Una iniciativa ciudadana, En defensa de los murales del Antiguo Centro SCOP, se moviliza para evitar el desmantelamiento de las históricas obras que durante más de medio siglo han dado significado al conjunto arquitectónico. Sus miembros –artistas, estudiantes, académicos, intelectuales– cuestionan el apresuramiento y falta de argumentos para la acción, y sostienen que los murales deben permanecer en el lugar.
Primero que paren!”, piden artistas, académicos e intelectuales que conforman la iniciativa ciudadana En defensa de los murales del Antiguo Centro SCOP, ante el desmantelamiento de las históricas obras que visten la actual sede de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).
La iniciativa está conformada por la investigadora Guillermina Guadarrama, el pintor Ariosto Otero, los artistas Jorge y Leopoldo Best, el periodista Juan Bautista, el estudiante de biología en la UNAM Jesús Ismael Vega, creador de una página en Facebook donde informa e invita a la ciudadanía a conocer la historia de esa magna obra en el antiguo conjunto SCOP (Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas) de 1954.
A raíz de los daños sufridos en los edificios por el sismo de 1985 (Proceso, 465, 469 y 535), se habló de trasladar los murales, pero tras el temblor del 19 de septiembre de 2017 la idea cobró fuerza. A finales de septiembre se inició una primera fase de desmontaje de paneles en el edificio A, con el “visto bueno” del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA); sin embargo, en los trabajos al aire libre que realiza CAV Diseño e Ingeniería, se puede ver que se desmonta también en el edificio B. Un primer destino es “resguardarlos” en las mismas instalaciones del SCT.
No obstante, a los artistas no les queda claro exactamente cuál será su destino final. Se ha especulado que una parte irá al Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, lo cual “sería un crimen, porque no es un tapete decorativo, es identidad y memoria histórica”.
Por todo ello, el pasado 3 de octubre los miembros de la iniciativa se presentaron en una segunda protesta –la primera fue el 25 de septiembre–, frente a las instalaciones del antiguo centro SCOP de Xola y Eje Central. Y megáfono en mano, solicitaron parar los trabajos e informaron que este lunes 8 tendrán una junta con autoridades del INBA. También leyeron un documento respaldado por el Consejo Académico del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap) del INBA, exigiendo un pronunciamiento a esta institución, así como a peritos y expertos para emitir las observaciones sobre la conservación de las obras. Proporcionaron a Proceso copias de dos documentos más:
Una carta enviada –con sello de entregado–, a Gerardo Ruiz Esparza, titular de la SCT, donde piden transparencia acerca del destino, y otra dirigida a Javier Jiménez Espriu, próximo secretario del ramo para poner un alto al desmantelamiento.
Hasta ahora la iniciativa cuenta con 61 firmas, entre estudiantes y miembros del gremio cultural, como los escritores Elena Poniatowska y Juan Villoro, los artistas Adolfo Mexiac, Guillermo Monroy y Arturo Estrada, los únicos dos muralistas vivos con obras en la SCT: Sol de tierra y Jaguar, y Sol de aire, respectivamente.
El conjunto restante de los murales es el siguiente:
Canto a la patria, Independencia y progreso y Los libertadores, de Juan O’Gorman; Los mayas, Conquista y libertad, Los Aztecas, Cosmogonía y Cuatro siglos de comunicaciones, de José Chávez Morado; Al héroe del trabajo, de Luis García Robledo; El trabajo obrero y campesino e Intercambio de productos, de Rosendo Soto; y Sol de lluvia y fuego, de Jorge Best.
Fue justamente el hijo de éste, Leopoldo Best, a su vez artista, quien comentó a Proceso que tanto su hermano como él habían ayudado en la reconstrucción de los murales tras el sismo de 1985:
“No se trata de mí, pero no me consultaron en lo mínimo. Cuando ayudé como encargado del archivo documental del proceso de reconstrucción de los murales, podría proporcionar información oportuna que aún conservo.
“Comenzaron por la parte alta, la más fácil de los mosaicos. El problema será cuando lleguen al quinto piso, pues del cuarto hacia abajo todo está pegado en los muros del edificio, y va a ser difícil que puedan quitarlos, probablemente los terminarán rompiendo.”
Por su parte, Ariosto Otero dijo:
“No son caprichos personales, pero cada minuto que pasa bajan parte de los murales, Lo primero es que se detengan, estos murales son historia mexicana y universal. No queremos un segundo caso del Casino de la Selva que sirva para el neoliberalismo y terminen haciendo de este espacio una torre de departamentos o centro comercial. El neoliberalismo nos está matando a través del individualismo, pero si entre todos exigimos, será difícil que nos despojen de nuestra identidad nacional.”
Y acto seguido hizo un llamado a Alejandra Frausto, próxima secretaría de Cultura, y a Sergio Mayer, presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, para intervenir.
A su vez, Guillermina Guadarrama, investigadora en el Cenidiap, mostró su preocupación acerca de que “resguardar” los murales signifique embodegar. Lo ideal sería que la obra se quedara ahí:
“Nos preocupa que por las prisas desmonten mal, porque se ve que les urge antes de que termine el sexenio. Proponemos una visita al sitio con autoridades, que si bien se habla de derrumbar los edificios, bueno, pues que ese espacio se vuelva un centro cultural, pero que se queden los murales completos ahí.”
Estéticas de la UNAM
Por su parte, Renato González Mello, historiador de arte y titular del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM, explicó que desde hace unos meses trabaja con un equipo de alumnos de las facultades de Filosofía y Letras y Arquitectura de la UNAM reuniendo documentación y elaborando un reporte para propiciar un diálogo ciudadano sobre el tema.
En carta firmada por él y dirigida a la opinión pública, se lee:
“Nos preocupa que se haya planteado públicamente llevar a cabo la remoción de los mosaicos en un plazo de tres meses, pero sin exponer los argumentos técnicos correspondientes. Reiteramos que deben llevarse a cabo estudios estéticos, históricos, estructurales y científicos; y que éstos deben hacerse públicos antes de tomar una decisión. Por su magnitud e importancia, no puede emprenderse una acción así en un plazo perentorio. Proceder de esa manera podría poner en peligro la conservación de la obra de arte.”
Asentó en entrevista:
“La protección que le otorga la ley al patrimonio del siglo XX es insuficiente y casos como éste son un ejemplo, se necesita que el INBA tenga facultades mucho más claras, elementos legales para intervenir en un monumento de valor artístico.”








