ROMA.- La diplomacia italiana atribuyó la matanza de Tlatelolco a la incapacidad de la administración de Gustavo Díaz Ordaz de entablar un diálogo con el movimiento estudiantil sin recurrir a la violencia y a disfunciones institucionales originadas en la prolongada hegemonía del PRI como único partido de gobierno, revelan despachos, hoy desclasificados, enviados por la embajada de Italia en México al Ministerio de Relaciones Exteriores, en Roma, entre septiembre y diciembre de 1968.
“Los enfrentamientos (…) han demostrado la falta de sensibilidad de las autoridades encargadas del orden público y su incapacidad para afrontar los problemas de fondo sin el uso de métodos represivos”, se lee en uno de esos cables confidenciales, el número 38001 fechado el 3 de octubre de 1968, un día después de que policías y soldados abatieran a tiros a decenas de estudiantes que se manifestaban en la Plaza de las Tres Culturas de la capital mexicana.
“Personalmente (…) no considero posible rechazar la hipótesis [de] que [entre las causas] exista una confluencia de más factores que encontraron su principal catalizador en la anquilosis política, estructural y funcional del PRI, el cual desde hace demasiado tiempo es el ininterrumpido y absoluto depositario de todo poder en el país”, escribió en otro cable –el número 4482, fechado el 11 de octubre–, el embajador italiano Enrico Guastone Belcredi.
Estos cables –enviados a Roma encriptados, desclasificados en noviembre de 2015 y que Proceso pudo consultar– revelan también el considerable interés de las autoridades italianas por el conflicto entre el gobierno mexicano y los estudiantes, a causa de la indignación de la opinión pública italiana suscitada por el comportamiento gubernamental, según consta en un despacho marcado con el número 38015.
Dicho interés generó decenas de documentos a solicitud del gobierno italiano, también preocupado por los posibles peligros que amenazaran a su delegación de atletas que participó en los Juegos Olímpicos, que tuvieron lugar del 12 al 27 de octubre de 1968.
Las preocupaciones aumentaron cuando se supo que la conocida periodista italiana Oriana Fallaci había sido herida el 2 de octubre en Tlatelolco.
Todo ello coincidió con decenas de telegramas de solidaridad con los estudiantes, enviados tanto a la embajada en México como al Ministerio de Relaciones Exteriores, en Roma, de parte de instituciones y gremios italianos vinculados con los movimientos de izquierda y con el Partido Comunista de Italia, en ese entonces el más importante de Europa occidental.
Agentes encubiertos
Un cable de tres páginas, marcado como secreto y transmitido el 4 de octubre de 1968, hace referencia a la reconstrucción realizada para el embajador italiano por una fuente confidencial. Ésta contó que la manifestación del 2 de octubre había sido organizada por “los duros del Comité de Huelga (sic), con el preciso objetivo de provocar nuevos incidentes con la policía y agravar la crisis”, para impedir que se estableciera un diálogo con el gobierno.
“Esta es la razón por la que se prefirió elegir como lugar de la manifestación la Plaza de las Tres Culturas, la cual está rodeada por edificios nuevos y muchos apartamentos vacíos; un excelente lugar de observación y para los operativos de un numeroso grupo de francotiradores que allí se habrían instalado”, escribió Belcredi, con base en lo relatado por su fuente.
“Dicha maniobra, sin embargo, habría sido llevada adelante de manera paralela a otra similar, organizada sin el conocimiento de las fuerzas regulares de la policía, del Ejército y la policía secreta, y cuyo fin era la captura de los principales directivos del Comité de Huelga (sic)”, continúa el despacho.
“Con este fin, agentes de la policía, de incógnito, se habrían instalado en otros apartamentos vacíos y otros se habrían mezclado entre la multitud en la plaza”, explica Belcredi.
“Esta operación preveía efectuar algunos disparos al aire, para provocar una situación de pánico que habría llevado a la evacuación de la mayoría de los presentes en la plaza y la detención de los que habrían quedado en el lugar, los cuales, se suponía, habrían sido la totalidad o la gran mayoría del Comité (sic) Nacional de Huelga”, explicó.
Las consecuencias fueron “mucho más trágicas de lo previsto”, después de que, tras los primeros tiros al aire de los agentes encubiertos, los francotiradores “vinculados al movimiento estudiantil” respondieron “disparando contra un general del Ejército”, lo que provocó una “incontrolada e indiscriminada reacción por parte de las fuerzas regulares” que tirotearon a la multitud.
Dicha reconstrucción, considerada como la más plausible en ese momento inicial, es, sin embargo, matizada por el cable 4482, del 11 de octubre, en el que se considera que “la incógnita sobre quién esté manipulando el movimiento estudiantil todavía no tiene una respuesta segura”.
Con ello, la legación se hace eco de una nota aparecida en el diario Excélsior en la que se recogen ocho hipótesis sobre las posibles causas de la matanza. Entre estas se mencionan desde las guerras internas para la sucesión del presidente Díaz Ordaz y las rupturas en el PRI, hasta presuntas injerencias de la CIA o de agentes vinculados con la Cuba de Fidel Castro.
Sin embargo “no se sabe y, probablemente, no se sabrá nunca quién ha disparado primero, desencadenando la terrible matanza”, concluye Belcredi.
Sólo dos aspectos son “seguros”, según el embajador:
“El primero es que el conflicto se encendió por la reacción cada vez más dura con la que las autoridades (mexicanas) han respondido a las iniciativas de los estudiantes. El segundo es que el movimiento estudiantil ha sido manipulado desde el comienzo por un número creciente de infiltrados políticos externos”, afirma el diplomático, en una interpretación que se sitúa en línea con lo redactado por él mismo en los numerosos cables anteriores a la matanza, en los que también manifestaba sus temores acerca del endurecimiento del conflicto.
Noticias “exageradas”
En sus comunicaciones a Roma, el embajador también habla de sus conversaciones con el subsecretario Gabino Fraga quien, al estar el secretario de Relaciones Exteriores Antonio Carrillo Flores fuera del país, se encontraba a cargo de esa institución durante la matanza. El objetivo de esta conversación, según Belcredi, fue discutir sobre las circunstancias que condujeron a que Fallaci fuera herida.
En estos intercambios, Fraga manifiesta su deseo de que el incidente sufrido por la periodista no dañe la relación bilateral entre Italia y México, al mismo tiempo que adjudica la responsabilidad de lo ocurrido al comportamiento de Fallaci y al hecho de que la reportera había ingresado a México con una acreditación para cubrir los Juegos Olímpicos, una versión que el embajador italiano, según se lee, rechaza.
“Le contesté inmediatamente que la señora Fallaci es una conocida periodista y que no estaba especializada en deportes. Era, por tanto, entendible que ella desarrollara su trabajo periodístico en todo lugar en el que había un acceso público”, indica Belcredi en el despacho 4373.
En esta misma línea, en un cable del 4 de octubre, el representante diplomático de Italia en Estados Unidos, Piero Vinci, habla de una conversación entre el primer ministro italiano, Giovanni Leone, y el canciller Carrillo Flores, en la que éste sugiere que las noticias aparecidas en la prensa sobre lo ocurrido el 2 de octubre en la capital mexicana son “exageradas”.
Posteriormente, Belcredi también refiere sus dudas acerca de Manuel Gómez Muñoz, supuesto acompañante de Fallaci y testigo de las autoridades mexicanas, quien se había identificado como intérprete de la periodista por voluntad del Instituto Italiano de Cultura, lo que, según el embajador, no era cierto. Por ello, el testimonio de Gómez Muñoz, recogido por las autoridades mexicanas, es enviado a Roma.
Asimismo Belcredi pone en duda las versiones de algunos presuntos directivos del Consejo Nacional de Huelga, entre ellos Sócrates Campos Lemus, quien, tras ser capturado por las autoridades mexicanas, atestigua que el objetivo de los estudiantes era instaurar “un poder estudiantil-obrero-campesino de tipo comunista”.
Por ello, en vista de la cita deportiva, Belcredi también pide la intervención del abogado Giulio Onesti, presidente del Comité Olímpico Nacional Italiano, para que lo mantenga actualizado sobre la situación en el campamento olímpico y presione a las autoridades mexicanas para que se garantice la seguridad de los atletas italianos.
A este respecto, Belcredi reiteradamente informa que, pese a la gravedad de los hechos, la matanza de Tlatelolco no ha tenido repercusiones en las actividades cotidianas en el campamento olímpico ni para la delegación italiana.
Además también consta un cable fechado el 8 de octubre, en el que Belcredi relata que en la noche anterior Paolo Fraieso, corresponsal de la televisión pública italiana RAI, fue detenido por la policía mexicana para ser interrogado.
“La embajada, informada de esos hechos, intervino y logró obtener la liberación del periodista (…) las autoridades han aclarado que ignoraban que se trataba de un corresponsal y por eso lo querían interrogar sobre algunos de sus contactos con directivos del movimiento estudiantil”, se informa.
Solidaridad con los estudiantes
Con todo, en la amplia carpeta italiana con los despachos sobre el movimiento estudiantil, conservada en la Unidad de Análisis, Documentación y Programación Político-Diplomática del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia, se cuentan también decenas de despachos periodísticos y telegramas de organismos e instituciones italianas que, a causa de la represión policiaca, ponen en discusión la participación de Italia en los Juegos Olímpicos.
Es el caso de un cable enviado por el presidente de la provincia de Florencia, Elio Gabbuggiani, quien pide que se tome en consideración que es “inoportuno” que se celebren los Juegos Olímpicos después de enfrentamientos que se han saldado con decenas de muertes.
En otra comunicación, enviada el 5 de octubre por el alcalde de Ferrara, Giuseppe Ferrari, se pide explícitamente incluso retirar la delegación italiana de los Juegos Olímpicos, algo que finalmente Onesti rechazará, según consta en un posterior cable (“El equipo italiano no se retirará nunca de los Juegos Olímpicos”, dijo, según los despachos).
Telegramas en esta misma tónica también son enviados por los sindicatos CISL UILM Facestantard, por la Junta Provincial de Perugia, el ayuntamiento de Certaldo, el de Borgo San Lorenzo y el de Ivrea, por los trabajadores ferroviarios de Florencia, por la Liga de Cooperativas de Rávena y por los trabajadores de la Cámara del Trabajo de Rovigo, entre otros.
De igual manera, el Ministerio de Relaciones Exteriores italiano también registra que el 4 de octubre de 1968 dos parlamentarios italianos, Aristide Gunnella y Francesco Compagna, pidieron que el gobierno italiano acudiera al Parlamento para atestiguar sobre las informaciones conocidas relativas al incidente en el que se vio envuelta Fallaci y la protesta estudiantil.
Esta actitud coincide con un cable del 6 de septiembre, en el que Belcredi había relatado una conversación con un representante del Departamento de Estado estadunidense, en la que se juzga que el comportamiento y las reivindicaciones de los estudiantes mexicanos se asemejan a los de sus colegas en París, Roma y en la Universidad de Columbia, lo que es “una señal de maduración de un país que ya se considera preparado para entrar en la lista de las naciones desarrolladas”.
Italia relató así el capítulo más trágico del conflicto estudiantil de México en 1968, del que había empezado a informar con cables puntuales desde el inicio de la protesta del Consejo Nacional de Huelga y del cual continuaría informando todo ese año.








