La represión estimuló al movimiento: el representante alemán

Berlín.- “Ayer por la noche se presentó el hasta ahora más serio choque durante la manifestación convocada por el Consejo General de Huelga en las cercanías del Ministerio del Exterior y que no contaba con la autorización de la policía. Los militares y la policía respondieron al fuego que abrieron algunos participantes del mitin y tiradores desde el techo.

“El balance del enfrentamiento callejero que duró varias horas: 25 muertos y más de 70 heridos, la mayoría de ellos estudiantes y transeúntes no involucrados. Según informes de la prensa hay miles de personas detenidas”, detalla el mensaje que el 3 de octubre de 1968 el entonces embajador alemán en México, Carl August Zapp, envió a su gobierno en Bonn.

El reporte de cuartilla y media de Zapp forma parte de una serie de informes que desde finales de julio de 1968 la representación diplomática alemana envió a su gobierno como parte del detallado seguimiento que dio al movimiento estudiantil en México.

Consultados por Proceso en el Archivo Político del Ministerio del Exterior, en Berlín, los documentos dejan ver la apreciación que los alemanes de la República Federal tuvieron sobre los sucesos: que el movimiento de 1968 en México tuvo como núcleo un auténtico descontento de parte de los estudiantes y no injerencias externas, como el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz quiso hacer ver al mundo. 

Y que, además, el uso excesivo de la fuerza por parte del Estado –que no sólo provocó la muerte de jóvenes el 2 de octubre en Tlatelolco, sino cuando menos en dos ocasiones anteriores– generó un sentimiento de solidaridad entre estudiantes y profesores que lo hizo crecer a dimensiones insospechadas.

Primeros balances

Un extenso informe –con el número 1029 y fechado el 8 de agosto de 1968– hace un recuento de las manifestaciones y primeros choques entre los estudiantes y el cuerpo de granaderos. El documento analiza el origen del descontento juvenil y si bien maneja la presunta presencia de agitadores externos dentro de éste, se aleja de la postura oficial del gobierno diazordacista al conferir un espíritu y una base estudiantiles a las manifestaciones.

“Y aunque pareciera, en principio, que el peligro de nuevos disturbios ha sido controlado, los estudiantes están muy lejos de estar satisfechos con los discursos tranquilizadores de las autoridades y el comportamiento paternalista de la generación adulta. Por el contrario, existe una minoría vanguardista que, aunque fragmentada en un gran número de grupos parcialmente rivales, se esfuerza dentro del ámbito académico y fuera de él por mostrar a sus compañeros las injusticias y, con ello, ganar camaradas para, si es necesario, remediarlas por la vía revolucionaria”, analiza el informe.

El documento sintetiza las denuncias de fondo de los jóvenes:

“El monopolio del partido en el gobierno, PRI, el cual no permite un verdadero desarrollo democrático y liberal; la formación de una nueva oligarquía, condicionada por el sistema, con sus efectos secundarios de corrupción; la lentitud y falta de objetividad de la justicia mexicana; los fraudes electorales instrumentados o al menos tolerados por el gobierno y el PRI; y la ‘manipulación’ de la prensa: por ejemplo, la falta de una información objetiva sobre los sucesos recientes por la presión oficial ejercida sobre los editores de los periódicos.”

Además, el análisis se refiere al enfrentamiento del 26 de julio entre granaderos y estudiantes en las cercanías de las preparatorias 1, 2 y 3. El reporte de la embajada alemana señala alrededor de mil heridos, mil 600 detenidos “e incluso muertos, según reportes de las agencias internacionales”.

Considera entonces que el despliegue “masivo” de los granaderos fue un factor que hizo crecer el movimiento, al despertar entre los estudiantes y diversas escuelas de estudios superiores un efecto de solidaridad:

“Todo indica que el despliegue masivo de granaderos hizo estallar el descontento estudiantil, el cual se había acumulado durante mucho tiempo por distintas razones, y el efecto de solidaridad que hizo que cada vez más organizaciones estudiantiles e institutos universitarios se sumen a los manifestantes.”

De siete cuartillas, el informe deja claras tres conclusiones: “Uno: los disturbios tienen como núcleo un auténtico y real descontento estudiantil. Dos: si bien los agitadores externos, comunistas en su mayoría, sí han intensificado los disturbios, no son, como la autoridad quiere hacer ver, los principales responsables. Y tres: los granaderos y militares han sido innecesariamente duros, creando con ello un efecto de solidaridad entre estudiantes y profesores”.

Los reportes de la embajada alemana revelan también que la represión del Estado mexicano dejó víctimas mortales no sólo aquel 2 de octubre. Además de los decesos señalados en su reporte del 8 de agosto –en referencia al enfrentamiento del 26 de julio–, el embajador Zapp menciona en un informe del 26 de septiembre innumerables heridos, cientos de detenidos y ocho muertos en un enfrentamiento en Tlatelolco (hablaba de la violenta ocupación de la Vocacional 7 del IPN el 23 de septiembre).

Las memorias diplomáticas no dejan de señalar lo multitudinarias que fueron las manifestaciones estudiantiles, en especial la del 12 de agosto, que califican como “una de las más grandes en la historia de México”, con 100 mil manifestantes en el Zócalo, además de la Marcha del Silencio, del 13 de septiembre, “en la que se reunieron 500 mil personas, aunque algunas notas de prensa reportaron 800 mil”. 

Cabe destacar que los diplomáticos hacen referencia siempre a fuentes de la prensa internacional y no a la mexicana.

El mensaje diplomático alemán del 3 de octubre de 1968 concluye dando cuenta de la versión del gobierno mexicano acerca de conspiraciones comunistas extranjeras y la mayor preocupación que para muchos representaba el descontento estudiantil: el daño a los Juegos Olímpicos:

“Los círculos del gobierno sospechan que detrás de los tiradores se encuentran comunistas extranjeros. Algunos de los supuestos terroristas armados señalados como extranjeros, dos guatemaltecos y un canadiense de origen alemán, fueron detenidos poco antes del enfrentamiento de ayer, y pertenecerían presuntamente a una organización terrorista internacional que planea nuevas acciones en varios países de América Latina.

“Las partes de la ciudad en donde tendrán lugar los Juegos Olímpicos y la villa de los deportistas no fueron afectadas por los disturbios. Los atletas se preparan sin obstáculos para los juegos. 

“Hasta ahora no hay razón para suponer que se pretenda perturbar los Juegos Olímpicos, que aparentemente sólo son utilizados por los agitadores por razones periodísticas.”