La de un hombre negro pidiendo limosna en la calle con un cartel que aclara: “por favor ayúdeme, soy ciego y negro, pero no soy musical”, es una de la imágenes que mejor describe la obra y la personalidad del difunto caricaturista, John Callahan, capaz de arremeter contra todos los clichés de la cultura americana, del sentimentalismo y el manierismo de la corrección política.
El largo título de No te preocupes, no irá lejos (Don’t Worry, He Won’t Get Far on Foot; E.U., 2018), se refiere a otro de sus dibujos más famosos, frase también del título del libro autobiográfico en el que se basó Gus van Sant para escribir y dirigir este biopic del que Robin Williams soñó, por casi tres décadas, en encarnar.
La mención del desparecido actor, al que Woody Allen prefería fuera de foco, resulta clave para apreciar la construcción del personaje que ofrece Joaquin Phoenix, cumplidor actor del método que se dio a la tarea de estudiar los videos de la entrevistas con Callahan, pasar temporadas en el centro de rehabilitación donde el dibujante fue tratado después de su brutal accidente, y tratar a familiares y amigos, así como a otros tetrapléjicos; la personalidad del excesivo Robin Williams, desbordado y pastoso, permea la actuación del magnífico Phoenix.
Secuencias retrospectivas, flashbacks, repeticiones y elipsis componen la historia de John Callahan, técnica que los admiradores del director describen como mosaico, y los detractores como pastiche; ciertas secuencias muestran al futuro caricaturista caminando y bailando, otras, ya tetrapléjico, a todo lo que da en su silla de ruedas eléctrica, al punto de que los servicios de apoyo se niegan a darle una nueva porque ya lleva varias desbaratadas. En realidad, lo que intenta hacer Van Sant es un holograma con los diferentes aspectos de una personalidad compleja, contradictoria y algo antipática, que tiende a desbaratarse a cada paso; el problema es que la técnica holográfica no termina de desarrollarse, pero la ventaja es que el director evita el esquema de Hollywood de superación personal y fácil redención.
Alcohólico desde los 13 años, Callahan sufre el accidente que lo deja en silla de ruedas a los 21, y si eventualmente deja de beber y se acoge a los pasos del AA, no es tanto a causa del infortunio sino porque le cuesta demasiado trabajo abrir la botella; en el ínter, descubre cómo dibujar con una mano empujada por la otra, hasta lograr que le publiquen revistas importantes como el New Yorker; sus dibujos provocaban, y siguen provocando, escándalo y críticas lapidarias.
El humor de Callahan no sólo es negro, es vidrio molido, el caricaturista detestaba la actitud de quienes pretendían hablar en nombre de la gente de silla de ruedas, le asqueaba la falsa actitud piadosa y regañona. La dirección de Van Sant apoya el rechazo total de Phoenix a provocar lástima en el espectador; el peculiar grupo de apoyo AA que Callahan encuentra, liderado por Donnie (Jonah Hill), alcohólico, gay y cristiano, que sorprende y convence con argumentos sobre fe y responsabilidad personal, se burla abiertamente de cualquier intento de manipulación sentimental.
La verdadera redención de Callahan proviene de una fuerza erótica, a nivel sexual y creativo, que actor y director mantienen como salvavidas de este hombre al agua.








