El pasado mes de mayo murió el escritor norteamericano Tom Wolfe, autor de novelas fundamentales como La hoguera de las vanidades (1987), Todo un hombre (1998), Soy Charlotte Simmons (2004) y Bloody Miami (2012). Y considerado como uno de los fundadores del llamado “nuevo periodismo”, movimiento literario que en la elaboración de crónicas, reportajes, narraciones e historias va más allá de los hechos y enriquece a través de un lenguaje estético y un desarrollo de los sucesos que se amplían con la imaginación.
Dentro de esta forma literaria escribió Ponche de ácido lisérgico (1968), La izquierda exquisita y Mau-Mauando el parachoques (1970), Los años del desmadre (1976) y Elegidos para la gloria (1979), entre otros. Libros en donde desarrolló un estilo agudo y crítico para desmitificar los valores, los grupos, las personalidades, las instituciones… que mantienen un orden autoritario e injusto disfrazado con actitudes liberales e íntegras.
En 2016 publicó El reino del lenguaje (Anagrama. Col. Argumentos; Barcelona, 2018. 184 p.), donde recrea de manera crítica la teoría de la evolución, en un entorno de lucha de poder por un grupo de biólogos frente a un aislado naturista: Alfred Russel Wallace. Específicamente destaca el abuso de Charles Darwin al presentar las mismas conclusiones que Wallace en un ensayo que escribe a partir de las observaciones y resultados del primero y que presenta como suyas. Luego el uso de instituciones y revistas para resaltar la participación de Darwin como central.
En la segunda parte del libro muestra cómo Noam Chomsky plantea la teoría lingüística denominada Gramática Universal y crea en el Instituto Tecnológico de Massachusetts un grupo de influencia “científica”. La manera en que lo hace es a través de un activismo político en donde denuncia los excesos e injusticias, lo que le da una plataforma de difusión y presenta como un abanderado de las causas sociales. Así como mediante la academia, que le permite controlar instituciones y revistas que privilegian todo aquello que fortalece sus supuestos teóricos y descalifica y desprecia a quienes disienten. Tal es el caso del lingüista David Everett, quien a través del análisis de campo, con los pirahä en el amazonas, demuestra que el fundamento principal de Chomsky de un principio común a todas las lenguas, es falso, y muestra que cada lengua responde a un contexto particular e histórico.
Señala Wolfe que al tener una presencia pública global y mantener controladas las críticas a su posición, obtiene prebendas y apoyos increíbles, que le permiten recibir premios, viajar y mantener altos presupuestos para su grupo, becas e intercambios en todo el mundo. De esta manera Chomsky ha constituido un grupo de poder que actúa de acuerdo a sus intereses e influye sobre diferentes gobiernos.
El reino del lenguaje es un ensayo mordaz y cuestionador de los santones más influyentes de la evolución y el lenguaje: Darwin y Chomsky, y los presenta en su faceta de déspotas, prepotentes e integrantes de la hipócrita izquierda exquisita. l








