Señor director:
Respecto de la carta de solicitud de publicación que el vocero del PAN dirige a Palabra de Lector para negar la veracidad del artículo del reportero Álvaro Delgado: “La cúpula panista se paga sueldazos con dinero de los mexicanos”, que a su vez fue contestada por el propio autor, citando la fuente oficial irrebatible del propio partido, considero obligado intervenir no sólo por cuanto a la verdad del contenido del reportaje y la afrenta que entraña a la pobreza de los mexicanos, sino también por lo que significa en la historia de ese instituto político.
En efecto, el PAN nació como partido independiente hace 80 años para generar el cambio político democrático hacia un régimen de partidos libres y auténticos, ello para proscribir la vergüenza y el atraso de la existencia de un partido oficial (PRI).
Hacia 1992, el PAN –ya infiltrado por una corriente pragmática que a la voz de “a una democracia sin adjetivos” cambió el rumbo para llegar al poder sin importar los medios– se sumó a los partidos financiados con recursos públicos y canceló su medio de subsistencia económica y gastos ordinarios mediante la obtención de donativos populares vía la venta de boletos para rifas en las distintas plazas públicas de la República.
Para la realización de actos de campaña sólo se aceptaba el apoyo oficial en especie, impresión de propaganda y disposición de espacios en radio y televisión con los costos de la producción.
En adelante, los dineros del presupuesto sostendrían al partido. Así se generó una casta burocrática con exorbitantes ingresos, entregando los ideales y programas de la reforma política a la conveniencia de no correr riesgos en el sostén de sus privilegios.
Los primeros 50 años de servicios a México fueron de un verdadero partido de ciudadanos independientes y responsables. Esa época heroica de trabajo voluntario no remunerado ha quedado sepultada, convertida en el remedo de un partido oficial que, aunque mantenga la denominación, se parece más al PRI que al PAN, que en sus orígenes quiso cambiar el sistema político que tanto ha dañado y costado a México, con el saldo de la decadencia de nuestros días en los que todos, sin excepción, son partidos oficiales, cada vez más dependientes de costosísimos subsidios.
Atentamente:
Jesús González Schmal








