Señor director:
Silvia Pimentel Álvarez y Jorge Márquez Delgadillo, por medio de la presente y en nuestra calidad de padres de familia de SFMP, hacemos de su conocimiento la falta de interés por escuchamos o escuchar a mi hija.
También denunciamos la insensibilidad y el nulo apoyo violatorio de los derechos humanos de parte del obispo Rogelio Hernández, presidente del organismo rector, de Ángel Gabriel Enderi, de los integrantes de la Conferencia Anual Septentrional, del Gabinete Conferencial y del superintendente de distrito, José Zayas, ante la denuncia de acoso y hostigamiento sexual ocurridos el 14 de mayo de 2019, en las instalaciones de la escuela particular a su cargo, Julián Villagrán, en Pachuca, Hidalgo.
Acudimos a la escuela a un partido de basquetbol convocado por la misma y en el que participarían alumnos y maestros. El capellán de la institución, Édgar Abdiel Quintero Galindo, jugó en el equipo contrario en el que estaba mi hija, el de sexto semestre de preparatoria. En una jugada en particular, cuando mi hija tuvo el balón, el capellán, con alevosía, en un acto libidinoso y de acoso, se puso detrás de ella para supuestamente quitarle el balón, pero le dio un “arrimón” –como vulgarmente se dice– acercando la parte media de su cuerpo contra la de mi hija, al punto de que ella sintió el pene en sus glúteos.
Al momento, mi hija gritó en señal de enojo y lo empujó. Sin embargo, él insistió y con toda intención le acercó aún más su parte viril; mi hija levantó las manos solicitando apoyo del árbitro y manifestando el acoso de que fue objeto. Salió muy enojada. El resto del equipo, nosotros y el profesor que estaba arbitrando el juego son testigos, se dieron cuenta de la situación.
Inmediatamente acudimos a la administradora y máxima autoridad en la escuela –para informar lo sucedido de propia voz de mi hija–, quien procedió a levantar un acta de los hechos, entendiendo la gravedad de nuestra queja.
Semanas antes nos acercamos al Consejo de Administración de la Escuela para denunciar las maneras lascivas con la que el capellán Édgar Abdiel Quintero Galindo observa a las alumnas, el exceso de confianza con la cual se acerca a ellas y lo incómodas que las hace sentir.
Además, le solicitamos con todo respeto y de manera enérgica que se vele por la integridad de nuestros hijos y no se permita que esta persona siga incurriendo en este tipo de abusos. Mi hija sufre daño psicológico, no duerme, teme encontrarse con esa persona, llora y está triste; no se presentó a la escuela durante varios días.
Édgar Abdiel Quintero Galindo ya no forma parte de la institución educativa pero mantiene su cargo pastoral dentro de la Iglesia Metodista. Cabe mencionar que su esposa, Berenice Enoé Carmona García, es pastora de la Iglesia Metodista de México AR “El Divino Salvador”, de la ciudad de Pachuca, y está enterada de los hechos.
En lugar de apoyar a la víctima defendió a su marido e inculpó a la escuela por tratar de reprender a su esposo. Como está apoyado por el gabinete y parte del consejo de la escuela, este sujeto pronto será reasignado y podrá nuevamente abusar de su cargo y puesto eclesiástico en donde lo reasignen.
Nosotros nos preguntamos: ¿hasta cuándo tanta impunidad? ¿Protegen a este señor porque es pastor religioso? Ojalá el obispo Rogelio Hernández, presidente del organismo rector; Ángel Gabriel Enderi, integrante de la Conferencia Anual Septentrional, el Gabinete Conferencial y el superintendente de Distrito, José Zayas, ya no solapen este tipo de delitos. Cabe mencionar que se abrió una carpeta de investigación en el Centro de Justicia para Mujeres del Estado de Hidalgo, radicada en esta ciudad (NUC: 12-2019-07364).
Atentamente:
Silvia Pimentel Álvarez y Jorge Márquez Delgadillo, Padres de familia








