Iker Mitchel, el maestro

El 14 de febrero comenzó a difundirse en redes sociales y periódicos la noticia oficial del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) sobre el “lamentable fallecimiento del bailarín y coreógrafo mexicano Iker Mitchel”, con omisión de ser maestro de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea (ENDCC) perteneciente a ese instituto.

Él labró una trascendente vida enseñando desde 1992, cuando la ENDCC aún formaba parte del extinto Sistema Nacional para la Enseñanza Profesional de la Danza –disuelto dos años después para incorporar el plantel al Centro Nacional de las Artes–; lo recibió como coreógrafo del fragmento “Grand Pas de Deux” del ballet Paquita del siglo XIX.

Durante 27 años fue maestro de esa escuela, además de otros espacios independientes para la enseñanza del ballet en la Ciudad de México. Una gran cantidad de bailarinas y bailarines mexicanos del ámbito de la danza clásica nacional e internacional recibieron su influencia formativa.

Enseñaba bajo una filosofía de la libertad en una disciplina tan conservadora de la forma estética como lo es el ballet, dando al alumno el espacio para interpretar las obras clásicas –mas no para reproducirlas fielmente–, con la actitud de que en la danza las copias son una ilusión porque los cuerpos son diversos.

Este principio, que regía su relación maestro-alumno, fue al mismo tiempo la causa de que viviera en la controversia en el ámbito de la danza clásica mexicana.

Desde su incorporación al INBAL en los noventa, impartió en los grados mayores Prácticas Escénicas –en la que el alumno aprende a bailar el repertorio del ballet que incluye obras del siglo XIX, como Don Quijote o La bayadera.

Su conocimiento enciclopédico de la danza clásica, acumulado por el estudio y las funciones de repositor y ensayador en la Compañía Nacional de Danza y en la misma ENDCC, lo hicieron único en el sentido de distinguir entre las originales de Marius Petipa y las múltiples versiones hechas subsecuentemente en el mundo en los siglos XX y XXI.

En julio de 2018, el maestro Iker Mitchel cursó en ese plantel el Diplomado en Pedagogía de la Danza Clásica, impartido por maestros y coreógrafos rusos pertenecientes a la histórica Escuela Vaganova, en donde se transmitió la idea tradicional de preservación de las obras de Petipa, subvalorando las versiones de éstas realizadas en otros contextos.

Él preguntó al coreógrafo Vasily Medvedev sobre la legitimidad de las versiones, en el sentido de que la reposición de una obra clásica es un acto creativo que conlleva un proceso de apropiación de parte del contexto donde ella se dé.

Su cuestión fue evadida por Medvedev. En parte porque la autenticidad del ballet es a los rusos como el folclor a los mexicanos.

En México, Iker Mitchel no enseñaba obras clásicas de ballet con tanto apego a la tradición, sino más bien a la evolución natural de las mismas obras al ser tomadas por muchos autores en varios momentos históricos.

También impartió las asignaturas de técnica de la danza clásica y Pas de deux –un baile en pareja para los principales roles dramáticos femenino y masculino–. Una colega suya, la maestra María Eugenia Heredia, expresó que no había “personalidad ni competencia profesional” como la suya para enseñar el repertorio clásico a bailarines en formación.