El segundo concierto

Reputada como una de las dos mejores orquestas del mundo –la otra es la de Berlín–, la Filarmónica de Viena cumplió en nuestro país un periplo que no creo exagerar al calificar de histórico. En sus 176 años de existencia se presentó en un segundo concierto en Bellas Artes el 3 de marzo, uno de los directores-monstruos del último cuarto del siglo pasado y de los pocos años que van de éste, el venezolano Gustavo Dudamel.

Un tercer concierto lo presentó el domingo 4 en el Auditorio Nacional.

Pudimos disfrutar el sábado, ¡oh privilegio!, un programa dedicado al gran sucesor de la tradición clásica, Johannes Brahms (1833-1897), y al más grande genio que haya conocido la humanidad, el Divino Mozart (1756-1791). Abrió el concierto la Obertura para un festival académico que, con la tercera de la tarde, la espléndida Primera sinfonía, sirvieron para enmarcar el Concierto para flauta y orquesta No. 2 en re mayor de don Wolfang Amadeus, en el que actuó como solista Walter Auer.

Aquí la luz fue deslumbrante; el festival, aunque académico, es primero festival, es decir, fiesta y placer de los sentidos aunque sin poder dejar de lado totalmente la solemnidad de la academia. Así, a cabalidad, lo entendió Dudamel y su sinfónico instrumento de excepción, y así nos condujeron, extasiados, al encuentro del inconmensurable Mozart del que, a decir verdad, hubiésemos preferido otra cosa pero que, por supuesto, para nada nos defraudó. Al contrario.

Otro gigante extrañó este escribidor, esa inmensa montaña que responde al nombre de Beethoven pero, a su falta, la apoteosis llegó con la Primera de Brahms que nunca antes había sonado como esa noche de encanto, y es que, hay que recalcarlo para situar en su justa dimensión histórica el suceso, muy, muy pocos mexicanos (desafortunadamente, porque todos deberían de poder gozarlo en un país de 120 millones de habitantes) hemos tenido el privilegio de presenciar y disfrutar en esta conjunción verdaderamente extraordinaria de Orquesta Filarmónica de Viena y Gustavo Dudamel.

¡Aleluya!