“Cerith Wyn Evans” y algo más

Con un texto de sala que en algunas partes reproduce y parafrasea los que, en 2015 y 2017, acompañaron las exposiciones de Cerith Wyn Evans en la Galeria White Cube de Londres –en su sede de Bermondsey–, la muestra del artista galés que lleva su nombre en el Museo Tamayo de la Ciudad de México, a pesar de la contundencia de algunas obras, vuelve a recordar la cuestionable gestión de su director, el colombiano Juan Andrés Gaitán.

Privilegiado por la dirección del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) desde enero de 2015 y por lo menos hasta diciembre de 2017, con un salario bruto de 111 mil 387 pesos mensuales, Gaitán rebasa tanto los 57 mil 716.8 pesos que reciben cada mes los directores de museos nacionales como, también, la remuneración de 79 mil 395.2 pesos correspondiente al puesto de subdirector general del Instituto.

¿En qué destaca el desempeño del funcionario en comparación a sus colegas y cuál es la causa por la que el puesto, cargo, clave –y por lo tanto remuneración– correspondiente al director del Museo Tamayo, no aparece en el Sistema de Portales de Obligaciones de Transparencia (Sipot)?

Promotor de un modelo de gestión reduccionista, en el que predominan firmas que promueven galeristas de potente éxito comercial, Gaitán inauguró en el contexto de la pasada edición de la feria Z.ONAMACO, una exhibición de Cerith Wyn Evans (1958) que resulta ambivalente: atractiva por las esculturas en neón provenientes de la galería White Cube; y de dudosa credibilidad artístico-museística tanto por la indefinición de la selección y narrativa curatorial, como por los repetitivos y superfluos candiles que prestó la galería Marian Goodmann, participante de la feria.

Creador de un vigoroso y a la vez sutil discurso visual que integra luz, movimiento, escritura, concepto, espacialidad y transparencia, Cerith Wyn sobresalió notoriamente en 2017 al intervenir el largo de las galerías Duveen del Museo Tate Britain, en Londres, con una espectacular instalación colgante en la que el movimiento era a la vez tema, registro y protagonista.

Materializado con notaciones lumínicas en neón, que como líneas dinámicas se encimaban y separaban conformando composiciones visuales que parecían una partitura dancística, el movimiento se transportaba y transmutaba en volúmenes escultóricos que parecían dibujos de luz en el espacio.

Exhibidas en 2015 como esculturas independientes en la White Cube, estas obras denominadas Formas Neón e inspiradas en los movimientos cadenciosos del Teatro Noh japonés, configuran la sección más atractiva de la muestra del Tamayo. Integrada por una pequeña obra de soporte lingüístico de 2007, y otras 11 realizadas entre 2015 y 2017, en el museo destaca también una enorme escultura colgante de vidrio con estructuras en forma de flauta, que expuesta alguna vez en las salas de la galería londinense genera sonidos cuando la envuelve el viento.