Restauran los murales de la justicia

La crítica de arte Raquel Tibol calificó los tres murales pintados en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) por José Clemente Orozco, como “la crítica más dura que se haya hecho en imagen al Poder Judicial”. Esa frase la expresó cuando el expresidente Luis Echeverría fue exonerado de genocidio por sus acciones en el movimiento de 1968 (que cumple 50 años) y del “halconazo” de 1971. Hoy el edificio alberga además obras de George Biddle, Héctor Cruz, Luis Nishizawa, Ismael Ramos y Rafael Cauduro. Las de este último, las más recientes (2009), siguen el impulso de Orozco. Intervenidos hace dos años, los murales en general recibieron nueva atención en julio pasado, afectados por el sismo de septiembre. Los técnicos restauradores explican a Proceso esa ardua labor por mantenerlos siempre a la vista del público.

Los temas de la iniquidad, el abuso del poder, la tortura, la violencia, el despotismo, la burocracia y otros vicios en la impartición de la justicia en México, son tan vigentes hoy en día como cuando los plasmó el pintor jalisciense José Clemente Orozco (1883-1949) en los muros del edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

Aquellos icónicos murales titulados Las riquezas nacionales, La justicia –dividido en dos paneles– y La lucha de los trabajadores, realizados entre 1940 y 1941, representan “la crítica más dura que se haya hecho en imagen al Poder Judicial”. Así lo señaló a esta reportera Raquel Tibol, quien fue crítica de arte de este semanario, en julio de 2005 (Proceso, 1500).

Su juicio fue externado cuando, luego de un intento para juzgar por genocidio al expresidente Luis Echeverría Álvarez y su secretario de Gobernación, Luis Mario Moya Palencia, por la matanza del 10 de junio de 1971 –conocida como el Jueves de Corpus–, la magistrada del Quinto Tribunal Unitario del Distrito Federal Antonia Herlinda Velasco consideró que no se trataba de genocidio.

El cincuentenario del movimiento estudiantil de 1968 fue motivo para revivir la demanda de juicio contra Echeverría –vivo aún–, también por la masacre del 2 de octubre de ese año. El historiador Alberto Híjar informó hace un par de semanas que el Comité del 68 ha promovido un amparo para lograr que se asegure la reclusión domiciliaria en contra del expresidente, para enjuiciarlo por delitos que por su gravedad “no prescriben” (Proceso, 2187).

Una de las imágenes plasmadas por Orozco es “un formidable monumento erigido a la justicia, sólo que ésta duerme blandamente reposando hacia atrás los brazos flácidos, en una mano sujeta aún las leyes, y en la otra la espada ya sin dignidad alguna”, según la descripción del reconocido historiador de arte Justino Fernández (1904-1972). Frente a esta matrona dormida, abandonada en un sillón, personajes enmascarados abusan del poder, mientras la justicia huye despavorida “tratando de salvar su movediza balanza”.

Orozco consideraba que la justicia y la libertad no existen en la realidad sino que son sólo ideas. Así lo indicó su hijo Clemente Orozco Valladares, en entrevista con este semanario en diciembre de 2006 (Proceso, 1574):

“Cuando hay influencias, cuando hay poder acumulado por equis razones, la ‘justicia’ queda en manos del victimario. Orozco plasmó una realidad, un espejo. Lo que hizo fue arte: crear imágenes fabulosas, el mejor diseño de una realidad: Cuando no hay influencias, poder, dinero de por medio, la justicia es una matrona a la cual no le importa nada.”

Su padre, agregó, retrató el conflicto humano, pero no desde un punto de vista moral, sino como una realidad:

“Tal vez lo hizo justo en la Sala de Pasos Perdidos de la Suprema Corte para ver si conseguía un segundo de reflexión de alguno de los jueces, que al pasar obligadamente por ahí, rumbo a sus oficinas, viera las imágenes y dijeran: ‘Vamos a poner inteligencia en esto y a dictar sentencia con lo mejor, con lo que se tiene a la mano, el derecho’. Si hay una intuición ética, uno sabe cuándo está obrando bien o no, cuándo se somete uno, cuándo va la dignidad de por medio para conservar algún privilegio.”

Justicia-injusticia

Inaugurado en 1941 por el entonces presidente Manuel Ávila Camacho y Salvador Urbina, presidente de la Corte entonces, el edifico situado en el Centro Histórico, adjunto al Palacio Nacional, cuenta además con los murales La guerra y la paz, del artista estadunidense George Biddle (1885-1973), pintado en 1945; de Héctor Cruz García (1932), Génesis: Nacimiento de una Nación. Orígenes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, realizado en el marco de los festejos por la llegada del año 2000.

Asimismo, La justicia, de Luis Nishizawa (1918-2014); La búsqueda de la Justicia, de Ismael Ramos Huitrón (1959); La justicia, supremo poder, de Leopoldo Flores (1934-2016); y La historia de la justicia en México, de Rafael Cauduro (1950). Estos últimos cuatro integran un mismo proyecto. Los tres primeros fueron inaugurados en 2008 y el último en julio de 2009. 

Podría decirse que tanto iconográfica –con héroes patrios, imágenes de la cultura precolombina y su carácter figurativo– como temáticamente, las obras continúan con la tradición muralística mexicana, son herederas de la Escuela Mexicana de Pintura.

No así el de Cauduro, titulado asimismo Un clamor por la justicia. Siete crímenes mayores, que si bien recuerda el de Orozco por el descaro con el cual se ve el actuar de la justicia, se distingue por su estilo considerado por algunos críticos como hiperrealista, y es el único realizado con relieves a partir de diversos materiales orgánicos como madera, papel, textil y ladrillo, aunque su base es óleo sobre tela.

Cuando la obra fue inaugurada, el artista radicado en Cuernavaca, Morelos, declaró al diario La Jornada, que consideraba importante dejar una visión crítica de la justicia ante las circunstancias del país:

“Es una invitación a la meditación sobre la injusticia, sobre los errores de la justicia, sobre qué le da forma a la justicia, que es precisamente el crimen; y es una meditación que está hecha para que permanezca. Me encantaría que sucediera lo que el ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia dijo sobre que ojalá todas estas imágenes, dentro de unos años, sean simplemente un anecdotario del pasado.”

El conjunto de obras resguardadas por la SCJN se halla en buen estado de preservación con constantes trabajos de mantenimiento, bajo el cuidado del Centro de Conservación Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Así lo relata el artista plástico y restaurador Javier Ordaz, quien hace un par de años participó con el equipo de restauración que los intervino. 

Y en julio pasado los murales fueron nuevamente objeto de trabajos de restauración para subsanar los daños causados por los sismos de septiembre de 2017, dijo por su parte Iván Alvarado, subdirector del Cencropam.

Artista plástico, egresado como especialista en vitrales de la escuela de Xocongo del INBA, Ordaz habla frente a los murales sobre la minuciosa y delicada técnica con la cual se les dio limpieza: con pequeñas motitas de algodón humedecidas con agua sin sal o con líquidos que el experto en productos químicos de equipo recomienda, van retirando el polvo y la suciedad.

Hay que dejarlos secar muy bien para posteriormente con unos finos brochuelos, despojarles de cualquier rastro de pelusa. Ya libres de toda materia ajena se detectan zonas dañadas, y con la paleta de colores Maineri se inicia la restitución de color. Siempre con pinceladas diferentes a las del artista, para lo cual se usa puntillismo (con puntos) o assurado (con líneas). El propósito es que el espectador no perciba los faltantes, pero en la cercanía se note la restauración. 

Las obras de Cauduro, desplegadas en los tres niveles de las escaleras ubicadas al sur-poniente, requirieron un tratamiento distinto pues tienen relieves donde se acumula el polvo. Además, el artista debió dar su autorización para los trabajos de mantenimiento, si bien él no tiene permitido tocarlos con ese propósito, precisa el restaurador.

Elaboradas entre 2007 y 2008, según información del Canal Judicial en Vimeo (plataforma de videos en internet), aborda el tema de la justicia “desde sus limitaciones, fallas, omisiones y problemas no resueltos” en ocho lienzos y diez escenas. Para Ordaz es una crítica a la corrupción, la realidad en las prisiones, el sistema, pues se pueden ver escenas de tortura, violación, secuestro, represión, muerte, con el realismo que caracteriza la obra de Cauduro:

“Como en el de Orozco, los expedientes y archivos judiciales se plasman desordenados, saliendo de gaveteros saturados, donde no caben más, mientras la gente sufre encarcelada, sus “archivos están ya muertos, aquí sean culpables o inocentes, los dejan que se pudran, no les interesa nada.” 

Ordaz llama la atención sobre el Tzompantli con cráneos hechos de resina y en la parte superior la represión que le recuerda el movimiento estudiantil de 1968, cuando con los tranques el ejército ocupó el Zócalo y la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, aunque la manifestación de los jóvenes y la respuesta autoritaria puede ser de cualquier otro momento. Rematan la obra granaderos plasmados en las ventanas. 

El restaurador y artista explica que fueron hechos con una técnica especial, es pintura con óxido de hierro rojo o hierro negro llamada también pintura al fuego, que se aplica con aceites, esencia de clavo de rosas o vinagre, y que una vez hecho el diseño se mete al horno a una temperatura de hasta 620 grados. En ese proceso el óxido se funde con el vidrio y queda plasmada la figura y “ya no se quita con nada, ni raspando”.

Daños menores

Pese a vigilancia y mantenimiento de la Dirección de Infraestructura Física de la SCJN, a cargo de la arquitecta Paola Pineda Córdova, el sismo del año pasado provocó daños, si bien no graves, de acuerdo con el dictamen realizado por el INBA el 21 de septiembre dos días después del sismo, detalla Iván Alvarado:

“En el mural de George Biddle, La guerra y la paz, que está en el vestíbulo central, había las mayores afectaciones, grietas y fisuras que se reactivaron con el temblor. Y en el caso de los murales de Orozco (se restauró Las riquezas naturales) también hubo pequeñas fisuras en las zonas de los marcos de las puertas. Estos fueron los daños básicamente. No hubo daños graves.”

Añade que en el de Biddle hubo un pequeño, aunque sí notorio, desprendimiento de pintura. Del 16 al 27 de julio pasado, aprovechando las vacaciones de verano de la Corte para poder colocar los andamios, se procedió a la restauración:

“Como en el proceso que siempre hacemos, básicamente fue una limpieza mecánica con brochas de pelo suave y aspiradoras, si es el caso, para quitar el polvo superficial. Luego, si es necesario, una limpieza química o acuosa según la zona que se vaya a intervenir. Se hace una consolidación con resane de fisuras y grietas y finalmente la reintegración cromática.”

Enfatiza el subdirector del Cencropam que tanto el edificio de la SCJN, construido en los terrenos de la antigua Plaza del Volador, como los murales se encuentran bien estructuralmente. Y reitera, como lo informó el INBA en un comunicado del 19 de septiembre pasado, que los gastos de la restauración fueron cubiertos por la SCJN en tanto que es su patrimonio.

Así lo precisa Ordaz, quien relata que para los trabajos de limpieza y mantenimiento de 2016 fue invitado por Eduardo Acosta, restaurador y vitralista egresado del INBA. Se le pregunta por qué siendo pintor en activo (ha expuesto en sitios como el Club de Periodistas, la Galería El Roble del Hotel Fiesta Inn, el Aeropuerto de la Ciudad de México, el Instituto Mexiquense de Cultura Wenceslao Labra, entre otros espacios) hace trabajos de restauración:

“Como pintor y vitralista tengo conocimiento de los materiales y también conozco el área de restauración. Mi compañero y yo recibíamos las indicaciones de qué hacer. Me contrataron precisamente por ser artista plástico para hacer la restauración en rostros que requirieran la línea de relleno. Y también hice la limpieza.”

Tiene estudios truncos de arquitectura. Y durante su carrera cursó talleres de ebanistería, joyería, trabajo en metales, textil, modelado, fotografía, dibujo geométrico, además de cursar materias como política en México, historia universal, historia del arte. Menciona que de 300 fichas que se reparten, sólo ingresaron en su generación 64 alumnos y sólo cuatro egresaron con la especialidad en vitrales.

Como vitralista intervino también en la restauración en la antigua Basílica de Guadalupe donde hay vitrales de origen español y francés. Dice que en nuestro país existen muchos vitralistas empíricos en la técnica del emplomado y montaje, que se dedican al oficio por la herencia de sus abuelos y padres.

Pero en el INBA llevan una formación mucho más amplia con técnicas como la Tiffany, con cinta de cobre, utilizada por ejemplo en el telón de la sala principal del Palacio de Bellas Artes. Otras como Dalle de Verre que lleva los vidrios o cristales ahogados en cemento; la grisalla, ya explicada arriba; además vidrio fusionado, moldeado. Para él es importante saber dibujar y diseñar, y no únicamente copiar una plantilla.

Los murales de la SCJN pueden visitarse sólo en días hábiles (https://www.scjn.gob.mx/index.php/conoce-la-corte/visita-la-corte).