Apenas ganó la elección presidencial del año pasado, Andrés Manuel López Obrador invitó a cuatro personas cercanas a él y les propuso que redactaran la Constitución Moral de la “Cuarta Transformación” que propone para México. Su objetivo –a decir de José Agustín Ortiz Pinchetti, uno de los encargados del proyecto– no es establecer un código religioso de conducta, sino darle una dimensión ética a la vida pública del país, con base en un viejo proyecto, igualmente polémico, cuyo origen fue la Cartilla Moral de Alfonso Reyes.
Para que la Cuarta Transformación no sólo sea política –sino también una transfiguración ética y espiritual de la sociedad mexicana, tan dañada por la corrupción–, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ya puso en marcha la elaboración de su polémica Constitución Moral, cuyos redactores planean tenerla impresa para finales de este año.
El documento base de esta constitución es la igualmente polémica Cartilla Moral que Alfonso Reyes escribió en 1944 por encargo del gobierno de Manuel Ávila Camacho, pero cuya distribución masiva, sin embargo, fue bloqueada a lo largo de 75 años por considerarla una cartilla “moralista” “anacrónica” y de “corte religioso”.
José Agustín Ortiz Pinchetti, uno de los tres redactores de la Constitución Moral nombrados por el tabasqueño, comenta con entusiasmo:
“López Obrador exhumó la Cartilla Moral, que estaba perdida y sólo fue leída por unos cuantos. No tuvo el efecto de masa que se buscaba originalmente. Se bloqueó su circulación porque se decía que tenía un tono demasiado religioso, lo cual es falso.
“Pero ahora acaban de editarse 8 millones y medio de ejemplares, aparte de que el gobierno la puso en internet. La Cartilla será nuestro documento base para elaborar la Constitución Moral.”
En la sala de su casa, entre óleos de paisajes mexicanos colocados en los muros, Ortiz Pinchetti aclara:
“Para Andrés Manuel, la moral pública es una cuestión tan importante como la salud pública. Alguien puso en sus manos la Cartilla de Reyes, la leyó y le gustó muchísimo porque coincidió con sus inquietudes morales, al grado de que será el punto de partida para elaborar la nueva constitución”.
–¿La Cuarta Transformación implica también una transformación moral?
–Sí, intenta un cambio de valores. Los grandes principios pueden organizar y servir de marco a una sociedad. Se quiere sacudir la conciencia popular.
–¿Hay algún tipo de parámetros que nos indiquen una decadencia en la moral pública, algunos diagnósticos?
–Hay estudios en algunas universidades que demuestran estos cambios en la actitud moral de los mexicanos. Por ejemplo, se ha perdido mucho el respeto a la patria, el patriotismo. También ha aumentado mucho el individualismo, que a veces genera actitudes destructivas.
“Pero el gran problema es el incremento de la corrupción. Es lo más dañino en cuanto a efectos sociales, porque es la pérdida no sólo del respeto y de la dignidad de uno mismo, sino del estado de derecho, de las normas que nos rigen. Ahí está la calificación que en materia de corrupción nos da Transparencia Internacional. ¡Una calificación terrible! Ahora nos colocó tres lugares abajo de nuestra posición anterior (pasó del sitio 135 al 138 entre las 180 naciones evaluadas). Vivimos un proceso de decadencia y descomposición, sobre todo en los sectores superiores de la administración pública.”
–¿Es la corrupción parte de nuestra cultura, como lo aseguró en una ocasión Peña Nieto?
–Bueno, Peña Nieto justificó la corrupción de una manera cínica, como diciendo que era un hecho inmodificable por ser parte de nuestra cultura y de nuestra forma de ser. Eso es lo terrible. En México la corrupción existe probablemente desde la época colonial y se arraigó en los gobiernos sucesivos. Pero en la época de la Reforma y la Intervención, que fue una etapa romántica, la corrupción disminuyó y realmente se respetaron los intereses públicos.
“Durante el porfirismo hubo corrupción y en la época revolucionaria estuvieron los llamados ‘carranclanes’. Indudablemente que la corrupción llegó al Ejército y a la vida civil. Y se mantuvo en cierto grado y también con cierta moderación. En el gobierno de Miguel Alemán se volvió un negocio y comenzó toda una ingeniería de la corrupción; a partir de entonces ya tuvo un crecimiento constante.”
Renovación moral
Al igual que López Obrador, el gobierno de Miguel de la Madrid intentó combatir la corrupción mediante su llamada Renovación Moral de la Sociedad.
–¿Por qué fracasó ese plan de De la Madrid? –se le plantea a Ortiz Pinchetti.
–Porque resistieron y le ganaron la partida los enormes intereses enquistados en la administración pública. De la Madrid dejó su iniciativa en manos de un hombre muy recto, Samuel del Villar. Pero no tuvo el apoyo que se esperaba y poco a poco se fue debilitando.
“Es muy distinto ahora con Andrés Manuel, quien desde el arranque de su carrera política enarbola la bandera de la anticorrupción. Por ejemplo, como gobernante de la Ciudad de México fue muy escrupuloso. Yo entonces trabajé con él en el primer nivel. Y de sus altos funcionarios ni siquiera se sospechó que fueran corruptos.”
Ortiz Pinchetti, quien entonces era secretario de Gobierno de López Obrador, indica que la única excepción fue Gustavo Ponce, tesorero del Gobierno del Distrito Federal y quien estuvo preso por fraude genérico y enriquecimiento ilícito. Y sobre el caso del profesor René Bejarano, político cercano a López Obrador que por entonces fue filmado recibiendo dinero, indica que no cometió ningún delito.
Agrega: “Ponce sí cometió errores, pero pasó ocho años en prisión. Sus actos de corrupción no quedaron impunes. De modo que López Obrador tiene la legitimidad de decir: ‘Conmigo no hay impunidad’. Ahora planea asentar normas éticas con la Constitución Moral”.
Comenta que, para proponerles elaborar el documento, López Obrador los invitó a comer a él y a los otros dos redactores de la constitución: Enrique Galván Ochoa, analista de negocios y articulista del diario La Jornada, y Verónica Velasco, cofundadora de la productora Argos y esposa del documentalista Epigmenio Ibarra, quien filmó una biografía de López Obrador.
“Los tres fuimos a comer a su cuartel –relata Ortiz Pinchetti–. Fue a mediados del año pasado, recién ganó las elecciones presidenciales. Nos preguntó si nos interesaba elaborar la constitución. Le dijimos que sí. Y nos pidió dos cosas: que partiéramos de los ‘respetos’ incluidos en la Cartilla Moral de Reyes, y que para hacer la constitución primero escucháramos las propuestas de todo tipo de gente: agnósticos, ateos, religiosos… de todo, no sólo de los expertos.”
Editada por el “gobierno de México” y con un breve prólogo del propio López Obrador –en el cual rescata la frase evangélica de “no sólo de pan vive el hombre”, sino que también necesita del “bienestar del alma”– la Cartilla Moral señala que la “práctica del bien” requiere del “acatamiento a una serie de respetos”: respeto a “nuestra persona”, a “la familia”, a “la sociedad”, a “la ley y el derecho”, a “la patria”, a “la sociedad humana” y a “la naturaleza”.
Señala: “Estos respetos equivalen a los ‘mandamientos’ de la religión. Son inapelables; no se les puede desoír sin que nos lo reproche la voz de la conciencia, instinto moral que llevamos en nuestro ser mismo. Tampoco se los cumple para obtener ésta o la otra ventaja práctica, o para ganar éste o el otro premio. Su cumplimiento trae consigo una satisfacción moral, que es la verdadera compensación en el caso.
“Todas las religiones contienen un cuerpo de preceptos morales, que coinciden en lo esencial. Pero el bien no sólo es obligatorio para el creyente, sino para todos los hombres en general.”
El bien –dice– “es el conjunto de nuestros deberes morales”. Y “la satisfacción de obrar bien es la felicidad más firme y verdadera”.
La Cartilla dedica un capítulo a cada uno de estos “respetos” explicando en qué consisten. Y esta edición lopezobradorista la ilustran imágenes de héroes patrios, como Miguel Hidalgo, José María Morelos, Benito Juárez, Francisco I. Madero y Emiliano Zapata.
Indica Ortiz Pinchetti que, como lo pidió López Obrador, están recibiendo propuestas de personas y organizaciones sociales para ampliar el listado de “deberes” de la Cartilla.
“Se abrió un correo electrónico a través del que recibimos estas aportaciones. Pedimos que no excedan de cuatro cuartillas. La ampliación de los ‘deberes’ de la Cartilla, así como su actualización, darán pie a la nueva constitución”, adelanta.
Mientras tanto, el tiraje masivo de la Cartilla comienza a repartirse entre la población, sobre todo durante los eventos en que se ponen en marcha programas de becas, pensiones y otros apoyos populares.
Entre polémicas
El historiador Javier Garciadiego Dantán, director de la Capilla Alfonsina, que preserva la colección bibliográfica y artística de Alfonso Reyes, comenta:
“Reyes seguramente estaría feliz y satisfecho al ver que su Cartilla Moral por fin se está repartiendo masivamente entre la población, después de tantos años de haber sufrido lamentables fracasos.”
Cuenta que, en septiembre de 1944, Jaime Torres Bodet, secretario de Educación Publica de Manuel Ávila Camacho, le encargó a Reyes la elaboración de un texto –según la petición textual– con un “mínimo de principios morales que ayuden a cambiar la forma de vida de nuestras clases bajas”.
Se planeaba publicar el texto en el marco de la Campaña Nacional contra el Analfabetismo. Fue así como Reyes escribió la Cartilla Moral. Pero finalmente no se publicó porque, según algunas versiones, se le consideró un texto “conservador” y “religioso”, en discordancia con la laicidad del Estado mexicano.
“No queda constancia de que esos hayan sido los motivos. No hay claridad al respecto. Lo único cierto es que Torres Bodet, en sus Memorias, sólo señaló que el texto de Reyes le pareció muy frío. Eso fue todo”, dice Garciadiego.
A partir de ahí empezaron los fracasos en los intentos de distribuir ampliamente el texto, de los cuales Garcíadiego hace un recuento en su estudio La Cartilla Moral: vicisitudes editoriales y posibilidades políticas, que está por poner en circulación El Colegio Nacional como prólogo a su propia edición de la Cartilla Moral, ahora tan en boga.
En esta investigación –de 65 páginas y adelantada a Proceso–, Garcíadiego indica que años después, en 1959, el Instituto Nacional Indigenista hizo una edición de la Cartilla, pero “restringida” solamente a los “instructores” de los pueblos indígenas.
Y en 1991 Ernesto Zedillo, como secretario de Educación Pública en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, mandó imprimir 700 mil ejemplares de la Cartilla con la intención de distribuirla en las escuelas, pues era ideal “para ser leída en voz alta a los niños o a educandos adultos”, señalaba entonces el historiador José Luis Martínez, quien desde la época de Ávila Camacho fue el gran gestor para que la Cartilla se distribuyera masivamente.
Sin embargo, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) impidió la distribución de esa edición ya impresa, pues alegó que era un texto “moralista, anacrónico y fuera de contexto”. Este rechazo provocó incluso una fuerte controversia en el medio intelectual.
El estudio de Garcíadiego enumera otros intentos frustrados de publicar la Cartilla, algunas de sus ediciones limitadas y el interés que López Obrador ha mostrado desde 2011 por rescatar el documento, distribuirlo a escala masiva y convertirlo luego en una Constitución Moral, que también está levantando una fuerte polémica.
Organizaciones como República Laica vienen advirtiendo que la constitución pondrá “en riesgo la laicidad del Estado”, no respetará “las diversas visiones morales” y además puede dividir a los mexicanos en “morales e inmorales”, calificativos que ya viene usando López Obrador.
Al respecto Ortiz Pinchetti, quien por cierto está propuesto para ser el próximo titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE), señala:
“Para empezar, y a diferencia de nuestra Constitución Política, la Constitución Moral no tendrá la menor obligatoriedad. Será una exhortación. El derecho plantea la coerción por parte del Estado. En cambio, la ética no plantea ningún castigo, más que el de la propia conciencia.”
–¿Tampoco tendrá la nueva constitución un tinte religioso?
–¡Tampoco! Mucha gente teme que sea una especie de catecismo. Pero no, será totalmente laica. La moral laica es para que la gente viva mejor en este mundo. En cambio, la moral religiosa ya toma en cuenta la vida después de la muerte; el paraíso o el infierno. Esto debe quedar muy claro.
Además –recalca– habrá foros populares en distintas ciudades que se tomarán en cuenta para elaborar la Constitución Moral, cuya convención constituyente está programada para el próximo 31 de julio.
“La nueva constitución será producto de un gran consenso y muy probablemente ya estará impresa para finales de este año”, concluye Ortiz Pinchetti.








