Señor director:
Le solicito que, de ser posible, dé cabida en Palabra de Lector a la siguiente reseña sobre un panel que se realizó hace unos días en Nueva York en torno al fenómeno de la inmigración a nivel global:
De acuerdo con las últimas estadísticas, en el mundo hay 258 millones de inmigrantes y se estima que más de una quinta parte de ellos son indocumentados.
Numerosos estudios muestran que, aun cuando los ajustes que provoca la inmigración son disruptivos, los inmigrantes benefician tanto a los países receptores como a los de origen. Es decir, la reducción de las barreras a la movilidad laboral entre los países en desarrollo y los desarrollados es una de las herramientas más eficientes para reducir la pobreza mundial. Sin embargo, hay un fuerte rechazo hacia los inmigrantes apoyado por una retórica infundada e incendiaria.
Hace unos días se realizó un panel en Nueva York en el que el abogado Matthew Fernández Konigsberg, presidente regional de la National Association of the Hispanic Legal Community, la organización de abogados hispanos de Estados Unidos, conversó sobre la inmigración mundial con los cónsules en Nueva York de Israel, República Dominicana, Colombia y México (Dani Dayan, Carlos Castillo, María Isabel Nieto Jaramillo y Diego Gómez Pickering, respectivamente).
La cónsul colombiana expresó que su gobierno ha creado campañas para aceptar a los 500 mil colombianos que han sido deportados de Venezuela. Sin embargo, señaló que el alto nivel de desempleo de Colombia es lo que alimenta el rechazo hacia los refugiados. Se refirió también a los 8 mil dreamers colombianos.
El cónsul dominicano habló sobre la fuga de cerebros de su país y exhortó a aquellos que han tenido éxito en Estados Unidos a que ayuden a sus connacionales del Caribe. Hizo también referencia al hecho de que las potencias mundiales han abandonado Haití y que ha habido un intenso flujo de haitianos hacia la República Dominicana.
El cónsul israelí relató que la inmigración fue parte de la ideología de la creación del Estado de Israel. Enunció que en los 18 meses posteriores a la declaración de Israel como nación, la población de 640 mil habitantes se duplicó. Se cometieron errores de los que se fue aprendiendo y en 1968 se creó un Ministerio de Inmigración encargado de proveer empleo y vivienda para los recién llegados.
Habló también de cuando los judíos etíopes de Adís Abeba estaban en peligro e Israel envió aviones para salvar a toda la comunidad. Y de cuando en la década de los noventa la llegada de 1 millón de soviéticos no permitió recrear el plan original, y se repartió dinero directamente a los inmigrantes. Dijo: “El costo no estaba en la fórmula. El tema era terminar con el exilio judío, y el sentimiento se convirtió en política”.
El cónsul mexicano señaló que hace falta divulgar las razones de por qué la gente emigra y enfrentar con hechos la falsa retórica antiinmigrante. Aseveró que, más que discutir sobre el beneficio o el peso que resulta de la inmigración, debe reflexionarse sobre cómo afecta a la moral de una sociedad el hecho de separar familias.
A su decir, los consulados de los países latinoamericanos en Estados Unidos tienen una coalición para apoyar a los indocumentados de sus países y se espera que el próximo septiembre el Pacto Mundial sobre la Migración de la ONU, un acuerdo de responsabilidad compartida entre las naciones para absorber a los inmigrantes, sea aprobado.
Finalmente, Matthew Fernández Konigsberg habló de los servicios legales pro bono para los inmigrantes, un elemento que llamó esencial para que exista la democracia. Explicó: “Solamente cuando hay justicia para todos se puede hablar de cierta igualdad de derechos”.
Un dato paradójico. Ninguno de los cónsules mencionó las deportaciones de venezolanos de Colombia, de haitianos de República Dominicana, de africanos de Israel y de centroamericanos de México.
Querámoslo o no, el mundo está interconectado. No se trata nada más de ser humanitarios. La situación ya es catastrófica. La inmigración irregular ha llenado el planeta de indocumentados y está provocando muertes, esclavitud, extremismo y sociedades apartheid.
El plan de la ONU no es vinculante. Estados Unidos y Hungría ya lo abandonaron. Urge pues un plan mundial obligatorio y efectivo que incluya entrenamiento laboral y la integración de los valores y formas culturales de los inmigrantes, siempre y cuando no restrinjan la libertad y la igualdad de ningún individuo.
Atentamente:
Fey Berman
Autora del libro Mexamérica: Una cultura naciendo… (Ediciones Proceso)








