34 Puñaladas es el nombre del grupo musical argentino más distintivo de la generación de los 90. Sus cinco integrantes –dos guitarras, dos guitarrones, y un cantante y letrista– llegaron por primera vez a México para mostrar la nueva cara del tango, con ritmos africanos, jazz, folclor latinoamericano, rock, clasicismo español e italiano, música criolla… Y asombraron en la Alhóndiga de Granaditas con sus letras de problemática contemporánea.
GUANAJUATO, GTO.– Se llaman 34 Puñaladas, nombre que sacaron de la letra de una canción. Así lo quisieron porque sabían que, para quienes escucharan por primera vez de ellos a fines de los noventa, sería pronta la memoria para identificar qué música interpretan: el tango.
Mujeres víctimas de trata o los daños al medio ambiente y los recursos naturales, son algunos elementos de las nuevas letras de estas generaciones tangueras que, quizás, no podrán ver una nueva época de oro como la vivida muchos años atrás, pero que han consolidado un movimiento musical prestigioso que ya tiene su propia identidad.
Son el grupo más distintivo de la que se conoce como “generación de los 90”, compositores e intérpretes del tango contemporáneo; acaban de ganar el máximo reconocimiento musical en Argentina, el Premio Gardel; por primera vez se presentaron en México y lo hicieron en este Festival Internacional Cervantino, en la explanada de la Alhóndiga de Granaditas. Bajo el frío y la luna entre nubes, mostraron apenas los nuevos caminos del tango, del lunfardo, de la milonga. Sus letras con temáticas actuales, líricas, de hoy, se producen al final de un embudo por el que entran ritmos africanos, jazz, folclor latinoamericano, rock, clasicismo español e italiano, y música criolla.
Son los guitarristas Edgardo González y Maximiliano Cortés; Juan Lorenzo y Lucas Ferrara en guitarrones, y Alejandro Guyot como cantante y letrista.
34 Puñaladas se formó en 1998 y comenzó tocando en los escasos espacios semi-ocultos que quedaban entonces para los tangueros; el género languidecía, lejos del brillo que le dieron Gardel, Piazzola y Homero Expósito, o Sofía Bozán y Tita Merello.
“Cuando el grupo se forma, había algunos exponentes de antaño, pero se había perdido la escena tanguera en Buenos Aires. Una de las primeras misiones de nosotros como grupo era rescatar e interpretar un repertorio que se había dejado de tocar”, recuerda Edgardo González en charla con Proceso después de ese primer concierto.
“Nos tomamos una línea estética de tangos lunfardos (basado en una especie de dialecto local surgido de las prisiones o barrios bajos que combina palabras de otros idiomas como el italiano), y 34 puñaladas es la última frase de un tango lunfardo de las primeras décadas del siglo XX”, explica.
Las amplias influencias musicales que tienen todos los integrantes del grupo se convirtieron en un paquete de información que, en palabras del guitarrista, “dejamos que nos atraviese al momento de componer”. y así se inserta al tango en la actualidad, tras un desarrollo estético que ellos llevan realizando durante 20 años, con nuevos lenguajes, nuevas temáticas como la ambiental o la trata de personas, todo dentro del arrebatado ritmo del tango.
Edgardo aclara que no han querido copiar a los grandes maestros del género, sino crear desde ahí ideas propias, y el manejo del escenario también es distinto, más sutil, menos dramático, “más impresionista” –resume–. Hay mucha indagación y también una síntesis con nuestro propio arte”.
En 34 Puñaladas no hay bandoneón; la base es la guitarra. Se han hecho acompañar de algún bandoneonista o de una voz femenina para ciertas piezas o grabaciones, pero esencialmente sólo son los cinco, voz y cuerdas.
“Mientras históricamente el tango tenía un carácter muy narrativo –hay tangos que parecen guión de película–, en nuestra generación tiene más que ver con otras influencias, sin apartarnos de todo de la narrativa, pero con una estética más impresionista, más descriptiva, de imágenes.”
El grupo tiene dos discos con composiciones propias, algunas de las letras se basan en temáticas actuales, como “Vírgenes rotas”, la historia de una mujer víctima de una red de trata, o “Milonga del riachuelo”, de tipo ambiental.
También figuran, por supuesto, “los personajes de esa ciudad ficticia que a veces es superada por la realidad”, señala Edgardo refiriéndose a Buenos Aires, la capital de su país.
–¿Han tenido éxito al reinterpretar la recuperación del tango?
–No va a suceder lo que sucedió. Recreamos la época dorada del tango, que en su momento fue lo que fue. No es una música masiva, pero sí es un movimiento muy valorado.. En una generación posterior algunos son alumnos nuestros, es más prolífica, más numerosa y está buscando también su identidad.
Estar en el Festival Cervantino después de ganar el Premio Gardel les pareció el momento propicio para presentar una síntesis de su historia musical, con algunas composiciones clásicas y otras propias –como las de la producción “Las historias del humo”–, que les valieron el citado reconocimiento.
El grupo cree que estas nuevas generaciones tienen ya su propia historia y reconocimiento. Tan así, que viajan por todo el mundo haciendo presentaciones, aunque a México tardaron 20 años en llegar.
“Y esperamos que no sea la última vez.”








