en el Teatro Orientación protagonizada por Roberto Soto y con muy buenos resultados, ridiculiza los manejos políticos detrás del trono, como lo fue durante tantos años en el priísmo.
Sus dramas psicológicos son en realidad melodramas que dieron resultado en él. La reconocida película Ensayo de un crimen, dirigida por Luis Buñuel en 1955, se basó en una novela de Usigli, y su obra de teatro El niño y la niebla fue estelarizada en 1953 por Dolores del Río, bajo la dirección de Roberto Gavaldón. En el ámbito teatral, Jano es una muchacha fue un éxito al provocar un escándalo cuando la presentaron en 1952, al hacer una crítica radical a la hipocresía social y rural del México tradicional que mostraba a una muchacha
que vivía como chica decente en su casa y en la noche era una mujer sofisticada de burdel, adelantándose a Luis Buñuel y su Bella de día.
La trilogía de obras antihistóricas –como él las llamó–, aborda distintos personajes de la historia de México: Maximiliano y Carlota en Corona de sombras (1943), Hernán Cortés y Cuauhtémoc en Corona de fuego (1960), y a la Virgen de Guadalupe en Corona de luz (1963). Para Usigli estas obras son antihistóricas porque toman sucesos históricos pero los expone a partir de situaciones e interpretaciones del autor: “recordar con ayuda de la imaginación”.
Si bien estas obras se criticaron por su posición “antimexicana”, Vicente Leñero aclara, en el libro Usigli en el teatro de Ramón Layera (1996), que esta postura se debe a que Usigli siempre quería ir en contra de la historia oficial, y que eso implicaba, al cambiar los puntos de vista, posturas incómodas.
Su libro Itinerario del autor dramático se utilizó durante muchos años como la guía para las clases de Teoría dramática en el Colegio de Literatura Dramática de la UNAM –que Usigli le heredó a Luisa Josefina Hernández–, y en la que se han formado gran cantidad de dramaturgos. Su espíritu vive.








