El 19 de marzo de 2013 fue una fecha histórica para la etnia maya de los ixiles: el general Efraín Ríos Montt fue llamado a juicio por intento de exterminio a los indígenas de Guatemala, tras usurpar el poder y gobernar de 1982 a 1983, resultando culpable de genocidio. A la larga quedó absuelto, pero el hecho motivó a la cineasta de ese país Izabel Acevedo (quien estudió en nuestro CCC) para registrarlo en El buen cristiano, de estreno en México.
Es el 23 de marzo de 1982 en Guatemala y por la televisión sale a cuadro el general Efraín Ríos Montt, con otros soldados (todos de uniforme), cuando asume el gobierno tras un golpe militar y da su mensaje al pueblo.
“Conciudadanos: en nombre de la institución armada, les presento mi más cordial saludo y mi gratitud por la oportunidad que me dan de entrar a sus hogares.
“Nosotros tres estamos integrando una junta que está efectuando un programa de tipo político para presentarle al pueblo una solución, un planteamiento y una realidad; solución a esta incomprensible vivencia que hemos tenido bajo el punto de vista político. Y una realidad: somos soldados.
“Yo quiero decirles, conciudadanos, que en primer lugar estoy confiado en mi Dios, mi señor y mi rey, para que yo no defraude a la oficialidad y mucho menos a un pueblo.”
Con esa impresionante imagen inicia el documental (2016), de la guatemalteca Izabel Acevedo, que estrenó en México el 7 de este mes. Aquel año de 1982 ha sido considerado por investigadores y ONGs como el más sangriento en la guerra civil que padeció esa nación entre 1960 y 1996.
Practicante del cristianismo, Ríos Montt (nacido el 16 de junio de 1926 y fallecido el 1 de abril del 2018) destruyó más de 600 aldeas de la comunidad ixil, donde el ejército asesinó miles de personas y acabó con sus tierras; por todo ello enfrentó un juicio (el primero en dicha nación por genocidio y crímenes de lesa humanidad), el cual capta la cineasta Acevedo (Ciudad de Guatemala, 6 de abril de 1981), quien afirma desde Nueva York vía telefónica:
“Era inaudito ese suceso, ya que en mi país el sistema de justicia nunca había funcionado, ¡así que debía grabar todo!”
Se proyectó por primera vez en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, donde obtuvo el Premio FEISAL (otorgado por la Federación de Escuelas de Imagen y Sonido de América Latina). Participó también en la Selección Oficial del Internacional de Cine de Morelia; DocsMX; Havana Film, Festival New York, Estados Unidos; el Ícaro, en Guatemala, y el BAFICI, de Argentina.
En nuestro país lo proyectan cines de la Ciudad de México y área metropolitana (Cineteca Nacional, CineTop Azcapotzalco, The Movie Company, Cinemex CNA, Cinemex Reforma Casa de Arte), así como en Guadalajara (Citicinemas Iconia), Toluca (Cineteca Mexiquense), Cuernavaca (Cine Morelos) y San Francisco del Rincón, Guanajuato (Movie Center San Francisco del Rincón).
“Espero que cuando la gente de México vea el documental, encuentre un eco de lo que pasó allá, pues podría suceder acá en su país algún proceso de justicia (similar)”, destaca Acevedo en entrevista.
Divide y vencerás
El aporte nuevo en El buen cristiano es que se le da voz a los hermanos indígenas ixiles Francisco y Marta Chávez Raymundo, quienes en 1982 eran pequeños.
Su papá fue asesinado y su mamá llevada a un campo de concentración. Francisco, el más grande de los dos, es quien le cuenta a su parienta todo lo que sufrió y cómo es que se mantuvieron juntos; porque el ejército los llevó a un lugar donde estaban en las peores condiciones, y les presentaban padres falsos. Muchos hermanos más nunca se volvieron a ver. En cambio, ellos pudieron permanecer juntos porque lloraban mucho.
El conflicto armado fue especialmente violento para los niños, según el filme. 20% de las víctimas de ejecuciones arbitrarias cometidas en contra de la población eran menores de edad, a decir del informe de la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH) titulado Guatemala, memoria del silencio. Este mismo análisis destaca múltiples casos de aberrante crueldad aplicada por soldados y patrulleros civiles sobre niños pequeños, a veces delante de sus padres.
Según Evelyn Blanco, coordinadora del Centro Internacional de Investigaciones en Derechos Humanos (CIIDH), una de las instancias que se dio a la tarea de buscar el paradero de estos infantes de la guerra, muchas víctimas reportaron a la Comisión a sus familiares adultos desaparecidos, pero no a sus chicos, “por el temor a que se dijera que los habían abandonado”.
Miles de pequeños se perdieron cuando la población de una aldea o caserío huía del ataque del ejército. Entre el pánico, los padres salían corriendo para un lado, los niños por otro, y desde ese instante se separaban para siempre.
Sobre el recuento de Francisco Chávez Raymundo, la directora resalta que decidió usar la voz de él “por respeto a su historia y al explicarla con detalle, se podía entender que se cometió genocidio. Era un pequeño de seis años, secuestrado por el ejército, a quien le quitaron su indumentaria ixil y le colocaron ropa de militar, sufriendo abusos psicológicos. Estuvieron a punto de darlo en adopción ilegal; sin embargo, logró defender a su hermana y a él mismo”.
–¿Qué exactamente le incitó a crear el documental?
–En cierta forma crecí bajo la sombra de todo esto que pasó en Guatemala, mis papás siempre fueron gente muy informada y nos explicaban; aún así, crecí con muchísimas dudas y tal vez con resentimientos y miedos. Bueno, un niño que crece durante la dictadura, crece con una serie de sombras…
“Además, siempre he tenido el interés, al estudiar cine, de reconstruir ciertos tópicos históricos de Guatemala. Cuando residía en México, un juez decidió llevar a Ríos Montt a juicio y en las redes sociales la gente manifestaba alegría, porque se iba a sentar en el banquillo a este militar que sí merecía ochenta años de prisión, como lo dictó el primer tribunal; pero advertí todo el desconocimiento que había sobre quién era él y el hecho de que otras personas eran igual de culpables, pues había un sistema que permitió todo esto.”
Con esa serie de sentimientos encontrados, pensó que lo primero era documentar los veinte días que duró el juicio.
Dos caras de una moneda
Con compañeros del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) “y sin recursos”, Izabel Acevedo se fue a su país para filmar. El buen cristiano fue creado bajo el programa de Ópera Prima del CCC, en coproducción con el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine).
En el largometraje de cien minutos, Acevedo interroga al abogado de Ríos Montt, Francisco García. E incluye otros testimonios: Los de Juan Callejas, Benedicto Lucas García, Jaime Hernández, Benjamín Jerónimo, Alfred Kaltschmitt, Rodolfo Muñoz Piloña, Mauricio Rodríguez Paz y Harris Whitbeck.
–¿Cómo decidió entrevistar no sólo a las víctimas, sino a sus verdugos?
–Se habla de que fueron dictadores, pero ¿quiénes son? ¿Qué decisiones tomaron? ¿Cómo son en la vida real y cómo piensan? Yo sí quería meterme a sus casas, ver cómo viven y conocer a su familia. Era muy complejo, una dualidad:
“Eran personas que cometieron decisiones muy malas, pero nos recibieron en su casa con toda la amabilidad del mundo y nos contaron una serie de historias apasionantes, son increíbles narradores… Descubrir su lado humano es muy inquietante.”
–En el documental, el abogado de Ríos Montt sorprende por su cinismo…
–Si no hubiera ese nivel de impunidad en Guatemala, ellos jamás me hubieran dicho todo lo que me contaron; pero se dan el lujo de decirlo, porque saben que no es muy probable que la justicia los alcance.
La jueza Jazmín Barrios, presidenta del Tribunal Primero A de Mayor Riesgo, al leer la sentencia, apuntó que “Ríos Montt tuvo conocimiento” de las matanzas perpetradas por las Fuerzas Armadas bajo su mando, y que “no las detuvo a pesar de tener el poder para evitarlas”. En el histórico fallo, el tribunal aseguró que el anciano militar de 86 años de edad era “responsable” del genocidio perpetrado en contra de los ixiles, “en calidad de autor”, durante el periodo en que gobernó de facto el país, cobrando la vida del 5.5 % del total de la población perteneciente a dicha etnia.
Ella ordenó su inmediata detención y traslado a un cuartel militar que funciona como prisión preventiva para ciudadanos cuya integridad podría estar en peligro en una cárcel regular.
Los jueces consideraron que las Fuerzas Armadas “utilizaron el hambre como arma militar” para destruir a los ixiles, los cuales fueron declarados “enemigos internos del Estado”, y que todas las acciones represivas contra los indígenas tenían como objetivo “la aniquilación” de esa etnia.
Racismo mexicano
En la cinta, se ve a Ríos Montt tranquilo cuando escucha la sentencia. Pero el Tribunal Constitucional de Guatemala anuló la condena posteriormente. Incluso cuando declara, él resalta sin pudor:
“…Es bastante vago, señoría, no hay un dedo acusador…”
–¿Qué opina de ese juicio? –se le pregunta a la directora Acevedo.
–Es de los hechos más importantes en Guatemala y en Latinoamérica en los últimos años. A pesar de todo me parece histórico. Es una referencia de cosas que van a suceder en el futuro. Lo veo muy parecido a los juicios de Núremberg, en muchos aspectos; por ejemplo, el hecho de que se manejaban varios idiomas en una misma sala. En Guatemala yo creo que sí es parteaguas. Eso que se habló es algo nunca visto. Guatemala fue un país segregado, con un nivel de racismo altísimo que permitió el genocidio; por supuesto, no pudo haber sucedido si no hubiera ese nivel de racismo.
“Era muy impresionante ver en el centro de Guatemala una sala de justicia grande, en cierta forma elegante y llena por completo de indígenas de varias regiones, con su indumentaria completa, con audífonos escuchando las traducciones; además, tenían al lado a los familiares de los militares y a los militares en el banco de los acusados, y a otros metros se encontraban los testigos hablando. Ríos Montt estuvo horas y horas escuchando a los testigos sobre lo que les hizo. ¡Fue muy impresionante!… La sala era como una pequeña muestra de cómo es Guatemala, con un gran porcentaje de mayas de distintas partes y un porcentaje muy pequeñito de mestizos con cierto poder económico y con un nivel de racismo tremendo. ¡Era todo muy tenso!”
–Se ve en la película que el ex dictador no hace ningún gesto en esos momentos.
–Los militares están educados para una serie de situaciones, como no mostrar emocionalidad; pero después de muchos días, de semanas y semanas de escuchar a todos en el juicio, se veía cansado, ya no se veía tan fuerte, ni tan lúcido, ni tan digno.
–En ese momento, ¿también cambió el papel de los medios informativos?
–¡Fue histórico! De pronto en un país que había permanecido en silencio tantos años, todos los medios estaban hablando de eso. El juicio fue muy público; no sólo se podía asistir, igual se transmitió por la televisión.
–¿Ya se proyectó su documental en Guatemala?
–Sí. En Guatemala había mucha ansiedad de ver el documental y el CCC y yo decidimos ofrecer una preproyección antes de que estuviera completamente terminado, en el Festival de Memoria y Justicia en Guatemala de finales del 2015. Fue mucha la expectativa. Se programaron tres proyecciones en teatros enormes y se vendieron todos los boletos en preventa, por lo cual hubo que programar otra serie de funciones en teatros más grandes, y hasta la fecha siguen organizando exhibiciones cada cierto tiempo, ya sea intituciones o festivales, llegan un montón de personas y se genera la discusión.
Eso esperaba Izabel Acevedo del documental, “que fuera una herramienta de reflexión”. Subraya que después de ese juicio hubo cambios en el sistema de justicia:
“Todo mundo pensó que iba a ser de chocolate la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala; pero al final resultó que llegaron personajes muy importantes como Iván Velásquez, un colombiano que ya estuvo al mando en los últimos seis años, y él dijo: ‘Se cuenta con este espacio, vamos a hacer bien este trabajo’. Él reformó el Ministerio Público y algunos tribunales y algunas cortes. Se dio a la tarea de llevar a juicio a militares durante la guerra, pero también puso énfasis en casos de corrupción que han involucrado a personajes de altísimo nivel.”
Acevedo espera que muestre que sí se puede llevar a juicio a figuras importantes que han atentado contra la humanidad, “y pone en la mesa el alto nivel que existe de racismo, que en México se debe de admitir que existe, aunque se menciona que México es un país muy clasista, pero que no es racista, y siento que es algo que se está repensando”.
La realizadora cree incluso que el documental puede motivar la discusión.








