En un escenario mundial en el cual la derecha ha llegado al poder en varias naciones, la española no había destacado. Irónicamente, un conflicto interno de origen izquierdista –el movimiento independentista de Cataluña– agitó las aguas a tal grado que una organización ultra, Vox, ha comenzado a crecer y a ser protagonista. De ser una escisión minoritaria del Partido Popular, aquel partido encabezado por Salvador Abascal ha crecido rápidamente, enarbolando –entre otras cosas– la bandera de la desaparición de las autonomías.
Madrid.- El pasado 7 de octubre, Vox, partido de extrema derecha sin representación parlamentaria, llenó con unos 10 mil seguidores la plaza de toros de Vistalegre; Santiago Abascal, su dirigente, lanzó consignas como “juntos haremos a España grande otra vez” o “los españoles primero”, en clara imitación de los lemas ultranacionalistas de Donald Trump.
Ante sus seguidores, Abascal se lanzó a la yugular de los otros partidos de derecha; al Popular (PP) lo llamó “la derechita cobarde”, y a Ciudadanos (C’s), “la veleta naranja” –por sus continuos cambios de posición política–, porque ambos permitieron que “los socios de los enemigos de España lleguen al poder”, en referencia a que el socialista Pedro Sánchez llegó al gobierno apoyado por Podemos y por los partidos independentistas de Cataluña.
Y sus propuestas son pura mano dura: deportar masivamente a los inmigrantes, suprimir las comunidades autónomas, derogar la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, defender la familia tradicional, combatir el aborto, aprobar la cadena perpetua, derogar la Ley de Memoria Histórica, hacer ilegales a los partidos separatistas e implantar la seguridad de las fronteras.
Hasta ahora España se había salvado de los vientos populistas de ultraderecha que recorren Europa, Estados Unidos y Brasil. Sin embargo Vox se volvió protagonista en los medios por haberse convertido en “acusación particular” –figura de la ley española en los procesos penales– en la ofensiva judicial contra los líderes independentistas de Cataluña.
Para el historiador Xavier Casals i Meseguer el crecimiento de Vox produce una competencia con PP y C’s por captar al electorado de derecha, lo que se traduce en que los discursos y las posiciones políticas sufren un “desplazamiento” radical y se escenifica una “batalla de desgaste” entre estos partidos y también contra las políticas del gobierno de Sánchez.
Oxígeno para Vox
Vox, fundado en enero de 2014 como una escisión del Partido Popular, fue iniciativa de dos de sus líderes regionales, Alejo Vidal-Quadras, exdirigente en Cataluña; y Abascal, exlíder en el País Vasco y expresidente de la Fundación para la Defensa de la Nación Española, una formación ultraderechista dedicada a defender los símbolos españoles.
Vox participó en 2014 en las elecciones europeas y obtuvo casi 245 mil votos (1.5% de la votación), número aún insuficiente para obtener un escaño en el Parlamento Europeo.
Casals dice en entrevista que “Vox estaba destinado a eclipsarse tras los comicios europeos de 2014, pero logró conservar su patrimonio de votos y parece haberlos incrementado” bajo la dirección de Abascal, quien tomó las riendas del partido a principios de 2015.
Este nuevo aire de Vox ya se refleja, aunque tímidamente, en la encuesta que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) difundió el 6 de octubre, la cual le otorga un crecimiento de entre 330 mil y 500 mil sufragios, 1.4% de estimación de voto, que en caso de que hubiera elecciones anticipadas le permitiría conseguir un escaño en el Congreso.
Otra encuesta del CIS –una para las elecciones andaluzas del próximo 2 de diciembre– le otorga a Vox un escaño en esa comunidad autónoma.
Casals explica que la escisión fue resultado del “disgusto en un sector del electorado del Partido Popular por las posiciones y la gestión tecnocrática de Mariano Rajoy y por la forma como aplicó el artículo (constitucional) 155 con el fin de intervenir la Generalitat de Cataluña para convocar a nuevas elecciones. Ello provocó un malestar en el electorado, que pretendía un endurecimiento contra los separatistas catalanes.
“Eso lo supo leer Vox, que ha sacado grandes réditos del tema catalán al llevar la acusación popular; ello le ha dado mucha visibilidad porque acude constantemente a numerosos medios de comunicación.”
Por conducto del abogado Javier Ortega, Vox ejerce la acusación popular del proceso secesionista en el Tribunal Supremo, lo que le confiere visibilidad y le permite erigirse en alternativa contra el separatismo, más dura que la ejercida por el PP o por C’s.
Aunque Vox no es un partido nostálgico del franquismo, sí asume una posición de mayor confrontación con el gobierno de Sánchez en el tema de la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos, frente a la tibieza del PP y de C’s que se abstuvieron en la votación parlamentaria cuando se abordó el tema. “Y eso tiene consecuencias, porque hay un amplio sector del Partido Popular que rechaza la Ley de Memoria Histórica y la exhumación”.
Se suman otros temas, como “el irredentismo con Gibraltar (territorio británico de ultramar en el sur de España, país que reclama su soberanía), el deseo de acabar con las autonomías” y más recientemente “su ofensiva contra la inmigración, con una propaganda con ‘gesto trumpiano’, como es pedir la construcción de un muro en la frontera de Ceuta y Melilla”, las ciudades autónomas españolas en el norte de África.
“A través de estos elementos Vox ha articulado un discurso con temas tradicionales y nuevos, que le permiten acrecentar el patrimonio de votos”, explica el especialista y catedrático de la Universidad Ramón Llull.
Endurecimiento
El presidente Sánchez cumplió cinco meses en el cargo luego de conseguir la moción de censura en el Congreso de los Diputados el 1 de julio, con el apoyo de Podemos y otros grupos, entre ellos los partidos independentistas y los nacionalistas vascos.
Aunque este escenario es absolutamente legal, el discurso crispado que hay en el debate político, en especial desde la oposición y los medios afines, pretende presentar este escenario como carente de legitimidad.
Esto dio pie a que “una masa del electorado del PP se haya radicalizado y parece haber hallado en Vox un cauce de expresión”; por ello “el discurso de oposición más radical también ha beneficiado a Vox”, opina Casals.
–¿En qué punto está la situación actual en España? –se le pregunta.
–Se ha iniciado entre el Partido Popular y Vox una competencia por el electorado situado a la derecha, que ha llevado al PP de Pablo Casado –sucesor de Rajoy– a endurecer su discurso, y aunque inicialmente Ciudadanos entró a la competencia, parece haberla abandonado al anunciar que desbloquearía la eventual aprobación de los presupuestos de Sánchez.
El pasado 25 de octubre, en una bronca sesión del Congreso, Casado acusó a Sánchez de llegar al gobierno “gracias a los votos de los independentistas” y le espetó: “¿No se da cuenta de que es partícipe y responsable del ‘golpe de Estado’ que se está perpetrando en España?”.
El presidente lo instó a retirar esa acusación “inaceptable” de golpismo: “¿Mantiene que soy partícipe o responsable del golpe de Estado? Puede hacer oposición, criticar al gobierno, pero no insulte, no difame, no calumnie”. Además, anunció que rompía relaciones con Casado porque “no tiene respeto institucional”.
En estas subidas de tono, Casado, quien se proclama “constitucionalista”, aseguró que va a liderar “la España de los balcones”, como se conoce el movimiento de miles de españoles que colgaron banderas en sus fachadas enalteciendo su nacionalismo ante al desafío soberanista catalán, y en una exaltación ultranacionalista sentenció que “la hispanidad es el hito más importante de la humanidad, sólo comparable a la ‘romanización’”, aunque luego matizó con otro argumento muy criticado en redes sociales, al señalar que “los españoles no colonizamos (América), lo que hacíamos era tener una España más grande”.
Esto está provocando que “el conjunto del bloque de derecha se desplace aún más a la derecha en sus posiciones políticas; por esta razón Casado ha hecho unas declaraciones muy duras para centrar en él la única alternativa de derecha y como oposición al presidente Sánchez”, dice Casals.
Este “desplazamiento hacia el conservadurismo” hace mucho más difícil un pronóstico de cara a las elecciones europeas o municipales de España en mayo de 2019, porque la política se ha vuelto más volátil.
Asimismo, explica, a eso se suma la posibilidad de que en Cataluña se puedan anticipar elecciones ante el bloqueo en la situación a punto del inicio del juicio oral de los líderes presos, lo que complica más el escenario.
–¿Vox tiene contacto con Steve Bannon, el exjefe de campaña y exasesor de Donald Trump? –se le pregunta a Casals.
–No sé si es cierto, sólo he leído lo que se ha publicado. Se refiere al comunicado de esa formación de un encuentro que tuvo Rafael Bardají, miembro del comité ejecutivo nacional del partido, con Bannon, en el que éste prometió ayudarles a establecer estrategias para combatir la propaganda separatista fuera de España y reducir el apoyo internacional al separatismo.
Otro protagonista de la derechización española es el expresidente José María Aznar, quien el 5 de junio aseguró que era “indispensable y necesaria la reconstrucción de una centroderecha nacional que recupere sus señas de identidad”. Y ha sido particularmente crítico con Rajoy, a quien considera el causante de la desunión de la derecha en “tres marcas” distintas.
Casals asegura que “la estrategia de Aznar siempre ha sido que no hubiera una alternativa en la derecha, y ahora se encuentra con una derecha dividida en tres marcas, hay dos –PP y C’s– que tienen un capital de votos y presencia en el Congreso; el problema es que compiten entre ellas.
“Y ahora surge una tercera –Vox– que le puede restar votos al PP. En una elección general, esa competencia se puede canibalizar y las dejaría en votación lejos del PSOE y eso tendría un efecto favorable para Pedro Sánchez.”
El laberinto catalán
Sánchez logró un acuerdo con Podemos con el propósito de impulsar los Presupuestos Generales del Estado para 2019; sin embargo su formación política sólo cuenta con 84 de los 350 votos del Congreso, y ni con el apoyo de sus socios de gobierno consigue su aprobación.
Esto provocó que todos los partidos, incluido Podemos, le pidan que convoque a elecciones anticipadas; Sánchez se resiste pero no lo descarta.
El apoyo de los partidos a los independentistas catalanes se diluyó cuando la Fiscalía pidió penas de hasta 25 años por el delito de rebelión contra sus líderes presos, entre ellos el exvicepresidente Oriol Junqueras.
Desde Suiza, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, afirmó que es “imposible” que el independentismo negocie los presupuestos si el gobierno no impulsa cambios en la situación de los procesados y los exiliados.
En opinión de Casals, el verdadero problema para el sistema político español sigue siendo la crisis en Cataluña. “En este tema cada bloque político se convirtió en preso de sus propios discursos: por un lado, los independentistas que no podrán volver atrás porque traicionarían el mandato del (referéndum del) 1-O (1 de octubre de 2017); por otro lado, el PP tampoco puede aminorar su exigencia de endurecer el castigo a los soberanistas y la aplicación del artículo 155”.
Añade: “Entonces, todo mundo es preso de sus decisiones, de ahí que la política española y catalana está abocada a la radicalización con unos discursos maximalistas que hacen difícil aprobar las medidas que el gobierno pretende para llegar a una estabilidad en Cataluña.
“El hecho de que haya políticos catalanes presos dificulta notablemente los acuerdos políticos en el tema catalán. Por eso, es una ingenuidad pensar que la situación política en Cataluña no afecta a la política española en su conjunto. Recordemos que esa corriente independentista permitió aprobar la moción de censura, pero es la misma que está impidiendo aprobar los presupuestos del gobierno de Sánchez. Es decir, la situación política catalana esta enquistada.”
Peor aún, dice, porque el PP “externalizó” el asunto catalán al llevarlo a los tribunales judiciales; “esto dificulta aún más un posible acuerdo político, lo que nos lleva a una guerra de desgaste.
“La situación catalana está bloqueada por sus pugnas internas y por su polarización, y la situación de España va a quedar igualmente bloqueada por la situación catalana, lo que nos coloca en una larga guerra de desgaste de consecuencias insondables.”








