Dado que la investigación en torno al asesinato de su hija no avanza, Mildred (Francis McDormand) decide tomar en manos el asunto y comienza por alquilar tres espectaculares donde acusa al jefe de policía, Willouby (Woody Harrelson), de negligencia; la simple maniobra agita por completo a la pequeña comunidad de Ebbing (un pueblo ficticio en Missouri), porque además de ser apreciado por los pobladores, el sheriff padece un cáncer terminal. La imagen de la quintaesencia de un pueblo americano, con una sola calle principal, donde todos se conocen, se convierte en el escenario de batalla entre Mildred y los guardianes de la ley.
Conocido por su trabajo como dramaturgo, el británico irlandés Martin McDonagh escribe y dirige Tres anuncios por un crimen (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri; E.U., 2017), donde confirma la madurez de manejo del lenguaje y su habilidad para articular personajes auténticos en escenas dramáticas; el resto, una trama urdida a base de coincidencias y accidentes queda en manos del excelente reparto de actores.
Áspera como para patear la entrepierna del más macho, Mildred es una mujer recia pero a punto de desmoronarse, pues apenas la sostiene su lucha por hacerse justicia. Y Francis McDormand combina la espinosa reciedumbre de un vaquero del Oeste con la ternura de una madre afligida, por lo cual no sorprende que para construir su personaje se haya inspirado en la figura y estilo de John Wayne; el subterfugio revela profunda compresión que la actriz logró de este drama policiaco en tono de comedia negra, comedia donde el humor cáustico sirve no sólo para mofarse de estereotipos americanos, como el sheriff o el policía racista, sino para sobrellevar la angustia que provocan en el público.
La mayoría de las escenas de Tres anuncios por un crimen están construidas a la manera del legendario duelo de un western. ¿Hasta dónde se trata de una elección consciente? No hay comentarios de McDonagh, pero la risa nerviosa que provocan las situaciones proviene de esa tensión de duelo en el que parece se juega la vida y el honor. Una escena muy escueta, Mildred en la silla del dentista, va subiendo de tono hasta resolverse en un duelo prácticamente a muerte entre ella y el dentista, aunque el daño sea mínimo; o la reacción inesperada de ternura en la discusión de Mildred con Willouby que da paso a una hemorragia que ocurre como un disparo; ni qué decir del escalofriante episodio del día perfecto que el sheriff brinda a su familia.
De una u otra manera, la sangre o está a punto de estallar o no deja de correr, como si el hecho de que el cadáver calcinado de la hija de Mildred hubiera borrado las huellas de sangre y exigiera hacerla presente a cada momento de la trama. La visita del exmarido de Mildred, que empieza con puyas, sigue con una mesa puesta de cabeza, y termina con la amenaza del hijo (Lucas Hedges) con un cuchillo de cocina a la garganta del padre; la agresión se dispara en segundos, de manera coreográfica, algo que ha ocurrido muchas veces, y da cuenta de la dinámica de una familia disfuncional.
Martin McDonagh se complace en trastocar íconos del cine americano: la madre víctima es más belicosa que el sheriff, y éste puede ser el más compasivo de todos; el policía fascista, un hijo de mamá (Sam Rockwell apoya su magnífica actuación en el antihéroe de Taxi Driver). Tres anuncios por un crimen no es una farsa, es cine serio.








