Assange, Snowden: Filtraciones y periodismo

El periodismo que descubre corrupciones, fraudes, delitos de guerra o electorales, complicidades entre delincuentes y políticos, es imposible de ejercer sin atravesar las barreras, las falsas pistas colocadas por los poderosos, los que mienten, los que engañan, los que se resisten a rendir cuentas. Romper candados físicos o electrónicos es una manera de ir a la información “clasificada”, “reservada”.

Netflix tiene en su catálogo la película Edward Snowden, una recreación de su vida con actores profesionales y un relato novelado. El director es Oliver Stone. Se develan en el filme las relaciones de trabajo, las estrictas jerarquías y la escasa o nula ética de los miembros del Pentágono y de los servicios secretos estadunidenses. Snowden se protege al contactar a un grupo de periodistas a quienes cita en Hong Kong.  Divulgan la pieza en televisión. Luego lo esconde una familia humilde. De ahí lo llevan al aeropuerto y sale hacia Moscú. Estados Unidos intenta que lo deporten al invalidar su pasaporte, y se queda varado en el aeropuerto.  Debido a ello ya no puede volar hacia Ecuador, a donde se le había ofrecido refugio. A la luz de lo que acaba de pasar con Assange, fue una suerte. El gobierno ruso le otorgó residencia por dos años y luego se la renovó hasta 2020.

Sustraer documentos, archivos, grabaciones ha sido una práctica ocasional pero eficaz en el mundo reporteril. A partir de la existencia de las redes digitales, aparecieron los llamados hackers y/o crakers capaces de acceder a lo remoto de la red para sustraer información. Julian Assange fundó la plataforma Wikileaks y en 2010 divulgó secretos de crímenes de guerra en Irak y Afganistán. Ese mismo año dio a conocer documentos que probaban la injerencia estadunidense en gobiernos de todo el mundo. En estas filtraciones estuvieron implicados Edward Snowden, exmiembro de la CIA, y Chelsea Manning, exsoldado de E.U. Desde entonces los tres personajes sufrieron persecución implacable.  

Assange pasó 7 años refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres, hasta que este 11 de abril fue sacado por la fuerza a petición del embajador y con la anuencia del presidente Lenin Moreno, rompiendo todas las reglas legales del asilo. Hacía ya más de un año que el australiano vivía en confinamiento en su cuarto, se le retiró el acceso a internet en su teléfono y computadora, las visitas se hicieron casi imposibles. Se anunciaba ya lo que vendría.

Assange, Snowden y Manning no son los únicos que han filtrado información secreta a la prensa. Gracias a un anónimo, periodistas alemanes que fueron contactados obtuvieron 11.5 millones de documentos, lo que dio lugar a reportajes en 109 medios difundidos simultáneamente. Trabajaron en organizar y verificar a 376 periodistas bajo la coordinación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). Salió luego el libro Los papeles de Panamá. Así se conocieron los negocios oscuros bajo la apariencia de empresas legales offshore, y con hombres de paja como fachada.

Pese al peligro, los periodistas de investigación seguirán haciendo su trabajo en todo el mundo y las filtraciones continuarán.