2 de octubre: La historia contada con el cuerpo

Como en todo performance, el proceso de organización de la acción tiene relevancia para la intención política, y la acción coreográfica multitudinaria 1 de octubre Plaza de las Tres Culturas se ha preparado para reconstruir el ataque a los ciudadanos de aquel día de 1968. 

Danza UNAM, coordinada por la coreógrafa sonorense Evoé Sotelo, difundió en redes la convocatoria a la ciudadanía mexicana para participar en esa acción durante tres semanas previas a la fecha histórica, y con una imagen de la época: En blanco y negro, la multitud del 68 reunida en la Plaza.

Y encima de esta foto icónica, un filtro fotográfico de color amarillo que encuadró el actual llamado universitario a ponerse en los zapatos de aquellos caídos, a través de la coreografía en la misma Plaza.  

La invitación estuvo abierta, indistintamente, a “mujeres y hombres de todas las edades”, apelando a sus cuerpos sensibles, perceptivos y a su memoria para recuperar coreográficamente ese inolvidable hecho.

La población actual de la Ciudad de México está constituida de, al menos, tres generaciones posteriores a 1968, que identifican directa o indirectamente la Matanza de Tlatelolco. La distancia de medio siglo, sobre todo de los más jóvenes, corre el riesgo de la futura indiferencia. Por ello, la proyecto de Danza UNAM de recrear tal suceso con la ciudadanía multigeneracional es tan puntual hoy día.  

Esa coordinación determinó el 1 de octubre para realizar la acción coreográfica, con la finalidad de no desatender el mitin conmemorativo tradicional que se realiza cada día 2 de ese mes.

Los voluntarios tenían que registrarse vía correo electrónico y asistir a un ensayo, dentro de la semana del 24 al 30 de septiembre. Recibían materiales de sensibilización de tipo cinematográfico como El grito (1968), documental de Leobardo López a partir de tomas directas de la concentración en la Plaza de parte de los estudiantes del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM; y también de tipo literario, como el poema Tlatelolco 68, de Jaime Sabines, el cual inicia con el verso sobre la ausencia numérica real de los cuerpos caídos. 

Las generaciones de mexicanos aun no tienen la certeza de esa cifra de víctimas del ataque. Las versiones al respecto varían polarmente. La oficial, por un lado, continúa sosteniendo el número de 44 cuerpos caídos, “34 identificados y 10 desconocidos”, mientras que la otra, consensuada por investigadores, ha determinado 300 (https://www.proceso.com.mx/94913/los-muertos-de-tlatelolco). Aun sin esa verdad numérica, la coreografía reconstruirá el hecho que per se insiste en dicha ausencia de información clara y, por tanto, en las omisiones de reparo moral y justicia.

Para los voluntarios, el ensayo consistió en recapitular la historia como momentos coreográficos: 1.- Respirar profundamente de pie frente al simbólico edificio Chihuahua. 2.- Tirarse al piso a la señal de la luz de bengala. 3.- Desalojar la Plaza al sonido de los helicópteros y dejar uno de los zapatos que se llevan puestos. 4.- Volver la mirada al cementerio de zapatos que queda ahí en la Plaza.

Todo el acto estará contenido por un diseño sonoro que sintonizará los movimientos de los participantes y envolverá la Plaza. Es un performance con duración de 18:00 a 20:30 horas, enmarcado en la iniciativa cultural M68 Ciudadanías en Movimiento de la UNAM.

Al jueves 27 de septiembre, eran 750 voluntarios a participar en la acción coreográfica. De esta forma, asumirán el dolor heredado, narrando la historia con otros medios artísticos, el cuerpo en esta ocasión, para que la magnitud del suceso no se diluya en la mitología, como Carlos Monsiváis advirtió en Memoria Gráfica El 68 (Proceso, edición especial 57).