Se oye “Fidelio” en Bellas Artes

Bethoven (1770-1827) escribió sólo una ópera y con ella modificó el universo operístico marcando un antes y un después de Fidelio (1814), obra con la que nacen los cantantes heroicos; antes de Fidelio una soprano o un tenor podían abordar sin problema cualquier personaje escrito para su tesitura, pero para cantar los roles principales (Leonore, Florestán, Pizarro) se necesitan voces de acero, con gran caudal, volumen y resistencia, capaz de imponerse a la robusta orquesta beethoveniana dotada de un sonido, personalidad y protagonismo, que nunca antes había tenido la orquesta en la ópera, que no pasaba de ser un amable acompañamiento.

La orquesta como la utiliza Beethoven en Fidelio se vuelve otro personaje que, con sus matices y sonoridad, representa y comenta el drama que transcurre en la escena; nunca antes se había exigido tanto a la voz humana. La pareja cómica de Jaquino y Marzelline que aligeran un poco el drama, puede interpretarse con cantantes mozartianos. Ricardo Wagner, Richard Strauss, entre otros compositores, continuaron por la senda trazada por Beethoven y emplearon cantantes dramáticos, así al tenor heroico se le nombra tenor wagneriano o heldentenor.

Fidelio, estrenada en 1805, no fue un éxito fácil, Beethoven revisó la obra en dos ocasiones y la consolidó en su versión definitiva en 1814. Para ella escribió las tres oberturas Leonora, y la Obertura Fidelio que se utiliza actualmente como preludio de esta ópera.

En ella, todo transcurre en el interior de una cárcel y se manejaron valores y antivalores como el amor conyugal, la fidelidad y la valentía, la injusticia, la brutalidad, el cinismo y la insensibilidad policiaca.

Pero no fue la Ópera de Bellas Artes, sino la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), quien brindó al público esta maravillosa música (sin escenificación: ópera concierto).

El Florestán fue estupendamente cantado por el joven canadiense David Pomeroy (1973), baste decir que este tenor dramático (canta también roles como el Calaf de Turandot o el Tannhäuser) hacía mucho que no escuchábamos un tenor así en Bellas Artes.

El difícil personaje de Leonore le fue confiado a la soprano Angelina Rojas, cantante muy hábil sin duda, pero a quien le quedó enorme el personaje; no tiene el caudal ni el color de voz suficiente, por lo que a ratos no se le oía y otras veces se le oía muy poco. Un personaje muy pesado para ella.

Otro triunfador de la noche, el bajo barítono norteamericano Lawson Anderson, quien cantó de maravilla el personaje de Rocco, bien en cuanto a caudal de voz y actitud disfrutó su papel y nos transmitió ese gozo, un profesional de lo más serio y eficiente.

Nos sorprendió muy gratamente Óscar Velázquez, quien cumplió a cabalidad con el malvado personaje de Pizarro: voz abundante, oscura, bien fraseado y en la actitud exacta. Ya hemos visto a Óscar en diversos personajes y se ha convertido en sinónimo de calidad.

La Marzelline estuvo muy bien cantada por la soprano mexicana Anabel de la Mora, a quien este personaje le viene como anillo al dedo. Su compañero Jaquino estuvo interpretado por el veterano tenor Mario Hoyos, quien corría de un lado a otro para cantar de soldado con el coro, o de prisionero, o de solista y de nuevo corista. Innecesario movimiento de “dobletear” la chamba; si se es solista, con eso basta. En cuanto al Joaquino, muy bien cantado y actuado, estupenda actitud, voz exacta para ese personaje.

Don Fernando, el ministro que llega a liberar a Florestán, fue cantado por Ricardo Galindo, a quien también le quedó grande el personaje a pesar de haber hecho su mejor esfuerzo.

La dirección orquestal bastante correcta a cargo de su director titular Maestro Carlos Miguel Prieto.