Gustavo de Hoyos, presidente de la Coparmex, ha destacado por sus constantes críticas al presidente Andrés Manuel López Obrador, de quien dijo que ejerce un “liderazgo lamentable”. El líder empresarial asegura que, si pudiera hablar con el mandatario, le pediría que cancele el aeropuerto de Santa Lucía y la refinería de Dos Bocas, pero sobre todo que “evite la polarización y convoque a la unidad”. En entrevista con Proceso respecto de lo que se advierte como una intención de lanzarse por la Presidencia en el 2024, responde: “Ni me encarto ni me descarto”.
Admirador de Claudio X. González, el ideólogo del sector privado, y de Andrés Marcelo Sada, el líder empresarial que se enfrentó a Luis Echeverría, Gustavo de Hoyos Walther, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), gusta de la política y acaricia el proyecto de ser presidente de México.
“No es vergonzante que un ciudadano, llegado el momento, pueda transitar a lo público”, aclara De Hoyos sobre su aspiración política tras concluir, en diciembre, cuatro periodos consecutivos como líder de los patrones de México, con un activismo sin precedente.
–¿Quiere usted ser presidente de la República?
–Quiero ser un buen presidente de la Coparmex hasta el último día y quiero seguir participando en la vida pública del país. No he tomado una decisión de futuro, pero ni me encarto ni me descarto.
Es el martes 11 y De Hoyos habla con el reportero en El Balcón del Zócalo, restaurante desde donde se ve, de frente, el Palacio Nacional. Mientras posa para el fotógrafo Benjamín Flores, imagina la fotografía con la sede del Poder Ejecutivo como fondo: “Habrá muchas interpretaciones”.
En entrevista, el abogado bajacaliforniano critica el manejo de “claroscuros” de la política económica del presidente Andrés Manuel López Obrador y dice que, si le concede una audiencia, le pedirá que cancele el aeropuerto de Santa Lucía y la refinería de Dos Bocas, pero sobre todo que “evite la polarización y convoque a la unidad”.
Emplaza: “El presidente está ante una gran oportunidad, con su popularidad, con su legitimidad de origen, de llamar a la concordia y reconocer, como lo hacen los jefes de Estado, que hay decisiones que, aunque son de buena fe, a veces no dan los resultados, y ponerse en el lado correcto”.
Junto con los Claudio X. González, padre e hijo, De Hoyos articula la oposición a López Obrador y critica sus decisiones, a costa de contradecir a Carlos Salazar, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), organismo cúpula del sector privado, quien elogió el liderazgo presidencial tras el acuerdo con Donald Trump: “Carlos dijo que estábamos unidos en torno a un gran liderazgo y yo pienso que es un liderazgo lamentable el del presidente. No tenemos en el país un gran liderazgo en la figura del presidente. Es un liderazgo desafortunado”, define.
De Hoyos es uno de los principales promotores de los 147 amparos contra Santa Lucía, que ya ha logrado suspensiones definitivas de las obras, y de que se continúe la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en Texcoco.
“El próximo presidente de la República, del partido que sea, para no futurearle, podría tener un espacio de rectificación; este debate no se acaba en cinco años”, advierte sobre la construcción del NAIM.
–De ser presidente de la República, ¿usted seguiría con ese proyecto?
–Absolutamente.
–¿Y cancelaría también Dos Bocas?
–Absolutamente.
–Pues ya anda en campaña.
–No ando en campaña (presidencial). Sí ando en campaña para que no sea en Dos Bocas y en campaña para tratar de que se tome la decisión más afortunada en materia aeronáutica, que estoy convencido que es concluir el aeropuerto.
El abogado advierte que él y las organizaciones del colectivo #NoMásDerroches tienen el objetivo irreductible de cancelar el aeropuerto en Santa Lucía: “Nuestro propósito es que no se ejecute esa obra. Quienes creemos en el estado de derecho no tenemos más que la voz y, cuando la voz no es suficiente, la acción legal. Es la ruta en la que estamos”.
–¿El objetivo es que no sea Santa Lucía?
–Así es, de plano, claramente, sin ambigüedades.
–Esa es bandera para una campaña.
–Es una buena bandera para el país, olvidémonos de campaña. Lo digo con toda claridad: lo que nos impulsa en este caso es la convicción de que se está materializando el acto lesivo más dañino en la historia de este país, que es el abandono del aeropuerto.
–¿Es así de serio?
–Lo digo así: es el acto unitario lesivo, deliberado, más nocivo en la historia de este país. Ha habido errores y corruptelas gravísimas, pero que haya una decisión institucional del gobierno, a sabiendas de una consecuencia inmediata directa de esa decisión, no hay ninguna en la historia de este país.
“Se han equivocado en la economía y han generado grandísimos trastornos, pero esto es un acto deliberado dañino. No hay vuelta de hoja. ¡Por eso es que nos oponemos! ¡Por eso no queremos que se deconstruya!”
Más aún, subraya, no hay acciones contra la corrupción que López Obrador aseguró que existía en el NAIM: “Si era para hacer dinero, había contratos leoninos, sobrecostos y alguien se quería quedar con la tierra, ¿en dónde están las denuncias? Ahí no hay más que dos: o miente o es cómplice. ¡No hay más! ¡Y no puedo aceptar la complicidad ni la mentira!”
Mi amigo Claudio
Abogado por la Universidad Autónoma de Baja California, de cuyo patronato es integrante, De Hoyos hace política en la Coparmex desde 1994 con el ejemplo de figuras que presidieron el organismo, como Manuel Clouthier, Carlos Abascal y, sobre todo, Andrés Marcelo Sada Zambrano.
“Él a mí me inspira”, dice sobre el líder patronal regiomontano en los setenta, que presidió la Coparmex entre 1976 y 1978, al final del gobierno de Echeverría y al principio del de José López Portilllo, presidentes detestados por el sindicato patronal.
“Hemos tenido grandes presidentes, pero Andrés Marcelo representa con toda claridad que quien dirige una organización como ésta, no puede claudicar, aunque se amenace y se señale a su persona o a la organización que representa”, subraya.
“En la época de Andrés Marcelo, siendo presidente Echeverría, se le tildó de traidor a la patria y eso no lo movió un milímetro de sus posiciones. Se le amenazó en la parte de sus negocios y se mantuvo inquebrantable.”
Entre los líderes empresariales que De Hoyos admira está también Claudio X. González Laporte, exasesor de Carlos Salinas, expresidente del CCE, del Consejo de Mexicano de Negocios y accionista mayoritario de Kimberly Klark de México, señalado de haber tenido privilegios fiscales por su relación con el poder priista y panista.
“Es uno de los grandes baluartes que tiene el país. A los hombres a veces hay que juzgarlos en su perspectiva de largo plazo. Ahí es cuando se ponen en balance sus aciertos y sus errores. Yo creo que el balance de don Claudio es altísimamente positivo para el país. Desde luego, tengo el más alto aprecio por lo que está haciendo Claudio, su hijo.”
Se refiere a Claudio X. González Guajardo, colaborador de Salinas en su campaña, exasesor de Ernesto Zedillo, expresidente de Fundación Televisa y de Mexicanos Primero, el organismo que diseñó la reforma educativa de Enrique Peña Nieto, que ya fue derogada.
“Somos correligionarios de muchas causas, como el aeropuerto, pero de esa y 20 más. Y creo que en esa parte combativa, esa visión transformadora, está un legado de gran futuro para el país”.
–Para sus conveniencias…
–Disiento de esa postura. Sí creo que cada uno, en su circunstancia, ha hecho una gran aportación al país. Con quien he tenido una mayor interacción, por razón generacional, es con Claudio, y sostengo y defiendo que es un mexicano ejemplar.
Junto con González Guajardo, el presidente de la Coparmex lideró la exigencia para que los servidores públicos, dirigentes de partido y candidatos hicieran públicas sus declaraciones “3de3”: Patrimonial, fiscal y de intereses.
De esta iniciativa formaron parte, también, Transparencia Mexicana, un organismo que cobraba al gobierno para validar licitaciones, y el Instituto Mexicano para la Competitividad, dirigido por Juan Pardinas Carpizo antes de ser nombrado director editorial del diario Reforma.
Ahora De Hoyos, junto con González Laporte, ha activado su grupo de presión para frenar el aeropuerto de Santa Lucía y luego Dos Bocas, mediante la estrategia de promover amparos, como el que promovió el empresario textilero Juan Gabriel Morera Mitre.
Se trata del hermano de María Elena Morera Mitre, presidenta de Causa en Común, quien avaló la política de guerra de Felipe Calderón y cuyo hijo, Juan Pablo Galindo Morera, fue acogido por Genaro García Luna en la Secretaría de Seguridad Pública.
El muchacho, sin ninguna experiencia, pasó de cobrar 17 mil a 97 mil pesos al mes durante el sexenio de Calderón, mientras que Morera recibió, sin tener tampoco experiencia, dos contratos por 109 mil pesos cada uno de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, cuyo presidente era Mony de Swaan.
Además de Causa en Común, participan en #NoMásDerroches, México Unido contra la Delincuencia, la Comisión Mexicana de Derechos Humanos, Mexicanos contra la Corrupción y el Colegio de la Abogacía creado hace un año por la Asociación de Abogados de Empresa, la Barra Mexicana Colegio de Abogados y el Ilustre Nacional Colegio de Abogados.
Que AMLO rectifique
De Hoyos Walther es un viajero permanente en el país, con visitas a los estados para reunirse con empresarios y autoridades, y sólo descansa los fines de semana en Mexicali, su ciudad natal. Desde temprano los lunes está activo en las redes sociales posicionando temas, a menudo con videos.
Aunque respalda decisiones del gobierno de López Obrador, como la disciplina fiscal, la apertura comercial o el respeto a la autonomía del Banco de México, es un duro crítico de las que considera erróneas, en un tono más encendido del que suele tener la Coparmex.
“Obviamente, la postura de la Coparmex, como queda cotidianamente acreditado, es la más crítica hacia las decisiones y acciones del presidente, es la más vocal, la que dice las cosas como son, pero es natural, somos un sindicato patronal y nos asumimos en esa lógica.”
La Coparmex ha sido semillero del PAN, cuya mayoría de expresidentes se le sumaron desde los setenta: Clouthier, José Luis Coindreau, José María Basagoiti, Alfredo Sandoval, Jorge Ocejo, Antonio Sánchez Díaz de Rivera, Abascal, Gerardo Aranda, Jorge Espina, Bernardo Ardavín Migoni…
Los presidentes más recientes han sido más discretos en su panismo, pero con un claro sello filopanista. De Hoyos asegura que no es su caso, porque él dialoga con todos los partidos políticos.
“Es una definición, para mí fundamental, que la Coparmex conserve un perfil apartidista, no nos va a costar ni nos cuesta construir con ningún partido”, subraya, aunque en el caso de Morena y López Obrador hay diferencias.
Donde De Hoyos ve “signos negativos” de López Obrador es en “vulnerar la confianza que, a su vez, proviene de la certidumbre”, y dos elementos en ese sentido son la cancelación del NAIM y la cancelación de las rondas en el sector energético.
También critica “la visión equivocada” del gobierno de construir la refinería de Dos Bocas y, además, la falta de entendimiento de la importancia de las calificaciones crediticias, que con su degradación ha crecido de manera exponencial.
Por eso, apura a López Obrador a rectificar para recuperar la confianza de los inversionistas mediante tres “golpes de timón”: reactivar las rondas energéticas, cancelar Dos Bocas y reactivar el NAIM. “No quiero tres de tres. Simplemente una señal de suspensión de Santa Lucía para hacer una revaloración”.
Aunque tiene comunicación prácticamente con todos los secretarios del gabinete y con el jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, no se ha reunido con López Obrador. “Esperaría que pudiéramos tener ese espacio pronto”.
–¿Qué le diría?
–Seguramente esto y, bueno, si el tiempo nos permitiera, otras cosas más.
–¿Qué, por ejemplo?
–Lo más sencillo que puede lograr el presidente es provocar la unidad y evitar la polarización. Eso no cuesta dinero, cuesta voluntad. Y si algo está haciendo es que muchos empresarios, muchas organizaciones, estén pensándosela dos veces para invertir; más allá de los problemas exógenos de la economía, es la falta de confianza derivada de esas posiciones.
En México, dice, López Obrador está llamado a generar unidad y, a seis meses de que asumió la Presidencia y a casi un año de que ganó la elección, tiene un lenguaje de campaña.
Justo cuando López Obrador cumpla su primer año de gobierno, en diciembre, De Hoyos dejará la presidencia de la Coparmex y se embarcará en un proyecto político. “Es parte de la evolución que puede tener un ciudadano”.
El reportero le pregunta si le atrae una candidatura “ciudadana”, como la de Enrique Cárdenas a gobernador de Puebla, mediante la cual González Guajardo y Amparo Casar, coordinadora de asesores de Santiago Creel en la Secretaría de Gobernación, se la propusieron a la misma coalición que apoyó a Ricardo Anaya: PAN, PRD y Movimiento Ciudadano.
Lo niega, pero no lo descarta: “No estoy en esa ruta, ni mucho menos estoy en pláticas con ningún partido para algo así. Para decirlo con toda claridad: no es tiempo”.








