Nueva diplomacia cultural y creación del Instituto México

Financieramente, la promoción de la cultura mexicana en el exterior durante el gobierno de Peña Nieto resulta una falta de respeto a la comunidad internacional y al propio sector cultural, por lo cual la Cancillería nueva está llamada a diseñar una política de diplomacia cultural para reconstruir la dañada imagen del país. Eso piensan el investigador César Villanueva y los exagregados culturales Héctor Orestes Aguilar, Edgardo Bermejo y Eduardo Cruz Vázquez, quienes exponen la necesidad de crear un instituto mexicano a la manera del IFAL de Francia, el Consejo Británico del Reino Unido o el Cervantes de España.

Designado como el titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) para el próximo sexenio, Marcelo Ebrard Casaubón tendrá que afrontar en su proyecto de política externa el reto de diseñar una nueva diplomacia cultural, articulada e incluyente, que ayude a reconstruir la imagen de México dañada por problemas como la corrupción, la violencia y el narcotráfico.

“Pareciera una verdad de Perogrullo, pero se debe subrayar que la cultura es un pilar de los ejes de la política exterior junto con el económico, el jurídico y, propiamente, el político. La cultura tiene que ver mucho con la forma en la cual un país se engarza con el resto del mundo y, desde esa perspectiva, creemos que debe ser una de las piedras angulares de la política exterior del siguiente gobierno.”

Es el investigador César Villanueva quien lo expresa. Él y los exagregados culturales Héctor Orestes Aguilar, Edgardo Bermejo y Eduardo Cruz Vázquez se han unido para presentar, a través de estas páginas, una serie de propuestas a Ebrard, licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México y exjefe de gobierno del Distrito Federal.

Destaca la creación de un plan integral para una nueva etapa de diplomacia cultural y la cooperación cultural para el desarrollo, cuyo eje central sea la creación de un instituto global similar a los de otras naciones como el Camões de Portugal, Cervantes de España, Goethe de Alemania, Instituto Francés para América Latina (IFAL) de Francia, Dante Alighieri de Italia, y el British Council (Consejo Británico) de Reino Unido, dedicados a promover la cultura y la lengua de sus países y, principalmente, a abrir campos para su desarrollo en diversos sectores.

Entrevistados de manera conjunta por Proceso, los especialistas coinciden en que, si bien ha existido una tradición diplomática en la cultura, ha venido a menos por el desdén de los últimos gobiernos que se refleja en una falta de continuidad de programas y una disminución presupuestal:

El área responsable de estas acciones en la SRE ha cambiado de nombre como de titulares: Dirección General de Asuntos Culturales, de Relaciones Culturales, de Cooperación Educativa y Cultural, Unidad de Asuntos Culturales, y en la actualidad nuevamente de Cooperación Educativa y Cultural. Y sólo en el gobierno de Enrique Peña Nieto la dirigieron Lizeth Galván, Alejandra de la Paz, Susana Pliego y José Luis Martínez Hernández, a quien consideran “un profesional de la diplomacia cultural” si bien ni siquiera cumplirá un año en el cargo, pues ya viene el cambio.

Según datos de Cruz Vázquez, los recursos ejercidos comenzaron con un monto de 14 millones 812 mil pesos en 2012, en 2015 alcanzaron su punto más alto con 48 millones 542 mil pesos, para caer de nuevo a 14 millones 156 mil, hasta el 31 de julio de este 2018. Al sumar los seis años serán 181 millones 435 mil pesos. A decir suyo, son mínimos, dado el presupuesto total de dos mil 687 millones de pesos de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid) de la cual depende Asuntos Culturales.

Y al hacer una valoración del desempeño de la Amexcid y de la cooperación educativa y cultural en el sexenio de Peña Nieto, el fundador del Grupo de Reflexión en Economía y Cultura (Grecu), lamenta que dicho órgano nació con “notables limitaciones, por su falta de personalidad jurídica y patrimonio propio”:

“Aunque no lo es todo: el raquítico presupuesto ejercido por la agencia pone en relieve el escaso interés del gobierno en la cooperación de largo alcance. Sin fondos que ofrecer a cambio, las iniciativas de México reducen sus capacidades de influencia bilateral y multilateral, sin sentirse que realmente opere como agencia tipo España. El profundo desprecio por la diplomacia cultural se manifiesta en el impronunciable presupuesto otorgado a la dirección general responsable. Sencillamente resulta una falta de respeto a la comunidad internacional y al propio sector cultural, la manera en que financieramente ha visto el gobierno de Peña Nieto la promoción de la cultura mexicana en el exterior, a través de la Cancillería.

“Cierto que el Conaculta (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes) en su tiempo, y ahora la Secretaría de Cultura (SC), con sumas de ProMéxico y algunas empresas, destina fondos para la promoción internacional, pero aun así resulta una intervención que dista de ser significativa. Eso sí, al Circo del Sol se le dieron más de 47 millones de dólares para producir un espectáculo de la mexicanidad vende playas y sitios patrimoniales de postal. De ahí que más allá de los dineros, la gestión de Ebrard tiene el enorme compromiso de revertir este rostro oscuro de la secretaría que presidirá. Y por eso un instituto cultural de alcance global es indispensable.”

Hace un llamado para que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien ha anunciado un plan de austeridad, haga “las consideraciones y excepciones que ciertos casos ameriten” para defender la estructura legal y salarial del Servicio Exterior Mexicano (SEM), ya de suyo castigados los fondos para la acción de la Cancillería”.

Considera que sería “una enorme ignorancia de la bancada morenista” no distinguir las características del servicio diplomático y todas las diplomacias del mundo y de los organismos internacionales y no ajustar los presupuestos “en función a las economías en las que se desempeña”.

Imagen por marca

Director del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana, Villanueva expone los elementos de una nueva política exterior donde se pueden retomar experiencias exitosas, tales como un nuevo marco conceptual y metodológico, y un diagnóstico preciso para ayudar a cambiar la imagen de México, y aquí es donde la cultura juega un destacado papel pues proyecta imaginarios.

Lo deseable, añade, es incluir una narrativa cultural distinta, “como uno de los elementos más fructíferos, para darle la vuelta a la situación que hemos tenido en los últimos años, no tanto de tener malas noticias, sino generar una narrativa actualizada, incluyente, con un sentido social amplio que posicione a México desde una perspectiva nueva”.

Tercia Aguilar para enfatizar que la imagen de un país es “un asunto de seguridad nacional”, pues es cómo desde otras naciones codifican nuestra situación económica y política, y construyen los imaginarios de México. Menciona que luego del hecho de los tráilers con cadáveres, quién querría ya no venir, sino ni saber algo de México.

Abunda Villanueva que la idea es cambiar el concepto marca-país –inventado por el británico Simon Anholt y ya fuera de circulación, pues incluso el autor se desdijo de él por estar más ligado a intereses de marketing– por el de imagen-país que, junto con la diplomacia cultural, se asocia a la definición de “poder suave”; con éstos y con otros temas como la cooperación y el turismo, se crearía el marco conceptual.

–¿Puede aprovecharse el momento político y las expectativas generadas en el exterior por la llegada de López Obrador a la presidencia? Pues su triunfo fue saludado por políticos extranjeros.

–Creo que sí –dice Bermejo–, el momento político es muy propicio para un nuevo liderazgo, un nuevo gobierno en México, a 50 años del 68. De hecho, podríamos hablar de un momento culminante de esta larga transición democrática que pone al país en una coyuntura política muy interesante, para replantear su narrativa e imagen frente a nosotros y frente al exterior.

Añade Cruz Vázquez que es el momento de integrar al proyecto elementos del sector cultural, pues si bien durante la posrevolución hubo buenos momentos en las representaciones en el exterior, al compararse con los casos del Reino Unido y su Consejo Británico, Alemania con el Instituto Goethe o el Cervantes de España, es evidente el rezago de México.

Hay la expectativa entonces de que la SC y la Cancillería, con la Amexcid, y otras instancias como Economía, el Banco Mexicano de Comercio Exterior, puedan remontar esa circunstancia. Es oportunidad también, dice, de formar una nueva generación de diplomáticos jóvenes con mejores expectativas “no sólo disciplinarias sino con la idea de un cambio de paradigma para ver al sector cultural en toda su importancia”.

Ante la pregunta sobre qué instancia debe asumir el liderazgo, si la SRE o Cultura, Aguilar y Cruz Vázquez coinciden en la necesidad de un acuerdo, pues “no estamos pidiendo nada extraordinario”: el problema es que no falta quien se quiera “colgar las medallas”. Ambas secretarías tienen recursos para realizar acciones en el extranjero, no vienen del sexenio pasado sino del cardenismo.

Siempre se ha dado la acción conjunta, incluso la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha participado históricamente, recomendando responsables para las agregadurías. La Casa de México en París, por ejemplo, “uno de nuestros recintos educativos y culturales y quizá el más representativo en el mundo” se construyó y opera con recursos de la SEP. Hay otros actores, como las universidades. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) no hace diplomacia oficialmente, pero tiene “una presencia muy importante con el Instituto Cultural Mexicano en San Antonio, Texas”. Y también organizaciones de la sociedad civil actúan en el campo, sobre todo en Estados Unidos, a veces con la recuperación y promoción de tradiciones, lenguas originales, medicina vernácula.

Simplemente México

La propuesta pone énfasis en que México tiene el peso cultural, poblacional y de sus tradiciones para tener esa institución global que abra oportunidades en el campo cultural y en el de la cooperación en el más amplio sentido.

Bermejo, director de Arte y Cultura del British Council (Consejo Británico), cita a este organismo como un ejemplo notable en este sentido: Tiene representación en 120 países y 180 ciudades, y una “operación gigantesca en todo el mundo”. Y sólo el 25% de su presupuesto viene del sector público, el 75% restante proviene de generar sus propios recursos a través el uso del inglés como instrumento de trabajo.

Con 120 millones de mexicanos México es el país con más hispanoparlantes. Si se suman los 40 millones de personas de origen mexicano en Estados Unidos, puede decirse que son tres veces más de los hablantes del español de España, y sin embargo “le hemos dejado la tarea al Cervantes, que ha conformado una red global y ha hecho del español no sólo un instrumento de la diplomacia sino de generación de recursos. Hemos descuidado muchísimo esa tarea”.

Ya se pueden retomar avances como la red de espacios del Fondo de Cultura Económica (FCE), “podrían ser parte de un nuevo modelo”, los centros de enseñanza del español de la UNAM. La propia SRE tiene 15 espacios, entre centros culturales e institutos de cultura. Precisan que no se trata de abrir lugares para exposiciones, conciertos, conferencias, sino espacios donde se genere cooperación vinculada al desarrollo del país, a partir de su profunda integración e inclusión social con el resto del mundo, donde se pueda dar empleo a jóvenes mexicanos, y haya participación federal, estatal y privada.

Recuerda Bermejo el origen del Consejo Británico en 1936. Cuando vivía la amenaza del fascismo y la violencia en la antesala de la Guerra Mundial, Reino Unido decidió crearlo para ser contrapeso a través de la cultura, la educación y la lengua a la amenaza fascista:

“Así, en una coyuntura de crisis total, de amenaza total, a punto de ser bombardeado Londres, nace el que es hoy el organismo internacional más grande del mundo, que le ha dado a la diplomacia cultural británica un enorme vuelo y una gran capacidad. Y creo que la emergencia mexicana no es menor, si consideramos lo que está pasando en Estados Unidos, la necesidad de crear una nueva narrativa de lo mexicano para nuestros vecinos y también para los mexicanos que viven allá. Es fundamental.”

El ciclo político abre la posibilidad, reitera Villanueva. Y en ese instituto podrán incorporarse temas nuevos, acordes al siglo XXI, como una especie de cerebro digital que difunda contenidos de México, por ejemplo una suerte de Mexflix. Y sea muy incluyente con espacio para el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart), el diseño contemporáneo, la gastronomía, el cine, las expresiones de los grupos indígenas y los artistas conceptuales más vanguardistas.

–Cuando se ha hablado de la creación de este instituto se han manejado nombres como el Octavio Paz o Alfonso Reyes. ¿Qué tal Sor Juana?

–Hay figuras muy ilustres en el campo cultural de los cuales uno puede claramente definir –dice Villanueva–. A mí me gusta mucho Sor Juana, pero no me parece mala la idea de hablar de figuras prehispánicas, como el poeta Nezahualcóyotl. Ojalá sea el moño que cierre un proceso de discusión interesante.

Y remata Bermejo:

“Me inclino más por un nombre que remita a la identidad nacional en su sentido más amplio y completo como la palabra México misma. La escuela de llamar a los institutos con nombres se ha limitado a la literatura y no le hace un favor al resto de las artes. México tiene el suficiente peso, fuerza y visibilidad para ser el nombre que nos represente.”

Habrá que ver qué piensa Ebrard.