GUANAJUATO, Gto.- El Auditorio General de la Universidad (ningún otro lugar más adecuado) sirvió de marco a la presentación, por primera vez en la historia del Festival Cervantino, de un cantautor mexicano que fuera militante del Partido Comunista y sigue reivindicando su posición anti-sistémica a través de sus composiciones.
Oriundo de esta ciudad de donde emigró niño, Palomares volvió triunfal aunque efímeramente para conmemorar con sus canciones y música lo 50 años del 68, por medio de lo que él llamó Cantos de Amor y Patria, título de su recital.
Auditorio lleno en su mayoría de personas mayores que lo conocieron en otros ayeres de batallas, pero también de jóvenes que saben que la música es un arma cargada de futuro, para escuchar las canciones que narran los acontecimientos de entonces como “Me gustan los estudiantes” de Violeta Parra, “Violaron la autonomía”, una parodia de “La cárcel de Cananea”, “Gorilita Gorilón” de Judith Reyes”, la versión musicalizada del contundente poema de Neruda “Pido castigo”, pero también lo que de entonces para acá ha sucedido, porque el movimiento social no se detiene, y así escuchamos también, de su propia autoría, “Hace como un año”, “Los mochos”, “Espejos de mi alma”, la experiencia del plantón ante el fraude del 2006 “Campamentos”, para concluir con algo de la lacerante realidad de hoy, hoy, hoy, “Indocumentados”.
Debussy y Bernstein
a 100 años
Unión y lucha de contrarios
–como nos enseña la dialéctica–, la vida y la muerte a 100 años del suceso se conjuntaron en un concierto para conmemorar la partida del gran músico francés Claude Debussy (1862-1918) y celebrar el nacimiento de otro grande, pero estadunidense, Leonard Bernstein (1918-1990).
Fue la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes (estado invitado de honor) la que interpretó algunas de sus obras más significativas, la Obertura Candide y la Sinfonía No. 2, respectivamente, así como de éste también La edad de la ansiedad, y de aquel El mar, tres bosquejos sinfónicos para orquesta y Preludio a la siesta de un fauno. La dirección fue de José Areán, y como solista estuvo uno de los mejores pianistas mexicanos del momento, Abdiel Vázquez.
Muy interesante aunque no muy atractiva programación para el grueso del público, el concierto en el Teatro Juárez permitió una visión importante de la obra de estos dos creadores, exponentes claros, entre otras cualidades, de la sensualidad en la música.








