“Maximiliano” o “Borgoña”

En el catálogo de series de Canal 22 y actualmente al aire, la emisión Maximiliano tiene como título original Borgoña. Es una coproducción de Alemania y Austria con 6 capítulos de 60 minutos cada uno. De manera paralela se difunden los últimos capítulos de Carlos, rey emperador, pieza española. Ambos soberanos estuvieron emparentados en una línea que uniría a los reinos de Austria y España para formar un vasto imperio en el siglo XVI.

Maximiliano I y María fueron los padres de Felipe El hermoso, quien desposaría a Juana La loca. Unieron así al norte con el sur de Europa formando una sólida alianza de dos casas reinantes, herencia para Carlos V.  Diferentes costumbres, lengua, cultura que pese a los sucesivos matrimonios entre primos hermanos, no se homologarían pero sí iban a llevar a la degradación física del linaje.

Las dos series contrastan entre sí como contrastan las dos culturas: austriaca-alemana y española. En el caso de Maximiliano, la puesta en escena es sobria; los diálogos, la vestimenta y los escenarios buscan apegarse a los elementos del tiempo. Los personajes son de carácter fuerte, pero se evita alzar la voz por cualquier incidente. Justo lo contrario a Carlos, rey emperador, la cual introduce en exceso los conflictos sentimentales de los protagonistas, la narración cae con frecuencia en el melodrama y los hechos históricos importantes se tratan superficialmente.  

Los programas de ficción realizados por las televisoras de España tienen un patrón: los personajes masculinos principales suelen ser coléricos, gritan sin motivo, se enfadan por todo. Así se trate de Fernando de Aragón, de Francisco I el rey de Francia, de Carlos V. Se pierden los matices y se distorsiona.

En Carlos, rey emperador, el soberano Francisco I es presentado como un energúmeno dominado por su ambiciosa madre. No hay ninguna remembranza a su gusto por las artes, a cómo protegió a los artistas, su relación con Leonardo Da Vinci –quien vivió sus últimos tres años en Clos-Luce, residencia localizada al lado del Castillo del rey en Amboise, por invitación del monarca francés.

Si la visión de los europeos es maniquea, cuando aparece la vida en América durante la conquista la caracterización se vuelve caricatura. Nada es fiel al original, ni los escenarios, ni los personajes, ni los indios. El problema de esta serie es querer abarcar tantos hechos como los sucedidos durante un largo reinado en dos continentes.

Maximiliano difiere en casi todo. Está presente la historia de amor seguramente exagerada, pero el resto se sostiene en interpretaciones adecuadas, acordes a las convenciones de la época, así como locaciones existentes en lugar de sets artificiales.