Se presentó en Bellas Artes la última producción operística del 2018, El Murciélago (Die Fledermaus), la más famosa de las operetas de Johann Strauss hijo (1825-1899). Se trata de una obra cómica estrenada en Viena en 1874, cuya música sin duda forma parte ya del inconsciente colectivo.
Johann Strauss Jr. fue conocido desde su época como El rey del vals. Esta obra, como ocurre muy a menudo, no gustó el día de su estreno, fracasó pese a su deliciosa música. Strauss se apresuró a cambiar algunas cosas: quitó pasajes musicales innecesarios, agregó otros nuevos, y así la presentó en Berlín, donde tuvo un clamoroso éxito; fue entonces cuando los vieneses comenzaron a aceptarla.
En México, siempre, El Murciélago y otras operetas se han cantado en español. Ya en el 2007 se presentó en Bellas Artes cantada en alemán y hablada en español; no gustó y la innovación bilingüe fue criticada. La actual producción repite aquel error: parlamentos en español y canto en alemán. ¿Para qué? Si todo el elenco y el público son mexicanos, y ya hay una traducción eficiente.
Muy bien la puesta en escena estilo tradicional de Luis Miguel Lombana, y la dirección orquestal de Srva Dinic.
Rosalinda fue interpretada por Marcela Chacón, muy bien en lo cantado, pero en lo hablado le faltó algo de naturalidad; es un papel donde se canta todo el tiempo y por tanto harto difícil, en especial por la terrible czarda, uno de los mejores solos de la obra, y Marcela Chacón la cantó estupendamente.
El papel de Eisenstein fue originalmente escrito para tenor, pero con frecuencia es cantado por un barítono, como en esta ocasión en que José Adán Pérez lo personificó de maravilla, además de buena actuación; se le sentía como pez en el agua. Excelente trayectoria de este barítono mazatleco.
Armando Gama es garantía de calidad y lo refrendó una vez más con su interpretación del Doctor Falke, muy bien actuado, musical, simpático, y en lo canoro muy bien pese a que se le sintió cuidadoso.
Claudia Cota hizo una Adele memorable, buena actuación y canto sorprendente, se veía cómoda en el escenario, estupenda figura, graciosa y juvenil.
Otra artista garantía de calidad es Guadalupe Paz, quien hizo el príncipe Orlofsky, y una vez más demostró porqué es considerada una de las mejores mezzosopranos del país.
Alfred, el enamorado de Rosalinda, lo hizo Enrique Guzmán, excelente cantante, pero siendo un tenor ligero esta obra parece quedarle grande; en los tercetos y números concertantes su voz, de poco caudal sonoro, se perdía entre las otras voces más voluminosas. En las partes a capella, donde evoca famosas arias de ópera, a veces desafinado. Creemos que el Alfred es para un tenor lírico.
Escenografía de Jesús Hernández y vestuario de Jerildy Bosch, bastante adecuados.








