La matanza de jóvenes en una secundaria de Florida, perpetrada el pasado miércoles 14, fue una más de las que suelen ocurrir en Estados Unidos… pero ésta ha tenido un efecto insólito: los familiares de las víctimas y miles de estudiantes, indignados, han empezado a organizarse, especialmente después de que el presidente Donald Trump planteara combatir las masacres proveyendo de armas a los profesores. En tanto, el Congreso no atina a legislar con firmeza en el tema de las armas, presumiblemente por la influencia que sobre el Capitolio tiene la Asociación Nacional del Rifle.
Washington.- En respuesta a la indignación y las demandas de la sociedad de Estados Unidos, por la violencia emanada de la cultura armamentista, y ante la reciente matanza en una escuela de Florida, el presidente Donald Trump propone contener el fuego… con más armas.
Cuando 77% de los estadunidenses –según las encuestas– exige que el Congreso modifique las leyes para restringir la venta de armas, Trump, los republicanos y la Asociación Nacional del Rifle (NRA) no sólo se oponen, sino que ponderan responder a la violencia con más violencia.
Se pensaba que el movimiento estudiantil Never Again (Nunca Más) –que nació a consecuencia de la matanza del pasado miércoles 14 en la secundaria Marjory Stoneman Douglas, en Parkland, Florida, que dejó 17 muertos y 14 heridos– podría generar un cambio radical en las leyes sobre venta de armas.
Jóvenes de secundarias, preparatorias y universidades unieron sus voces para exigirle al Capitolio y a Trump restringir la venta de armas; la Casa Blanca responde que a los criminales y enfermos mentales se les confronta con balas.
El miércoles 21 Trump recibió a estudiantes sobrevivientes del ataque en Parkland, a padres de familia y maestros, de quienes sólo escuchó demandas para contener la violencia mediante leyes que restrinjan la venta indiscriminada de armas. Nunca imaginaron la fórmula que propondría el presidente para acabar con los asesinatos masivos, tan recurrentes en los centros escolares de Estados Unidos.
“Esto, obviamente, es para gente muy adepta al manejo de una pistola. Será un arma de portación oculta para los maestros, maestros que reciban entrenamiento especial. Estarán ahí (en las escuelas) y no se tendrá una zona libre de armas, una zona libre de armas para un maniático, porque todos ellos son cobardes”, dijo Trump. Su oferta sacudió de inmediato a la sociedad estadunidense, que en las redes sociales expresó su frustración.
“Armas, más armas y más armas. Señor presidente, su propuesta es violenta y lastima a las familias de víctimas de la violencia con las armas; queremos leyes que prohíban su venta”, fue el mensaje que destacó en su cuenta de Twitter la organización Everytown for Gun Safety, que agrupa a decenas de miles de estadunidenses.
También en Twitter –donde acostumbra negar lo que afirma en actos públicos u oficiales–, Trump rechazó haber propuesto armar a los maestros y aclaró que su oferta es dar armas sólo a los educadores que sepan manejarlas.
“Nunca dije: ‘Denles armas a los maestros’, como lo establecieron los noticiarios falsos de CNN y NBC. Lo que dije fue que se considerara la posibilidad de que los maestros adeptos a las pistolas, con adiestramiento militar o experiencia en entrenamiento especial y sólo los mejores, 20% de los maestros, portaran armas ocultas (en funda)”, escribió Trump la mañana del jueves 22 en su cuenta de Twitter, en una serie de siete mensajes.
Desde el momento en que habló de contener con armas los eventuales ataques en las escuelas, los republicanos y la NRA endosaron la idea.
Minutos después del torrente de tuits de Trump, Wayne LaPierre, jefe de la mesa ejecutiva y vicepresidente ejecutivo de la NRA, apoyó la solución presidencial.
A los estudiantes y en general a quienes piden prohibir la venta de armas semiautomáticas y automáticas, como el rifle R-15 –el que en Parkland, el miércoles 14, usó Nikolas Cruz, de 19 años, para asesinar a 17 personas–, LaPierre los acusó de profesar el idealismo “socialista estilo europeo”.
En un discurso ante grupos conservadores, LaPierre respondió así a sus críticos: “Su solución es hacerlos a todos ustedes menos libres; quieren esconder bajo la alfombra el fracaso de la seguridad escolar, las fallas de las familias y del sistema de salud mental de Estados Unidos”.
Desde que se reportó que Cruz padece una enfermedad mental y que aun así compró 14 armas –entre ellas el R-15 con el que mató a los estudiantes–, Trump, la NRA y los republicanos hablan de una legislación que prevenga que locos y criminales accedan a ellas.
Proyectos de ley
En uno de sus tuits, Trump definió cómo debe ser la ley a considerarse en el Capitolio: “Apoyaré fuertemente una legislación para la revisión amplia de antecedentes penales con énfasis en salud mental, que aumente a 21 años la edad mínima para poder comprar un arma y poner fin a (la venta) de los dispositivos para transformar en automáticas las armas”.
La coincidencia y similitud de las palabras de Trump y LaPierre de inmediato fueron catalogadas por los analistas políticos de Washington como evidencia de que el presidente, la NRA y los republicanos ya se pusieron de acuerdo en lo que propondrán como respuesta al desconcierto por la masacre de Parkland.
El jueves 22, en una reunión en la Casa Blanca con oficiales de seguridad de Estados Unidos, Trump alimentó la sospecha de que su partido y sus seguidores ya tienen un proyecto de ley que podría ser presentado al Capitolio esta semana, cuando el Congreso reinicie sesiones tras siete días de asueto. “He estado hablando con la NRA”, admitió el presidente.
Trump, quien para financiar su campaña presidencial en 2016 recibió 30 millones de dólares de la NRA, presentó en Twitter su lógica para armar a maestros y no prohibir la venta de armas.
“La historia demuestra que una balacera en una escuela dura en promedio unos 3 minutos. A la policía y al personal de rescate le toma de 5 a 8 minutos llegar a la escena del crimen. Maestros y entrenadores altamente adiestrados y adeptos a las armas resolverían el problema instantáneamente, antes de que llegue la policía”, sentenció Trump, quien añade que esto saldría más barato que contratar guardias armados para resguardar centros escolares.
“Trabajo todos los días para contribuir con soluciones auténticas para verdaderamente proteger a nuestros niños. Piénsenlo: es un hecho bizarro el que en este país las joyerías, los bancos, los aeropuertos, los juegos de basquetbol, de futbol americano, los edificios de oficinas, las estrellas de cine y los políticos están más protegidos que nuestros niños en las escuelas. ¿Esto le parece lógico a alguien, que amemos más a nuestras celebridades que a nuestros niños?”, argumenta LaPierre en plena coincidencia con el lenguaje de Trump.
Los senadores republicanos John Cornyn y Patrick Toomey anunciaron que sus trabajos van avanzados en la formulación de un proyecto de ley para hacer más rigurosa y estricta la revisión de antecedentes penales y salud mental de potenciales compradores de armas.
A esta idea los congresistas republicanos le pueden añadir las propuestas de Trump para aumentar a 21 años la edad mínima para que una persona pueda adquirir un arma, armar a los maestros en las escuelas y prohibir la venta del dispositivo –el bump stock– que a las pistolas y rifles convencionales los transforma en automáticos.
Los demócratas del Capitolio que han recibido dinero de la NRA para sus campañas (casi todos), apoyan indirectamente el movimiento Never Again, pero no se atreven a formular un proyecto de ley para restringir la venta de armas. Se limitan a debatir y modificar legislaciones republicanas para evitar ser responsabilizados directamente por el eventual fracaso en contener la violencia, en caso de que haya una nueva matanza.
El movimiento estudiantil está teniendo el efecto de la bola de nieve. Crece conforme pasan los días.
En estados como Florida, Illinois, California, Maryland, Nueva York, Colorado y Massachusetts, estudiantes de educación media amenazan con no asistir a clases hasta que se cambien las leyes sobre las armas. Es un boicot educativo que se cree irá en aumento.
La falta de un consenso bipartidista en el Congreso ha sido un hecho recurrente en cuanto al problema de las masacres en las escuelas. Un ejemplo fue el fracaso que sufrió en 2012 el proyecto de ley de los demócratas, respaldado por el entonces presidente Barack Obama, para fortalecer los métodos de revisión de antecedentes penales de posibles compradores de armas.
Dicha legislación no consiguió los votos necesarios para convertirse en ley, en medio de la indignación y demanda social de que ocurriera, tras el asesinato ese año de 20 niños y seis adultos en la primaria Sandy Hook, en Connecticut.
La discusión en el Congreso de prohibir la venta de los bum stocks tomó fuerza tras la matanza de 58 personas en Las Vegas, en octubre de 2017, y luego de que se descubriera que el asesino modificó con ese aditamento los 14 rifles R-15 que tenía en su poder. Sin embargo, no pasó nada. Frente a la indiferencia del Congreso federal, las legislaturas de algunos estados tomaron cartas en el asunto.
Los congresos de California, Indiana, Connecticut, Oregon y Washington aprobaron recientemente un proyecto de ley que permite quitarle temporalmente las armas a personas que una corte local considere potenciales amenazas a ellos mismos y a la sociedad.
El año pasado la senadora federal demócrata por California, Dianne Feinstein, y el diputado Salud Carbajal, presentaron un proyecto de ley similar al adoptado por aquellas cinco entidades. Esa iniciativa está congelada por falta de consenso. En otros 18 estados los congresos debaten el mismo asunto.
Una encuesta reciente del Washington Post y la cadena ABC registró que 77% de la población de Estados Unidos exige que se cambien las leyes para prohibir la venta de armas automáticas y semiautomáticas. Ese mismo porcentaje de ciudadanos asegura que el Congreso federal no hace lo suficiente para prevenir los asesinatos masivos.
El 62% considera lo mismo en referencia a Trump y sólo 21% opina lo contrario.
A la pregunta sobre si un sistema más riguroso de revisión de antecedentes penales y de salud mental hubiese evitado la masacre de Parkland, 77% respondió que sí, por lo que se sospecha que de este sondeo el presidente Trump adoptara la postura de proponer la idea al Capitolio como proyecto de ley.
El 58% de estadunidenses considera que la matanza de Florida –y otras en la historia reciente– se hubieran evitado con leyes que limiten la venta indiscriminada de armas. El 51% cree que contar con maestros armados en las escuelas no es la solución para prevenir ni contener las tragedias, pero 42% sostiene lo contrario.
Respuesta estudiantil
El movimiento de estudiantes y jóvenes indignados por la masacre de Florida y que demandan cambios a las leyes de las armas, ha organizado por lo menos dos manifestaciones que se llevarán a cabo en Washington.
Llamada Marcha Escolar Nacional, la primera se realizará el próximo 14 de marzo; la segunda, la Marcha por Nuestras Vidas, 10 días después. Una tercera se llevaría a cabo tentativamente el 20 de abril, y podría ser la más numerosa, ya que los estudiantes que la organizan prometen juntar por lo menos 1 millón de personas.
Además, los estudiantes y jóvenes mayores de 18 años han amenazado con castigar con su voto en las elecciones de noviembre de este año a los legisladores federales que no respondan a sus demandas.








