Señor director:
El nombre del destacado catedrático de la UNAM Eduardo López Betancourt es, sin duda, sinónimo de esfuerzo, trabajo, honradez, academia y probidad a todas luces.
Agudo en sus observaciones y crítico sin par, ha sufrido los embates de los círculos de poder, pero su alma fuerte, templada en los esfuerzos cotidianos, y de cuna humilde, ha siempre dado muestra de su valor humano y de sus miras de altura.
En estos momentos de preocupación nacional y de erosión ética, debe servirnos de ejemplo su esfuerzo.
Porque el derecho es como la vida misma, siempre en evolución y perfeccionamiento, Eduardo López Betancourt es hoy para el derecho y para la vida misma signo de evolución crítica y alma transparente.
Ante ello, los aires oscuros que pretenden lesionar una reputación, y sobre todo un trabajo humano robustecido con la forja de la probidad, no podrán siquiera inquietar la imagen de quien ha dedicado su vida a la academia en la Universidad Nacional Autónoma de México y ha sido benefactor invaluable de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca y en otras muchas instituciones públicas y privadas.
Envío hoy como siempre mi reconocimiento pleno y solidaridad al doctor Eduardo López Betancourt, porque es un hombre grande. Y como Juárez decía: “La constancia y el estudio hacen a los hombres grandes, y los hombres grandes son el porvenir de la Patria”.
Atentamente:
Eduardo Martínez Helmes
Exrector de la UABJO
exaquo@hotmail.com








