Por el rescate del Hotel Posada del Sol

La idea de recuperar en la colonia Doctores el increíble inmueble que nunca se terminó, la Posada del Sol, y que hoy está en el abandono –como lo reportó Proceso–, no es un sueño guajiro, pues se cuenta con un proyecto que fue avalado por las autoridades del entonces Distrito Federal. Así lo expone quien fuera su secretaria de Cultura, Lucía García Noriega, y lo demuestra al entregar un libro único con toda la documentación escrita y gráfica. Hablan además, en el mismo sentido, quien estará al frente de la nueva administración del sector, Alfonso Suárez del Real, y el director de Conservación de Obras del INBA, Ernesto Martínez Bermúdez.   

El proyecto de rescate del Hotel Posada del Sol, abandonado desde hace décadas pese a su riqueza artística, fue mucho más que una “idea pensada en voz alta”. Muestra de ello es que se preparó también un lujoso volumen con imágenes de los fotógrafos Lourdes Almeida y Javier Hinojosa, y textos de la experta en muralismo Guillermina Guadarrama y del arquitecto Carlos Méndez D.

El pasado 3 de junio, Proceso (2170) publicó el reportaje “El increíble Hotel Posada del Sol y su abandono”, en el cual se dio cuenta de la posibilidad de su demolición. Se recordó, asimismo, el plan de convertir el inmueble situado en Niños Héroes 139 y Doctor Navarro, colonia Doctores, en un Faro de Artes y Oficios para la comunidad de la zona, emprendido por la entonces secretaria de Cultura de la Ciudad de México, Lucía García Noriega, dado a conocer igualmente en estas páginas (Proceso, 1897).

Se explicó que a la salida de García Noriega el proyecto quedó en el olvido al no ser retomado por su sucesor, Eduardo Vázquez Martín. Al indagar el porqué, su vocero Benjamín Anaya informó que jamás se recibió ningún documento o expediente al respecto. Comentó incluso que, al parecer, la exfuncionaria “pensaba en voz alta”.

Con evidente indignación, García Noriega responde que no sólo dejó toda la documentación a Vázquez Martín durante la entrega administrativa de la dependencia, hecha frente al Órgano Interno de Control, sino que ella personalmente le dio al ahora exjefe de gobierno Miguel Ángel Mancera, el domi del libro sobre el inmueble elaborado “con recursos de la Secretaría de Cultura”. Se pagaron los textos antes mencionados, las fotografías, un video hecho por Almeida, Hinojosa y Alejandro Boneta.

“Esto estaba en planeación y quiero dejar el testimonio de que está hecho y pagado. Y cuando las cosas están pagadas no puedes decir que no hay archivo, pues ¿quién lo pagó?, ¿de qué bolsa? Se pagó a cada gente, a Guillermina Guadarrama su texto sobre el muralismo, a los fotógrafos Lourdes Almeida y a Hinojosa, ellos entregaron su trabajo y se hizo el domi, se pagó el diseño del libro. ¿Cómo no va a haber huella?

“¿Por qué no salió el libro? El hecho de sacarlo, editar mil ejemplares y circularlos le daría muchísimo sentido a toda la gente a la cual no dejan entrar a hacer investigaciones, estudios, tesis, es una manera –simplemente– de dar un paso de lo mucho por hacer para el rescate de este lugar.”

En casa de Almeida, García Noriega junto con Méndez y la propia fotógrafa exhiben a Proceso carpetas llenas con el material fotográfico recabado, el video realizado dentro del hotel, y el único ejemplar existente del libro Posada del Sol, realizado en diciembre de 2013 en una edición no venal (no destinada a la venta). De hecho, la exsecretaria señala que este volumen excepcional lo hizo ella con sus propios recursos y constituye un testimonio de la propuesta que quedó en el aire al cambio de administración.

Menciona que inclusive el proyecto “estaba platicado” con Antonio Crestani, director general de Vinculación Cultural del entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) –y hoy de la Secretaría de Cultura del gobierno federal–, con el fin de inscribirlo en el Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados (PAICE), mediante el cual por cada peso aportado por la entidad, en este caso la ciudad, la Federación aporta uno también.

García Noriega insiste en que no puede negarse la existencia de un expediente, si el despacho de ingeniería estructural Colinas de Buen hizo los estudios y dictamen sobre el edificio, al cual convendría eliminar un par de pisos en determinadas zonas, por problemas de hundimiento. El propio gobierno capitalino, a través de la Secretaría de Obras y Servicios Públicos, hizo un dictamen sobre los daños, filtraciones de agua y hundimientos.

Cuestiona por qué Benjamín Anaya afirma que no se recibió la documentación, cuando él ni siquiera estaba dentro de la Secretaría de Cultura; su puesto en el área de comunicación lo ocupaba entonces Gabriela López, ahora coordinadora de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Secretaría de Cultura, quien sí estuvo al tanto del proyecto.

Dinero del erario

–Se pagó todo lo relacionado con el libro. ¿Hubo un presupuesto para el rescate.

–Jamás. Esto fue una idea de Mancera y se comprometió, pero el proyecto estaba en camino y también se pagó. Yo ya no lo recibí, ya no estaba ahí, tomaba tiempo hacerlo, probablemente meses.

Se le pregunta a quién se le pagó. Afirma que a Paula Astorga, quien fuera directora de la Cineteca Nacional; ella se haría cargo del proyecto pues estaba previsto que el espacio ya rescatado se destinara al cine, a la formación en artes y oficios para la industria cinematográfica, como escenografía, pintura, carpintería, herrería:

“Ella conoció el espacio y dijo: ‘no puede ser que no se haga algo con urgencia; es absolutamente clave e importante’. Y ahí se quedó.”

Dice García Noriega que no puede hablar de lo que sucedió luego de que ella dejó el cargo de secretaria. Pero le indigna que se diga que no hay documentación, “que se finja demencia” sobre todo porque hay un pago de por medio:

“Yo no hice esto –dice al señalar el volumen– para tener un libro bajo el brazo, es precisamente el testimonio de un documento que estaba listo. ¿Y si se hubiera quedado en la imprenta? ¿Ahí se queda como tanta cosa? Son nuestros impuestos, nuestro dinero, el dinero que manejan los distintos organismos, no es de ellos, y se tiene que usar con probidad y con cuidado, no nada más es a la basura o esto ya no funciona y que se tire. ¿Pero quién les dijo que era de ellos, con qué derecho?”

Cuenta que hacia el 2014 un despacho de arquitectos los buscó para conocer el material, que a decir de la exfuncionaria no sólo pertenece a la Secretaría de Cultura sino primordialmente a los fotógrafos, puesto que sus derechos de autor son inalienables. La realidad es que se tenía ya entonces el proyecto de derrumbar el edificio para hacer la Ciudad Judicial.

A decir de García Noriega, el ahora embajador de México ante Países Bajos, Edgar Elías Azar, se interesó por el edificio para ese fin siendo presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México.

Lo importante ahora, destaca, es saber “dónde quedó la bolita” y de quién depende en este momento que el edificio se rescate. En los últimos años ha funcionado como almacén del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) Ciudad de México, encabezado por Gustavo Gamaliel Martínez Pacheco.

El video y las fotografías captadas por Almeida e Hinojosa dan cuenta no sólo de la belleza arquitectónica, pictórica y decorativa del lugar, sino también de la destrucción, saqueo y abandono cotidianos. La fotógrafa describe que hasta fue riesgoso recorrer el sitio pues hay pisos enteros desprendidos y rotos. Espacios llenos de desecho, muebles viejos apilados y hasta un cuarto entero ocupado por inodoros viejos.

Se le pregunta a García Noriega si dado que el inmueble está asignado a una dependencia del gobierno de la ciudad, su protección no es tarea de la coordinación de Patrimonio, a cargo de Gabriela López, pero señala que en este caso depende del DIF.

Este semanario preguntó al área de Comunicación Social del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) si el hotel está catalogado como inmueble artístico por la Subdirección General de Patrimonio Artístico Inmueble y si el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam), tiene documentados y supervisados los murales que se encuentran en su interior (ver Recuadro).

El pasado 27 de junio en Proceso TV, la pintora Rina Lazo, viuda del muralista Arturo García Bustos –autor de la obra mural Amantes primitivos en el hotel–, contó que la coordinadora nacional de Artes Visuales del INBA, Magdalena Zavala, hizo un registro de los murales realizados por los discípulos de Frida Kahlo: García Bustos, Arturo Estrada y Guillermo Monroy (https://www.proceso.com.mx/540675/sobre-la-posible-destruccion-del-hotel-posada-del-sol).

Puesta en valor

En el texto “La Posada del Sol y sus murales”, del libro, la estudiosa del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap) del INBA, Guillermina Guadarrama, cuenta la historia de la construcción del simbólico hotel.

Se pregunta si es una obra maestra. Considera que no en el sentido de obras como las de los arquitectos Luis Barragán, Ricardo Legorreta, Abraham Zabludovsky o Teodoro González de León, pero “su valor principal es el de testimonio de una época en que el futuro parecía deslumbrante, como ejemplo de lo que es perseguir un sueño y entregar, literalmente, la vida para materializarlo”.

Vía correo electrónico, la especialista en muralismo mexicano cuenta que llegó al sitio en 1990, “siguiendo la pista que Orlando Suárez dejó en su Inventario del muralismo mexicano sobre murales de varios artistas”. Para entonces el edificio todavía pertenecía el gobierno federal, que años más tarde (en noviembre de 1998, por decreto de Ernesto Zedillo, fue cedido al gobierno del entonces Distrito Federal).

Pudo registrar en fotografías blanco y negro algunos de los murales, pero no tuvo acceso a todas las áreas porque había oficinas con actividad, aunque “la mayoría del edificio lucía abandonado”. Volvió años más tarde y logró el registro de los murales faltantes. En aquel momento el auditorio se veía aún “impecable, con escenario, butacas y decorado con madera de ébano, al menos eso parecía”. Volvió años después con el hijo del muralista Francisco Montoya de la Cruz, quien cuenta con más obra en el lugar, y “ya no estaban los muebles del pequeño teatro”.

Cuando García Noriega asumió la Secretaría de Cultura, le mandó las fotos. Ella le respondió que ya sabía de los murales pero no conocía el espacio y le habló de su propósito de hacer un Faro, “y me encargó un texto sobre los murales, para irlos poniendo en valor y se aceptaran sus propuestas. Eso quedó en veremos cuando ella dejó la secretaría”.

Resume que los primeros murales fueron hechos en 1946 por los “Fridos” García Bustos, Estrada y Monroy, por recomendación de Kahlo, según el propio Estrada. Ellos “acababan de pintar la Casa de la Mujer, en Coyoacán”. Igual a lo expresado por Rina Lazo en Proceso TV, Guadarrama explica que el dueño del hotel pidió a Rivera hacer los murales, pero como el pintor estaba ocupado los hicieron los “Fridos”: Estrada Baile de tehuanas, Monroy La Adelita, la soldadera novia del sargento, y García Bustos Amantes primitivos.

La investigadora, quien organizó el II Foro de muralismo. La teoría y la práctica, los días 9 y 10 de agosto en el Centro Nacional de las Artes, agrega que pintaron murales Roberto Cueva del Río, en una terraza semicubierta, “que puede decirse que está en buenas condiciones, a pesar de su ubicación”, y Violet Goodman, quien hizo un fresco en donde sería la Sala de Banquetes Matrimoniales. Montoya de la Cruz fue quien más obra realizó, en halls, en el espacio para llegar al teatro, la capilla esotérica. Y “el último muralista fue Norberto Martínez”, cuando ya eran oficinas.

Y apela:

“Espero que no se destruyan o sigan en el abandono porque los edificios se están hundiendo, pero el espacio es un oasis en medio de la jungla de cemento que es la Ciudad de México en general y esa zona en particular. Ojalá puedan ser rescatados.”

El arquitecto Carlos Méndez destaca en la entrevista que el edifico es “testimonio de una época en la cual se pensó que la colonia Doctores sería el gran plan de desarrollo habitacional, era la esperanza para esa zona, es inmenso y la cantidad de artistas que intervienen. Es ecléctico, es lo que le da el encanto, pareciera un edificio pastel, pero tiene unidad”.

En el libro se relata que desde 1949 el Estado se quedó con el inmueble debido a las deudas que su dueño, Fernando Saldaña Galván, adquirió con el fisco. Luego fue ocupado por diversas oficias públicas federales, y tras su cesión al gobierno del Distrito Federal, lo ocuparon instituciones capitalinas. Desde el año 2000 se le comenzó a utilizar “sólo como bodega”.

Méndez destaca que en el hotel “tuvieron cabida, combinándose, todas las corrientes en boga al momento de su construcción: nacionalismo, funcionalismo, art déco, algo que no fue privativo del ingeniero Saldaña y la Posada del Sol, pues hay otros edificios contemporáneos que muestran similar enfoque.

“Con espíritu práctico, algo que tan bien identifica a los ingenieros no se detuvo en distracciones filosóficas sobre lo propio o lo impropio del estilo; sin dudarlo, tomó aquello que le era útil para construir su sueño, porque la Posada del Sol es, a final de cuentas, la visión de un soñador.”

García Noriega expresa su temor de que haya la intención de mantener el inmueble en el abandono “al punto donde no quede más que la demolición… y no se vale tirarlo, desde mi punto de vista es muy rescatable”.

Las voces de la pintora Rina Lazo y de su hija, la arquitecta Rina García Lazo, presidenta de la Sociedad Defensora del Tesoro Artístico de México, se unen para pedir la conservación y rescate del edificio que jamás abrió como hotel, pero albergó un gran sueño.