Con una notoria preferencia por exhibiciones de artistas jóvenes extranjeros, con muy poco público en las salas –inclusive en muchos momentos sin un solo visitante–, y con un dinámico programa de actividades culturales, la Sala de Arte Público Siqueiros (SAPS) resume el estado de desequilibrio y desigualdad en el que se encuentra la gestión gubernamental del arte contemporáneo mexicano.
Ubicada muy cerca de la zona museística del Bosque de Chapultepec, en la Colonia Polanco de la Ciudad de México, la SAPS tiene una historia interesante que involucra arte, política y discrecionalidad institucional.
Su narrativa cultural se inicia a finales de los años cincuenta, cuando el pintor y activista político David Alfaro Siqueiros (1896-1974) adquirió el inmueble para habitarlo con su compañera Angélica Arenal. Estaba pintando entonces el mural Del porfirismo a la revolución en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec; al ser encarcelado por el supuesto delito de disolución social de 1960 a 1964, la casa funcionó como un centro de generación de propaganda y recepción de testimonios de solidaridad.
Interesado en la investigación teórica y práctica de la composición pictórica espacial, en 1969 la convirtió en una Sala de Arte Público con la intención de dialogar con distintas generaciones. Y de 1971 a 1973, al utilizar algunas paredes y techos para experimentar las composiciones espaciales que estaba diseñando para el Polyforum en la capital y una escuela en el Estado de México, transformó el garaje, el jardín y la sala-comedor en un espacio interior de potente y vertiginosa expresividad plástica. Fue ahí donde en 1976 la crítica de arte Raquel Tibol martilló la subasta de obras que artistas de todo el país entregaron para la fundación de la revista Proceso.
Donada por Siqueiros al pueblo de México mediante testamento público, la casa ha sufrido alteraciones en su interior y exterior desde aproximadamente 1974. La peor de todas, la remodelación con destrucción total de la fachada que realizó la empresa Colectivo Arquitectura en 2010.
Dirigida desde 2009 por Taiyana Pimentel (Cuba, 1967), la SAPS (llamada también como el nombre de la calle, Tres Picos) se ha convertido en un proyecto ambivalente que si bien organiza algunas actividades vinculadas con Siqueiros, la mayoría de sus exposiciones recuerdan a los impulsores legitimatorios que necesitan curadores, promotores y artistas para internacionalizarse y cotizarse.
¿Por qué no se exhibe el acervo artístico que estaba en la casa, que donó Siqueiros, y en el que se encuentran no sólo bocetos de murales, litografías y pinturas del muralista, sino también fotografías de Leo Matiz?
Curados por la puertorriqueña Michele Fiedler, la SAPS presenta actualmente dos proyectos convencionalmente neoconceptuales que simulan reflexión, compromiso y crítica social: Una instalación de Naufus Ramírez Figueroa (1978) que vincula el Sexto Estado de Los Altos –intento separatista que se presentó entre 1838 y 1849 en la región de Los Altos, de Guatemala, patria del artista– con la metáfora de pies geográficos de un poema de Carlos Pellicer, y tres intervenciones de la argentina Ad Minoliti que tienen la intención de activar las funciones museísticas de la fachada, la tienda y la sala de lectura, con acciones afectivas que se relacionan con el apoyo a causas sociales.
Integrado el primero con esculturas de piernas en madera que cuelgan entre cadenas y luces neón, y el segundo con objetos de factura irrelevante realizados por mujeres y una simplista intervención pictórica que pretende “contrarrestar la propaganda figurativa del arte político latinoamericano”, los proyectos no resultan mejores que una casa-museo David Alfaro Siqueiros que cuente visualmente la historia del inmueble.








