Después de 50 años de guardar silencio sobre la relevante participación que tuvo en el movimiento estudiantil de 1968, la pintora Herlinda Sánchez Laurel decidió compartir datos, narraciones y, muy especialmente, 65 placas originales de grabados que permiten iniciar una nueva lectura, tanto de la participación de los artistas y las artistas mujeres en el movimiento, como de la producción plástica conocida como la Gráfica del 68.
Recopilado de manera aleatoria por el Grupo Mira en la década de los años setenta y difundido desde entonces en distintas plataformas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el conjunto de estampas realizadas en madera, linóleo y esténciles parecía estar integrado por obras anónimas en las que el desconocimiento de sus autores inhibía profundizar en sus contextos materiales y estéticos de producción.
Las plataformas han sido una exposición realizada en 1978 en los corredores de la antigua Academia de San Carlos, un catálogo publicado en 1981 y, entre las más recientes, la exhibición que presenta el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) desde el pasado 1° de septiembre con las obras que el Grupo Mira le donó.
Sánchez Laurel, también académica de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, al romper su silencio, además de incluir de manera protagónica a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” en la producción de comunicación visual para el Movimiento del 68, ubica el nombre de algunos protagonistas que conocíamos únicamente por la potencia de sus imágenes y símbolos. Entre ellos, Humberto Pérez, Hugo Gallardo y José Serrato.
Nacida en 1941 en Ensenada, Baja California, Herlinda Sánchez Laurel se trasladó en 1965 a la Ciudad de México para iniciar sus estudios de artes plásticas en “La Esmeralda”. Interesada en apoyar causas sociales con énfasis en la promoción de una mejor educación, se unió a la Juventud Comunista de México (JCM) y, en 1966, con varios estudiantes de Monterrey, formó un grupo de estudio denominado José Clemente Orozco en el que participaron algunos creadores de la Gráfica del 68, entre ellos, Humberto Pérez Hernández, Leticia Valadiz y José Serrato. En 1968, la JCM se unió a la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED) y, por lo mismo, varias estampas producidas durante el movimiento tienen esas siglas.
En su cargo de presidente de la Sociedad de Alumnos de “La Esmeralda” en 1968, Sánchez Laurel formó parte del Consejo Nacional de Huelga y estuvo encargada de administrar y organizar la producción plástica de la escuela, y narra que el entonces director, Fernando Castro Pacheco, le dejó las llaves del plantel y los talleres de grabado.
Al terminar sus estudios en 1969, la pintora resguardó las placas de 65 grabados y se fue a su ciudad natal en donde, por encargo del Sindicato Estatal de Maestros del Puerto de Ensenada, pintó un mural de 23 metros de largo sobre la lucha estudiantil que se inauguró en 1970. Una obra de valor artístico e histórico que se ubica en el interior de las oficinas del SNTE, sección 37, y que actualmente se encuentra en un lamentable estado de deterioro.
Fascinantes como objetos y como imágenes, las placas de distintos tamaños –algunas muy pequeñas que eran “bonos” que se intercambiaban por donativos de 10 pesos– mantienen no sólo la huella de tonos negros, rojos o amarillos sino, también, los nombres de sus autores. Con numerosas piezas realizadas por Humberto Pérez Hernández y la famosa paloma atravesada por una bayoneta firmada por Hugo Gallardo, el acervo de Herlinda Sánchez Laurel merece una exhibición que permita sentir la potencia estética de esas placas, que reconcilian al arte con la memoria y la emotividad colectiva.








