Para Ricardo Rodríguez, exbailarín del Ballet Folklórico de México (BFM) en la década de los noventa bajo la dirección de Amalia Hernández, sí hay un antes y un después de la coreógrafa; no obstante que existe una diferencia muy marcada, sigue siendo el grupo representativo de México.
De 46 años, actualmente dirige su Academia de Danza Ricarte, y recuerda que tras sus estudios en danza folclórica y bachillerato en Artes en el Instituto Nacional de Bellas Artes, entró al ballet tras una audición, ingresó a un grupo de preparación, y medio año después a la compañía residente. Bailó de 1991 a 1993, y en una segunda etapa en 1995.
“En el grupo de preparación te enseñan los ballets de la compañía, nos daban técnica contemporánea en esa época, te van preparando, muchos llegan sólo con estudios de ballet folklórico, pero debes tener también conocimientos de ballet clásico.”
–¿Les enseñaban sobre la historia de la creación de las piezas?
–No, y eso es una falla. Tuve la suerte de tener clases y haber trabajado con profesores que fueron parte integral de la creación del ballet, por ellos conocí la historia de las piezas, el porqué del estilo, la técnica, la investigación de Amalia, pero fue por eso. Tuve suerte.
–Amalia Hernández siempre tuvo detractores por el asunto del folclor.
–Lo que la gente no entiende es que no está viendo una representación del folclor mexicano, es un ballet que se inspira en historias de México para crear historias. Veracruz no se baila así; lo mismo en el norte, hay formas. Amalia hizo a su estilo, que no es folclor, es el ballet de Amalia, como el del Bolshoi de los rusos.
Sobre su experiencia de trabajo con la coreógrafa –de quien rememora la frase “esta es mi obra y para interpretarla se necesita fuerza, técnica y pasión por la danza”–, dice que el BFM forma parte del auge nacionalista del tiempo en que vivió su creadora.
–¿Y qué representa hoy en día?
–Sigue siendo un ballet que representa a México. En mi punto muy particular de vista, la dirección no es la adecuada, se perdió su esencia, sobre todo de la técnica clásica, no creo que cumplan todos los estándares de calidad que requiere el ballet.
Y remata:
“Para el público general es una gran obra, pero como artista y exbailarín considero que la ejecución técnica ya no es la misma. Con todo y eso sigue siendo representativo de México, porque ni la Compañía Nacional de Danza lo es, y tengo amigos en esa agrupación que coinciden. En mis 26 años de carrera, puedo decir que las coreografías que aún recuerdo fueron las de Amalia.”








